La Argentina cuenta con una nutrida colonia portuguesa, país con el que nos unen lazos profundos y amistosos. Su rica gastronomía, que inevitablemente asociamos con el mar pero que tiene muchos otros matices para destacar, está muy poco explotada en nuestro medio. Una pena, pero siempre aparece algún audaz empresario gastronómico para saldar esa deuda. Es el caso de Damián Racco, que en diciembre pasado abrió AMO, en la sede del Club Portugués de Caballito.
AMO Restaurante (Cocina Portuguesa). Dirección: Avenida Pedro Goyena N° 1468. Teléfono: 11 2608 3567. Horarios: lunes a sábados, de 16:00 a 00:00. IG: amo.resto
El Club Portugués es la institución más antigua de esa colectividad en la Argentina. Hace 105 años que está presente en distintos lugares del país y 70 en la ciudad de Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Caballito.
En este caso, el área gastronómica de ese lugar estaba vacante desde hacía un tiempo. De manera que cuando el emprendedor Damián Racco supo de esta situación en momentos en que había pensado abrir su propio emprendimiento, decidió tocar el timbre del Club y proponer la rehabilitación del restaurante.
La ubicación, por cierto, resulta impecable. En la Avenida Pedro Goyena, cada vez más provista de oferta gastronómica. Tras el primer contacto, las cosas fueron tomando forma y, a fines del año pasado, finalmente, se pudo abrir AMO con su propuesta de cocina lusitana auténtica adosada a algunos platos porteños para completar la fórmula.
Lo que nos cuentan a pocas semanas de su apertura, es que el público mayormente opta por los platos portugueses. Nos constó, en la noche de nuestra visita, ya que veíamos pasar en forma repetida el bacalhau a brás, uno de los emblemas de la casa.
En una primera visita a AMO nos parece muy adecuado optar por la degustación de tapas típicas, que incluye los bolinhos de bacalhau con papa, perejil y salsa tártara; sardinhas asadas con papas al natural; chorizo a la portuguesa en cocción lenta con pimientos y cebolla, y ameijoas (almejas).
Estos pequeños platitos nos permiten adentrarnos en la variada culinaria portuguesa. Aunque hay otras opciones, como las albóndigas (también a la portuguesa); caldo verde (sopa de papa, kale y chorizo colorado); mejillones a la provenzal y rabas a la romana.
Para seguir, hay prestar atención a los platos principales típicos, entre los cuales y, como ya se dijo, el bacalhau a brás es el más pedido. Sale frito y desmenuzado, con papas, huevos y olivas negras. Otra opción con el pescado emblema de la culinaria lusitana, es pedirlo a la plancha que sale con una tuile de verduras.
Las bifanas son bifes de bondiola de cerdo con acompañamiento de papas cuña, en tanto que la francesinha es un sándwich triple relleno de chorizo, jamón y bondiola, bañado en queso y con papas cuña.
Hay también caldeirada de peixe, un guiso con postas de pescado; pollo piri piri (picantón) que sale con puré de papas, alheira (chorizo rebozado y frito con verduras horneadas.
No deja de llamar la atención la feijoada portuguesa, con porotos colorados, panceta, chorizo colorado y ossobuco, que también tiene una versión vegetariana.
Para completar la propuesta fuera de lo estrictamente portugués, hay empanadas, provoletas y ojo de bife, pero también milanesa a la portuguesa (de carne vacuna, pollo o de berenjenas), e infaltables pastas.
A la hora de los postres, no omitir el pastel de Belem (típico bocadillo que viene con un chupito de Oporto, y arroz "doce" de lavanda y dulce de leche.
La degustación incluye el pastel de Belem, peras al Oporto, higos y pirámide de chocolate.
Carta de vinos aún formación, pero con valores más que razonables y un servicio atento y cordial.
Bienvenido sea AMO con su propuesta que no abunda en la ciudad y que, por otra parte, ofrece una excelente relación precio calidad.
Lejos de las pretensiones y el lujo impostado, este rincón de Colegiales se consolida a través de una cocina honesta. Es un espacio donde la técnica se pone al servicio de la conexión humana, demostrando que cuando el plato tiene identidad y el ambiente respira bienestar, la gastronomía recupera su capacidad de emocionarnos sin necesidad de artificios.
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