Un ícono de la noche de Buenos Aires que resurge como el Ave Fénix. El restaurante que Olmedo y Sofovich hicieron famoso décadas atrás y que, pese al fallecimiento reciente de su fundador, sigue en vigencia ahora de la mano del empresario Daniel Lalín.
Daniel Lalín se hizo famoso por su participación en la vida institucional del Racing Club,de Avellaneda. Pero en su variada actividad profesional, supo tener su cuarto de hora en la gastronomía.
En lo personal, lo que más recordamos es Calle de Ángeles, aquel restaurante de la calle Chile, en San Telmo, que llamaba la atención por su puesta en escena deslumbrante.
Con otras experiencias en el medio, lo último que le recordamos es "Puro Humo", algo no demasiado sorprendente por cuanto Lalin siempre aparecía en las fotos con un cigarro en sus manos.
Hace unos meses, previo a la pandemia, pasó casi inadvertida su vuelta a la actividad gastronómica con un clásico, nada menos que con Fechoría, aquel ícono de la noche porteña inmortalizado por Gerardo Sofovich, que tenía su mesa que nadie podía ocupar, aunque hubiera gente esperando afuera; así como por los "chivos" del inefable Alberto Olmedo.
El local de la Avenida Córdoba y Acuña de Figueroa, fundado por José Alberte, alias "Pepe Fechoría",fue en sus épocas doradas donde todo el cholulaje quería ver y ser visto y, de paso, estar cerca de las figuras mediáticas, como las dos ya mencionadas, o Susana Giménez, Jorge Porcel, Moria Casán y hasta personalidades del espectáculo de nivel internacional, como Frank Sinatra y Luis Miguel, o de la política como los Reyes de España y Richard Nixon, entre otros.
Un lugar al que se iba a otra cosa además de comer. El propio "Pepe" decía que su restaurante no era el mejor de Buenos Aires, pero sí el más famoso. Y cuentan que el único que nunca pagaba la cuenta, era Lucho Avilés.
Como casi siempre ocurre, cuando el creador deja de estar por una cuestión biológica comienza la decadencia y, por tanto, el cierre. Ahí es donde años después, Daniel Lalín compró la marca y también la otra: Il Vero Fechoría.
En medio de estos tiempos convulsionados a nivel mundial, pasó casi inadvertida la reapertura de Fechoría en la Avenida Santa Fe. No duró mucho la aventura de Lalín (o podría decirse la "fechoría" del expresidente de Racing), ya que el restaurante no funcionó y cerró rápidamente sus puertas.
Pero Fechoría tiene algo que lo hace resurgir como el Ave Fénix. Y el lugar elegido, que sorprendió a muchos, fue La Recova de Posadas. Más exactamente donde estaba Sorrento, cuyos propietarios ya habían cerrado el histórico local original de la Avenida Corrientes.
El mozo que nos atendió dijo que todo el personal siguió prestando servicio, y que además están contentos con la nueva sociedad propietaria de la marca. Lo más importante para ellos, es que se mantuvo la fuente de trabajo.
Del viejo y recordado Fechoría, bullicioso y atiborrado de gente, poco atractivo si se quiere, se ha pasado a la elegancia y la comodidad del actual salón, donde no faltan fotografías de época e imágenes gigantes en la pared en la que se recuerda a las figuras populares que pasaron por sus mesas y a los grandes amigos de la casa.
Hoy, además, con la nueva tendencia que impone la pandemia, también se han instalado mesas en la vereda y aun en la calle, que en determinados horarios es peatonal.
El amplio menú de la casa abreva claramente en la cocina mediterránea, sobre todo en sus vertientes italiana (las pastas son el punto fuerte de la carta, sin dudas) y española.
Fechoría está asesorado por el chef italiano Salvatore Di Santo, como para que la brigada del restaurante que funcionaba allí anteriormente, captara la esencia del nuevo espacio.
Cuesta decidirse entre tantas opciones, porque la oferta es extensa, como en los viejos bodegones porteños. Una de las entradas pedidas, dentro del capítulo de sugerencias del chef, fueron los buñuelos de acelga rellenos de langostinos. En este último aspecto residía lo innovador del plato.
Y para complementar, la sencillez de un suave carpaccio de lomo con jugo de lima, alcaparras, olivas negras, rúcula y lluvia de parmesano.
Siguiendo la línea italiana, entre los principales tentaba el "risotto a la antigua con mollejas y caracú", que venía acompañado por un generoso ossobuco braseado. Y los "ravioles della Nonna", de espinaca con salsa de tomate fresco, aceitunas y alcaparras. Simples y ricos estos últimos, muy bien el punto y el mantecado del risotto.
Para el final, un postre que si mal no recordamos quedó de la etapa de Sorrento: milhojas de crema pastelera.
Como se dijo, ante una carta "monumental" resulta complicada la elección. Pero hay que considerar que persisten clásicos de otros tiempos de Fechoría, encabezados por los "Ñoquis a la gauchito": de papas, con salsa de tomate y crema espolvoreados con queso.
Y también alguna que otra licencia hacia la culinaria india, tal el caso del abadejo al curry estilo Kerala (con coco, chili en polvo, salsa de tamarindo, cúrcuma, curry, sésamo y cilantro).
Algunas curiosidades de la carta son también dignas de mención. Por ejemplo, es la primera vez que vemos en un restaurante que a la merluza se le agrega la variedad (hubbsi), que es el principal recurso del Mar Argentino, mayormente de exportación. La preparan al estilo mediterráneo, con tomates naturales, olivas negras, alcaparras y salvia.
También hay opciones de platos elaborados con insumos de altísima calidad, como lo tonnarelli con centolla, el pulpo español (a la gallega), y los ravioles "Imperial" rellenos de faisán con salsa de hongos.
Recomendamos antes de una visita ingresar en la web del restaurante, para ganar tiempo en la elección de los platos: www.fechoria.com
La carta de vinos no se excede en etiquetas, ni falta que hace. Predominan las bodegas tradicionales, aunque no en su totalidad. Optamos por un Pyros Appellation Syrah, del Valle de Pedernal. A $ 1.050 la botella, es un "best-buy".
El servicio funciona como el "de antes", es decir mozos de profesión y conocedores de todos los "recovecos" de la carta, pese a su amplitud.
El espíritu del viejo Fechoría está presente, aun en un espacio más amplio y elegante. Aggiornado a los tiempos que corren, apela a los nostalgiosos que peinan canas y va en busca de nuevos comensales, que pueden acudir a este restaurante que renació varias veces, tanto como el Ave Fénix.
Mutsuhito es un speakeasy que lleva como nombre el apodo que tenía el Emperador Meiji, y que solo lo conocían sus más íntimos. Está ubicado, precisamente, en la planta alta del brasero japonés Emperador Meiji y consiste en un omakase de 17 pasos, que tiene como otro sello distintivo que nos tocó en suerte una itamae mujer, algo poco habitual en estos casos.
Justo enfrente de Mondongo y Coliflor, hay un edificio histórico en cuyo local de la planta baja vendían productos apícolas. Cuatro emprendedores gastronómicos tomaron el desafío de restaurar las instalaciones para abrir un restaurante de pizzas, pastas y miel (haciendo honor a los orígenes del lugar), más la tradición porteña del moscato. Casa Bellucci apuesta a los productos de calidad y el know how de sus socios, uno de ellos maestro pizzero, otro un cocinero reconocido de vasta trayectoria y dos amantes de la buena mesa devenidos en restaurateurs.
El chef Miguel Ángel Sosa, se ha hecho un experto en la restauración de clubes sociales y deportivos. Lo conocimos hace ya una década en La Casona del Retiro (un club de rugby y otras actividades), en Hurlingham. Y cómo experto asador que es, su segundo emprendimiento es 1980 Parrilla de Culto, también el oeste del Conurbano. Más tarde, abrió con un suceso notable La Casona de Belgrano, que funciona dentro del Club Belgrano. Hoy nos ocuparemos de ambos restaurantes de la Zona Oeste.