Editorial

Cines 50, Restaurantes 30

Viernes, 25 de junio de 2021

A partir de hoy viernes 25 de junio, el gobierno de CABA resolvió autorizar la atención al público en los salones de los restaurantes en un 30% de su capacidad. Así se perdió una semana, respecto de la situación de iglesias, cines y teatros. Por otro lado, a estos últimos se los sube a un 50%. Que alguien explique por qué razón y cuáles son los fundamentos.

La incoherencia de los políticos, en mayor o menor medida, suele afectar a todos, todas y todes (dicho esto en lenguaje para imbéciles que no respetan la lengua castellana), es decir que no importa si son peronistas, kirchneristas, del PRO o de quien fuere.

En CABA, ciertamente, los grados de idiotez e irracionalidad suelen ser menores respecto de sus colegas nacionales, los autoproclamados "científicos" por el Presidente que nos convirtió a "todes" en "afroamericanes".

La semana pasada, Fondo de Olla © criticó duramente a los genios porteños, por la decisión de no poner en pie de igualdad a los restaurantes, respecto de las iglesias, los cines y los teatros.

En efecto, el viernes de la semana pasada, los restaurantes continuaron con la prohibición de atender clientes en espacios internos. Ese mismo día, el jefe de gobierno porteño anunció que se autorizaba el ingreso de espectadores a cines y teatros, así como de fieles a los templos religiosos, en un 30% como máximo sobre el aforo total de cada lugar.

Sorprende la resignación y nulo poder de reacción del sector, que aceptó el statu quo sin quejarse. Pero pasó una semana y se perdieron ingresos sustanciales (algunos restaurantes no tienen la posibilidad de ubicar comensales al aire libre). Asimismo, se obligó a los clientes audaces que pudieron comer en las veredas y patios, a agarrarse una pulmonía. 

Se supo esta mañana que, a partir de la fecha, CABA vuelve al estatus anterior, es decir que se habilitan salones interiores hasta un 30% del aforo máximo permitido. Se mantiene, claro está, la alternativa de atender mesas en espacios externos, ya sea propios o públicos. 

Por otro lado, los teatros y cines podrán ubicar público hasta un 50% de la capacidad total de cada establecimiento. Los salones de fiestas y eventos también podrán abrir sus puertas con el mismo aforo que los restaurantes, pero solamente para brindar servicios de gastronomía.

Y, finalmente, el sector turístico podrá albergar congresos, conferencias y exposiciones, con un máximo entre el 20% y el 30%, según el tamaño del salón.

Por supuesto que celebramos la reapertura de espacios internos para los restaurantes. Pero que alguien explique por qué razón la semana pasada no se podía y ahora sí, por qué esa diferenciación entre casas de comidas y lugares donde ir a misa o a ver una película u obra de teatro.

Que sepamos, los casos de contagios y los muertos no bajaron en la ciudad, de tal manera que pueda argumentarse que antes no se podía y ahora sí, porque la situación ha mejorado. Estamos igual, sin dudas.

No obstante, es razonable el estatus que comenzó a regir desde esta mañana, porque estamos convencidos de que son más seguros y menos peligrosos de contagio los restaurantes que una iglesia, un cine o un teatro.

Pero como acá todo parece un queso gruyere donde tapan un agujero, pero les quedan otros 100 abiertos, siguiendo el ejemplo de los "científicos de Alberto", hoy vemos y mañana no sabemos.

Mientras tanto, es triste comprobar la falta de empatía de los que gobiernan y legislan, ante la severa crisis terminal que vive el sector gastronómico después de un año y medio de no trabajar en condiciones normales.

La incertidumbre es otro factor que desorienta a los empresarios. No hay plan, no hay coherencia, solo manotazos de ahogado cuando el país estará llegando en pocos días más a los 100.000 muertos (como si estuviera Macri, según dijo el presidente que bajó de un barco).

Pero están ellos y es peor, lo que es mucho decir sin dudas. En CABA, tal vez porque les falta coraje y convicción, persiguen el mismo camino con medidas tan ilógicas e irracionales como las que toman, o que, en el mejor de los casos, no se animan a tomar.

Otra vez los gastronómicos quedaron en desventaja. El resultado es: cines y teatros 50, restaurantes 30. Eso sí, cuando tengas necesidad de ir a rezarle a Dios para que la plaga se termine, te permiten entrar a la iglesia.

Solo que ya nadie cree en milagros. Que el supremo haga algo es tan difícil como que el Papa Francisco no se sea peronista, o tan utópico como pretender que los políticos actúen en beneficio de los que trabajan y de la comunidad, y no en beneficio propio.

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