Curioso es el caso de Cárnico, el Grill & Bistró ubicado casi en la esquina de Ángel Carranza y Guatemala, donde también está la carnicería del mismo nombre. Su dueño y chef, Emilio Acevedo, nació en España y llegó al país hacen más de dos décadas y aquí formó su familia con una argentina. Del paso por la televisión, ser productor en el mismo rubro, trabajar en el puerto y adquirir la franquicia de una cadena de carnicerías, hoy es el chef de su propio restaurante con la carne como protagonista, pero donde a veces pueden sorprendernos los sábados con una suculenta paella.
Cárnico Grill & Bistró - Dirección: Ángel J. Carranza 2208, Palermo Hollywood. Teléfono: 011 6254 7746. Horarios: lunes a sábados de 12:30 a 23:00. Precio: $$$. IG: @carnicogrill.
A Emilio Acevedo lo conocimos de casualidad hace algunas semanas, cenando en Pinsa, donde estaba acompañado de Juan Pablo Padrevita, el creador de la Scuola Pizzaioli, quien nos lo presentó.
Ahí nos contó que, de ser franquiciado de una cadena de carnicerías, decidió abrir la suya propia, que está ubicada justo al lado del restaurante palermitano (tiene además una sucursal en Villa Urquiza), ambos con el nombre de "Cárnico".
No son muchos los casos en que se dé esta dualidad. Se nos ocurren, por ejemplo, Corte CarniceríayCorte Comedor en Belgrano; o el mismo Don Julio, que durante la pandemia abrió su carnicería que aún hoy sigue funcionado a media cuadra del restaurante.
Pero antes de entrar en tema, vale la pena repasar los antecedentes personales de Emilio. Que llegó al país hace más de dos décadas "por amor", se casó con una argentina y formó familia aquí, donde no pensaba quedarse en un principio.
Este andaluz inquieto había trabajado en gastronomía en Londres, viajó por diferentes partes de mundo y, como pasa con muchos de sus colegas extranjeros, que se radicaron en estos lares siguiendo a sus parejas argentinas.
En un comienzo, participó de un casting en la televisión que le valió ser elegido para cocinar en el programa Movete con Georgina (Barbarossa), ciclo que se interrumpió lamentablemente por el asesinato del esposo de la conductora.
Durante un tiempo, Emilio siguió en la televisión, pero ya como productor. Más tarde, le llegó una oferta tentadora de trabajo en otro ámbito, pero diferentes motivos esa experiencia terminó y así fue surgiendo la posibilidad de volver a la alimentación y la gastronomía al adquirir la franquicia de una conocida marca de carnicerías.
Hoy lo encontramos con su propio negocio de venta al público llamado Cárnico, idéntico nombre del grill & bistró vecino. Obviamente que el restaurante tiene como protagonista a la carne, aunque también afloran algunas preparaciones que nos llevan a la patria de origen de su propietario.
Por caso, la tortilla española que pedimos babé y es una oda a la sencillez en la cocina: solo papa, huevo, cebolla y unas tiritas de pimiento que es casi imposible no pedir cuando uno va a comer a Cárnico. También el chef puede sorprendernos con una paella que suele preparar algunos fines de semanas.
Las empanadas de carne y de matambre son una perdición, vale decirlo. El chorizo casero resultó de alta calidad: lo sirven al plato o en su versión de choripán. Mejor completar con una morcilla de la casa. No faltan tampoco las provoletas, como la ahumada con hongos, con queso azul, clásica o con panceta y rúcula.
Los cortes que se sirven al plato, son entraña, bife de chorizo, ojo de bife, bondiola y matambrito de cerdo, pata muslo y pechuga de pollo. En algunos casos, está la posibilidad de pedirlos en sándwich. Lo que probamos fue el ojo de bife en su punto de cocción jugoso, acompañado de crocantes papas fritas.
Hay dos ítems en la carta que responden a las milanesas y las hamburguesas. Entre las primeras, si es al plato, hay ocho versiones: de carne clásica, a caballo, fugazzetta, napolitana: o bien similares, pero de pollo. Y en sándwich, de carne clásica y completa, o de pollo igualmente.
Por el lado de las hamburguesas, la doble Cárnico y la especial parecen llamar más la atención, aunque hay una opción de pollo y otra menos tradicional "tex mex".
Quien llegue con espacio para el postre, puede optar por flan con dulce y crema: mousse de chocolate y panqueques.
Hay una carta de vinos en la que predominan las bodegas tradicionales, así como algunos tragos clásicos.
El lugar es cálido, de atención familiar, con un salón abierto a la calle y un deck que es ideal cuando el clima acompaña.
Cárnico cuenta con una muy buena relación precio calidad, con productos nobles, una cocina simple y sin sofisticaciones innecesarias, y basado en su ambiente informal y moderno. De la carnicería al grill, sin escalas.
El mito que nació el 24 de marzo de 1935 en Medellín, con la absurda muerte del Zorzal Criollo, dice que "Gardel cada día canta mejor". A la cortada que lleva el nombre del cantante más popular de nuestro país, llegó un peruano que "cada día cocina mejor". Raúl Zorrilla Porta, de solo 35 años, se ha convertido no solo en referente de la culinaria peruana en Buenos Aires, sino también en una "máquina de crear". Llegó a estas tierras de muy joven para estudiar Comercio Exterior, pero una casualidad lo llevó a dedicarse a su gran pasión: la cocina. Aquí su historia. Y la vuelta de Kamay al barrio que lo vio nacer.
Conocemos a Fernanda Tabares desde hace muchos años. Con intermitencias, hemos asistido a la vieja casona del barrio de Saavedra, donde desarrolla una cocina que ahonda en la infancia, en la cocina casera, en la emoción del recuerdo de lo que nos hacían nuestras abuelas y madres, por qué no también abuelos y padres. Raíces no es un bodegón más, es "el bodegón", donde conviven los platos que ya no son tan habituales o que la chef ha reinterpretado. A continuación, van nuestro comentario y también el de Carla, que pertenece a otra generación como periodista acreditando, además, su identidad peruana. Dos versiones para un mismo lugar.
Casi dos años más tarde, volvimos a Somos Asado. No es una parrilla tradicional ni lo quiere ser: sí un restaurante de carnes con las propias interpretaciones de Gustavo Portela. Por otra parte, la estructura edilicia permitió armar distintos espacios dentro de lo que fuera en su momento una fábrica de camisas del abuelo de Verónica Krichmar, maître del restaurante y esposa del chef.