Los hipócritas

Comen delante de los pobres

Lunes, 24 de mayo de 2021

Mientras el país "ostenta" el récord histórico de pobres y familias sumidas en la desesperación por falta de comida, vemos cómo una "mesa" de famosos se expone bajo los reflectores, mientras los hambrientos esperan expectantes soluciones a sus necesidades. Todo nos hace recordar a las grandes bacanales en las que reyes, pontífices, señores feudales y obispos se regodeaban ante los que no tiene qué comer. Nada diferente a lo que ocurre hoy en nuestro país.

Comer delante de los hambrientos es una escena familiar para quienes bucean en la historia de la gastronomía. Reyes, pontífices, señores feudales y obispos acostumbraban comer opíparamente sobre tarimas, rodeados de guardias armados, delante de un público que esperaba ansioso el momento en que les arrojaran las sobras.

Nos resulta por demás conocida la frase "pan y circo" (panem et circenses) que acuñó Juvenal (Sátira X, año 100 a.d.C.) criticando la costumbre, llevada al paroxismo por Julio César, de regalar canastas con víveres a los que concurrían al coliseo para presenciar sus sangrientos espectáculos (patricios y clientes con derecho a voto).

Claro que ya en las sociedades primitivas, de cazadores y recolectores, los jefes comían la mejor parte de la carne, y lo más apreciado de lo que se recolectaba. Luego, los reyes recibían todos los granos, y se apropiaban de la mayor parte para pagar con el resto a sacerdotes, soldados y campesinos.

Siempre hubo desigualdades y la comida determinó el nivel social de los comensales; la mano de obra productora de alimentos, en general, fue la que peor comió a lo largo de la historia. 

Los cocineros, hasta hace pocas décadas, eran obreros no calificados, oficiales con pagas miserables. La presencia de cocineros en los medios de comunicación puede inducir a engaños, pensar que todo cambió para bien.

Sin embargo, con más realismo, la historiadora de la comida Rachel Laudan, quien dijo que "es más complicado cocinar y combinar alimentos que sembrar y cosechar", en una entrevista concedida a la Revista Ñ, declaró: "el fenómeno del chef de celebrities ha ido demasiado lejos. Todos los que entraban en la cocina profesional querían ser una estrella de TV y tener su propio restaurante. Esto es muy lindo pero la sociedad puede albergar a muy pocos chefs de este tipo".

Y agregó: "es muy costoso tener un pequeño restaurante dirigido por un chef y, al menos en los Estados Unidos, los restaurantes con chefs distinguidos trabajan con empleados muy mal pagos. Algo muy importante es cómo conseguimos mejor comida en las instituciones, escuelas, hospitales, grandes grupos e incluso en restaurantes que reciben a más de 100 personas por noche. Habrá muchos temas para pensar de nuevo (después del Covid 19) sobre cómo tener restaurantes que provean comida a mayor escala y cómo ser creativos en tanto chef, pero en otros escenarios".

Esto viene a cuento porque el panorama de la gastronomía en nuestro país es alarmante, con miles de establecimientos cerrados y cientos de miles de puestos de trabajo perdidos. El camino de la recuperación será largo, y costoso. 

En la otra cara de la moneda, lejos de la cultura del trabajo y la sociedad real, encontramos actitudes y declaraciones que nada tienen que ver con el mundo real, sino con las fantasías que crean para nuestro divertimento los "Show Business" relacionados con la cocina.

Por ejemplo, un tal Fabián Esperón, representante de Alex Caniggia, explicó la renuncia del mediático al show de MasterChef Celebrities con palabras que sorprenden en el contexto que vivimos: "es un trabajo muy sacrificado y cansador" (fuente: Teleshow), y "está haciendo un trabajo sacrificado porque lleva mucha tensión grabar algo diario; como vive en un country en Hudson tiene una hora y media de ida y de vuelta (fuente: "Mitre Live").

No aclara Esperón, que el viaje no lo hace en un tren atestado de gente o colectivos que llegan cuando quieren, sino cómodamente en su coche último modelo por la autopista a La Plata).

Francamente, en la situación de crisis que atraviesan todos los emprendedores y trabajadores del país, especialmente gastronómicos y hoteleros, del turismo y las Pymes todas, la sola palabra "sacrificio" es un insulto para quienes perdieron sus trabajos, y desesperan por recuperarlos.

Es incalificable la actitud de un "bueno para nada" que no conoce lo que significa el verdadero sacrificio, ni imagina lo que es levantarse a las 4 de la mañana, tomar varios transportes públicos, y caminar, para llegar a su trabajo, y en el caso de los cocineros hacer turno cortado, sin tiempo de volver a su hogar y tratar, al cierre de medianoche, de encontrar transporte para intentar dormir unas horas cerca de su familia. 

Y luego retomar la rutina diaria, día tras día, con verdadera tensión si hay que enfrentar despachos vertiginosos con 20 camareros reclamando sus comandas, el jefe exigiendo rapidez, sincronización, puntos de cocción y buena presentación de los platos.

¡Y Fabián Esperón dice que su representado hace un trabajo de gran sacrificio! Aún si se trata de una operación de prensa para crear expectativa, parece una burla a los verdaderos trabajadores, que difícilmente alcancen los sueldos de los participantes del show cocineril que nos ocupa (según Marina Calabró, irían de $ 170.000 a $ 500.000, según la "fama" de cada participante, a los que no se le pide experiencia en cocina).

También fue una burla la llamada en las redes "fiesta clande pública" en la presentación del programa conducido por Marcelo Tinelli, con 200 personas en escena, sin protocolos ni barbijos, por más que él insista en que no trasgredieron ninguna norma ni DNU. 

Curiosamente, a las críticas del ministro de salud bonaerense Daniel Gollán, respondió recordándole el juicio por irregularidades en el plan Qunita (en el barrio le dirían "buchón" a Don Marcelo, aunque tuviera razón). 

No se mencionó ninguna sanción a la productora o al canal, por lo que se puede intuir la importancia que las autoridades le otorgan a la diversión (¿o distracción?) que el programa regala al pueblo llano, al laburante, al que produce.

Como la cocina parece que "garpa" cuando de diversión se trata, y el plagio está de moda, el bloque de imitaciones de "Showmatch" este año se denomina "Politichef", y los imitados llevarán puesto, según las imágenes promocionales, el delantal de "MasterChef Celebrities" con otro logo.

Los mal pensados pueden decir que la elección de los políticos imitados en este show de cocina paralelo puede servir de simple chantaje a quien inspiró el neologismo "tinellización" (según UNTREF "refiere al impacto de la figura de Marcelo Tinelli y de su programa de entretenimiento sobre los medios, sobre la opinión pública, y sobre la vida sociocultural de la Argentina en general; suele asociarse al mal gusto, a la farandulización, al sexismo y a la banalidad").

Pero no olvidemos quién fue la estrella en la presentación de la llamada "Mesa del Hambre" (oficialmente "Consejo Federal Argentina contra el Hambre"), cuyos integrantes siguieron comiendo muy bien, a pesar de no conocerse ninguno de sus logros en la materia para la que se los convocó, ni sus eventuales sueldos, si los hubiera. Una "mesa" que también estuvo expuesta en una tarima, bajo los reflectores, mientras los hambrientos esperaban expectantes soluciones a sus necesidades.

En definitiva, no es nada difícil plantear analogías de usos y costumbres entre el Paleolítico, el Imperio Romano y el presente. Aquellos banquetes históricos que mencionamos al principio eran espectáculos rituales, donde la ostentación y el lujo buscaban impactar, demostrar poder, provocar envidia.

Fuera Luis XIV, cuya puesta en escena culinaria requería 498 personas, Luis XV, Catalina la Grande, Victoria de Inglaterra, Enrique VIII, o el mismo Moctezuma II aquí en América, el que comiera en público, no difiere mucho de lo que vemos en la pantalla del televisor: manjares exquisitos que podemos mirar, pero no comer.

Siempre hubo quienes comieron las sobras de los poderosos, por no tener acceso a trabajos genuinos, esos que se están perdiendo día tras día, cada vez que cierra, por limitarnos a nuestro rubro, un bar, un restaurante o un hotel. 

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