Editorial

Con 11 en la cancha

Martes, 11 de mayo de 2021

Ayer 10 de mayo, Fondo de Olla © cumplió 11 años de vida. La pandemia hizo que el año pasado no pudiéramos festejar la primera década, pero lejos estábamos de suponer que este año íbamos a estar aún peor. Sin ayuda oficial, ni de la Nación, menos aún de las provincias; sorprende la falta de empatía para con el sector gastronómico. Pero nuestra voz no se va a acallar porque nadie nos compra y siempre preferimos estar junto a los más débiles.

Hoy mismo empezó la temporada 12 de Fondo de Olla ©. Nunca pensamos en aquel lejano mayo de 2010 que la gastronomía llegaría a estar en una situación límite como la que se vive hoy.

La pandemia es la gota que rebasó el vaso. Ya el sector estaba agobiado por la situación de crisis permanente que se vive en el país, dividido en dos partes por una grieta que alimenta el Cristinismo porque es su negocio.

Los restaurantes estaban sumidos en la falta de rentabilidad, a partir de una inflación galopante que ni los 4 años de Macri ni el año y medio de este gobierno de seudocientíficos (agréguense los 8 de Cristina y nos quedamos ahí para no seguir para atrás), lograron o ni siquiera intentaron controlar. Les conviene que seamos cada día más pobres para controlarnos más fácilmente.

Apretados por la presión tributaria más brutal que se haya visto. Amenazados en forma permanente por la "industria" del juicio. Abandonados por todos: gobiernos, asociaciones, sindicatos, etcétera.

Hoy peor que ayer. Porque si bien, a diferencia del año pasado te dejan trabajar al mediodía (solo afuera para que la gente se muera de frío), y con un delivery que es pan para hoy y hambre para mañana, les dijeron que se arreglen solos porque solo hay plata para ayudar a los amigos. 

Sin ninguna ayuda oficial. Leíamos hace algunas horas las declaraciones del cocinero argentino más exitoso fuera de nuestras fronteras -Mauro Colagreco- publicadas en el diario Clarín por la colega Adriana Santagati que, en Francia, el Estado paga el 84% del sueldo de los empleados de los restaurantes. Igualito que acá. 

Indigna la falta de empatía que sufre el sector. Asombra el silencio de la prensa gastronómica, que no solo calla la realidad que viven los que nos dan letra (y también de comer) sino que, además, en algunos casos se ha transformado en buchona de la cana.

En este viva la pepa que es nuestro querido país, las autoridades se fijan si hay una mesa ocupada dentro de un salón de restaurante para clausurarlo, pero no son capaces de controlar para que no haya fiestas clandestinas, mucho menos las manifestaciones de piqueteros; si hasta ellos mismos nos toman por tontos cuando concurren en masa (y con Massa) a inaugurar un barrio sin terminar en Ensenada.

Hay que decir que a veces nos sentimos como Don Quijote contra los molinos de viento. Estamos solos en la lucha por una prensa combativa y comprometida con el sector gastronómico.

Pero ya somos 11 en la cancha y vamos a seguir poniendo lo que hay que poner. No son tiempos de juego bonito ni de gambetas vistosas. Como FDO es un sitio gastronómico, ningún simbolismo cabe mejor que un huevo frito. Es lo que hay que poner para ayudar a difundir lo que le pasa al sector.

Y cuando esto termine, que todos tengan buena memoria. Cuando vayan nuevamente a las urnas. Cuando piensen en quiénes pusieron el huevo frito arriba de la mesa, pero también en quiénes se transformaron en alcahuetes, en quiénes callaron porque se quedaron con el maple vacío.

En la cancha son 11 contra 11, se dice. Pero ellos, los políticos, son más poderosos porque tienen la sartén por el mango y su sueldo a fin de mes está asegurado, sin contar los ingresos originados por la corrupción.

Aunque la cancha esté inclinada como si tuviéramos que escalar el Aconcagua, no nos daremos por vencidos. Estamos con la gastronomía y ganaremos o moriremos junto a ellos. El grito de guerra es y será: huevo, huevo, huevo.

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