Editorial

Valores desquiciados

Lunes, 8 de enero de 2024

Los precios que aparecen en las cartas de los restaurantes dan la pauta del desquicio que es la economía de este país. Encontramos valores obscenos, como que un bife de lomo puede costar $ 85.000 ó $ 100.000. Mientras haya gente que pague y que sirva para dar fuentes de trabajo, todo bien. Ahora, ¿qué cantidad de argentinos pueden pagar esa cifra? ¿Qué cantidad de argentinos están dispuestos a pagarlo, aunque pudieran? Mientras tanto, esta semana estuvimos en una parrilla outsider donde la porción de asado al asador o de chivito, para dos o tres personas, cuesta $ 18.000.

La polémica de los últimos días, se dio al aparecer en las redes que un bife de lomo costaba más de $ 100.000 en la parrilla más famosa del país. Según su dueño no era cierto, aunque Fondo de Olla © tiene fotografiada la carta que está en la puerta del restaurante y el costo que aparece de $ 85.500 (primeros días de enero).

Pese a ello, en ese lugar hay gente haciendo cola desde las 6 de la tarde, dispuesta a soportar frío o calor, eventualmente lluvia, viento o lo que fuere si les tocara comer en la vereda.

Mientras haya gente que pague, no hay mucho más que decir. Negocio redondo. Ahora bien, ¿justifica esto que un cacho de carne tirado sobre la parrilla, de excelente calidad porque nadie lo duda, cueste la friolera de 85 ó 100 dólares?

Esta semana nos tocó comer en varios lugares, dos de ellos en Puerto Madero y otro en Lomas del Mirador (a no asustarse, es Ramona que está sobre la General Paz, a la altura casi de la Avenida Juan Bautista Alberdi).

En el barrio más paquete de la ciudad, nos encontramos con que un ojo de bife cuesta aproximadamente $ 37.000 (de 800 gramos para compartir), y en el segundo algo menos. En otro al que no fuimos, el precio sube a $ 50.000 (sigue siendo un valor muy alto).

Chivito o asado a $ 18.000 para dos personas. 

Lo curioso es que en el de la General Paz, donde aún conservan la costumbre del asado y el chivito al asador, el valor de la porción que sirven en forma muy generosa (dos comen seguro, hasta tres también), cuesta $ 18.000.

Y si hablamos de mollejas, sigue el desquicio. En Palermo, las de corazón cuestan $ 48.300; en el Conurbano $ 12.000; en Puerto Madero $ 32.400 el más costoso y algo menos en los otros.

Un caso diferente es el de Villegas, cuyos dueños están ligados al negocio de la carne y, por ende, sus precios son mucho más razonables. En La Cabrera, por caso, para 7 personas unos días antes de Navidad se pagaron $ 240.000 a razón de casi $ 35.000 por persona, con dos botellas de vino y una de espumante.

La Brigada, desde siempre, posee valores más bajos que Puerto Madero, ni hablar comparado con Palermo.

En tanto que la semana pasada, un lector de FDO nos comentaba que una milanesa para compartir, en un bodegón también palermitano, estaba en el orden de los $ 50.000.

Aramburu, el único restaurante argentino con 2 Estrellas Michelin, tiene el menú degustación a $ 200.000 y a ello, hay que sumar el maridaje.

Para finalizar, lo curioso y sugestivo es que, en un lugar de alta cocina, siempre en Palermo (Mercado de Liniers), optando por el menú que incluye snacks, un plato a elección de los bloques A, B y C, más prepostre y postre, cuesta $ 40.000. La mitad de un bife de lomo y menos que una porción de mollejas de corazón. A eso hay que agregarle solamente las bebidas alcohólicas.

Un verdadero sinsentido por el laburo que hay detrás de cada plato en un restaurante fine dining. Pero, en definitivo, cada uno cobra lo que quiere y mientras haya alguien que pague, bienvenido sea que se generen puestos de trabajo.

Cosas de este país, en el que un rollo de papel higiénico vale como $ 1.500. Ahora hay que ir al baño con papel de diario, el que usan para envolverte los huevos que valen más de 3 lucas el maple. O el kilo de helado que cuesta el equivalente a 10 dólares, es decir lo mismo que un kilo y medio de vacío, cuando un bovino requiere tres años de cuidados, alimentación, vacunas, etcétera, hasta que pasa a faena.

Siglo XXI Cambalache, te quedaste corto Discepolín.

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