Editorial

¿Y por la gastronomía no se juegan?

Miércoles, 5 de mayo de 2021

El gobierno de CABA se jugó una patriada defendiendo la educación presencial. El fallo de la Corte Suprema le devolvió toda legitimidad posible a su autonomía y, por ende, la Capital puede decidir según el avance de la pandemia según se vaya desarrollando. Sin poner a la gastronomía en el mismo nivel de prioridad que la educación, le exigimos al gobierno porteño un poco de empatía con el sector más castigado y que da trabajo a miles y miles de personas.

Según la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Cafeterías y Cafés, en el 2020 cerraron más de 10.000 locales gastronómicos en nuestro país. Y se perdieron más de 150.000 puestos de trabajo. "Con las nuevas restricciones -dicen- si no reciben ayuda, se perderán otros 200.000 puestos más. Y otros 15.000 locales tendrán que cerrar.

La entidad afirma que "el sector gastronómico es uno de los generadores de trabajo más grandes de la Argentina. Somos el principal empleador en jóvenes de menos de 24 años. Generamos divisas y representamos una parte importante del producto bruto interno. Somos parte de la identidad de nuestro país y de la historia de vida de los argentinos".

Todo cierto y muchos de estos números corresponden a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. ¿Qué ha hecho hasta ahora el gobierno porteño para ayudar al sector? Apenas un proyecto enviado a la Legislatura, ocupada en estos últimos días en declarar el "Lunes sin Carne", para que se exima a las empresas gastronómicas del pago del impuesto a los ingresos brutos. 

Quieren curar un cáncer con una aspirina. Literalmente una cargada. Lo que le pedimos y por qué no, exigimos, al ejecutivo porteño, es que pongan al menos un 20% del énfasis que tuvieron con la defensa de las clases presenciales. 

No vamos a equiparar a la educación con el hecho de salir a comer afuera, por supuesto. Tampoco veamos al sector como un dador de ocio y de lujo. Miremos lo más importante, que es lo que afirma AHRCC en cuanto a la generación de fuentes de trabajo de la actividad. Pensemos (piensen políticos que tienen asegurados suculentos sueldos a fin de mes) que hay mozos, cocineros, bacheros, administrativos, proveedores, fleteros, que la están pasando muy mal.

Y la van a pasar peor porque ya llegó el frío. Y comer al aire libre, sin calefacción, puede provocar otro tipo de enfermedades, porque hoy la prioridad es atender el COVID, pero la gente se enferma y se muere de otras cosas.

Por si hacía falta, el fallo de la Corte Suprema les liberó las manos a los gobernantes de CABA, que hasta el mes pasado venían acatando mansamente las directivas de Alberto y sus funcionarios científicos, así como de la Reina Cristina.

Hoy el AMBA, un invento K para someter a la ciudad autónoma, ya no tiene validez si es que alguna vez la tuvo o se la dieron. Ni el Presidente, ni Kiciloff, ni ella, ni nadie más porque los de afuera de son de palo, podrán decidir por nosotros los habitantes de la Capital. 

Y los que votaron a Larreta lo hicieron para que defienda los intereses de todos los porteños. Con la gastronomía no lo vienen haciendo y no parece que lo hagan en el futuro cercano. Cuando lo hagan, si alguna vez se deciden, será demasiado tarde.

Para colmo mandaron a una horda de inspectores a jorobar a los que cumplen con las disposiciones sanitarias. No así a los que organizan fiestas clandestinas, a quienes cierran sus bares cuando se les canta y a los que incumplen la ley en general. En la calle, los policías de la Ciudad parecen ahora carabineros chilenos.

Nos parece muy injusto que paguen justos por pecadores. Hay restaurantes que han hecho inversiones significativas, para que sus instalaciones protejan la salud de sus clientes. Fíjense sino, como ejemplo, las fotos que ilustran esta nota y que reflejan cómo están distribuidas las mesas en La Brigada y la colocación de paneles que hace posible eliminar todo contacto con los comensales vecinos.

¿Acaso es más seguro comer en la calle, al frío, en medio de la inseguridad que existe, que en un lugar cerrado pero que ofrece estas instalaciones acondicionadas a la pandemia? Salgan a la calle EE.UU., frente a LB, y verán el descontrol de algunos locales vecinos. A esos no les dicen nada. 

Hay muchos casos como éstos. Su un restaurante dispone de saloncitos privados, ¿por qué no dejar que una familia pueda comer allí sin la presencia de otros clientes? ¿O es más seguro al aire libre, con mesas pegadas como vemos a menudo?

Lo que se pide es instalar un protocolo que determine ciertos requisitos para poder abrir adentro, o afuera según el caso, sin poner en riesgo la salud de nadie, pero permitiendo que el sector sobreviva a esta catástrofe.

Pedirle esto al gobierno nacional es como pretender que el olmo nos dé peras. Pero en CABA han demostrado tener un poco más de criterio, al menos en el ejecutivo.

Repetimos, solo les pedimos algo más de empatía con el sector gastronómico. Háganlo por los trabajadores que ven con desesperación cómo se deterioran cada día sus ingresos y hasta pierden sus empleos; también por los empresarios que les ofrecen el empleo y que pretenden seguir haciéndolo.

Nadie subestima al Coronavirus; todos tenemos familiares, amigos, conocidos, que se han contagiado y la pasaron muy mal, algunos inclusive fallecieron. Sí hagamos lo posible por perjudicar lo menos posible al sector y su gente.

En CABA avalaron con sumisión la cuarentena más larga del mundo, pese a lo cual somos uno de los tres países que peores decisiones tomaron durante la pandemia, criticamos a los demás y hoy estamos en la lista de la vergüenza. Como mínimo fueron cómplices de la ineptitud del gobierno de científicos.

Es hora de que se pongan los pantalones largos y se decidan a salvar a la gastronomía. Nunca más sillas al revés, ni afuera ni adentro.

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