Editorial

En qué pierden el tiempo los diputados bonaerenses

Lunes, 18 de julio de 2022

La Cámara de Diputados bonaerense aprobó la semana pasada un proyecto de ley que obligará a los restaurantes del distrito, a ofrecer platos vegetarianos y veganos. De hecho, todos tienen alguna ensalada, un puré o vegetales grillados en su menú. Si piensan que esto es obra de un legislador oficialista, están equivocados, es Daniel Lipovetzky, de Juntos por el Cambio, un verdadero frívolo y poco informado.

La normativa aprobada a instancias de un diputado opositor, llamado Daniel Lipovetzky, también gestor en su momento de una absurda Ley de Alquileres, ahora redondea su nefasto accionar en la legislatura bonaerense, perdiendo el tiempo en proyecto de ley frívolos e innecesarios.

Y, como la Cámara está llena de sus colegas sin una pizca de sentido común, se aprobó un proyecto de Ley Provincial de Alimentación Vegetariana y Vegana de su autoría que, según sus propias palabras, "tiene por objetivo promover el derecho a la igualdad de todos los consumidores para una libre elección en sus comidas".

Por ende, se obliga "a todos los bares, pizzerías y restaurantes ofrezcan una opción en sus menús con este tipo de alimentos".

Lipovetzky, que pertenece a Juntos por el Cambio, explicó en el recinto que "la idea es promover y estimular la oferta de alimentos veganos y vegetarianos en todos los establecimientos gastronómicos de la provincia de Buenos Aires, porque "las estadísticas nos muestran que en los últimos años ha crecido en forma llamativa esta elección a la hora de comer y debemos darle su lugar".

En caso de haber sido un estudiante (se ve que no debe haber aprendido nada en su paso por la escuela), habría sido reprobado por cualquier profesor. Basta observar las estadísticas que surgen de una encuesta del IPCVA, que concluye que en nuestro país solo hay un 3% de vegetarianos y un 2% de veganos. Si a esto le llama crecimiento... siguen siendo una minoría irrelevante. 

"En definitiva, con esta nueva ley se logra dar mayor libertad a nuestros consumidores, sobre todo a los jóvenes, que hoy optan por una forma distinta de alimentación y, por ende, también conseguimos defender a nuestros animales", dijo el diputado opositor que, por lo poco informado y frívolo parecería pertenecer a las huestes del gobernador que, dicho sea de paso, tuvo que irse hace algunos días de un restaurante platense al ser reprobado por la gente.

No es que aplaudamos este tipo de situaciones, pero creemos que es un termómetro del malestar social que recae sobre nuestros gobernantes. Y ahora queda demostrado, como se ve, que la imbecilidad no tiene banderías políticas.

Va de suyo que todos los restaurantes tienen hoy platos vegetarianos y veganos en sus menús. Y no es algo de ahora, sino de los tiempos en que casi todos éramos omnívoros y no existían estas modas de gente pudiente. Nos gusta de vez en cuando comer una ensalada o un panaché de verduras. Decimos eso de "gente pudiente", porque nunca hemos visto a un vegano revolviendo basura en un volquete.

Respetamos empero a quienes padecen un problema de salud como la celiaquía, y abogamos para que todos los restaurantes estén preparados para ofrecerles opciones adecuadas. Pero, tratándose de una moda y una decisión voluntaria, los vegetarianos y los veganos deberían preocuparse ellos en encontrar lugares que se adapten a su estilo de alimentación desaconsejado por la ciencia.

En la naturaleza, el equilibrio se halla en que unas especies se comen a otras, porque de otra manera algunas de ellas se convertirían en plaga. Y no hace falta hablar de los beneficios para la salud humana que tienen las proteínas animales.

No sabemos si el diputado de marras es vegetariano o vegano, ni nos importa. Pero en un país en el que la mitad de la población exhibe índices de pobreza alarmantes, que los diputados bonaerenses pierdan el tiempo en estas pavadas, suena a irritante.

Lo triste es que, si un bonaerense quiere votar en contra de la ineptitud y la corrupción de este gobierno, sin quererlo elegirá para legislador a un esnob como Lipovetzky. Por este camino, la Argentina no tiene remedio.

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