Editorial

No dar por el pito más de lo que el pito vale

Martes, 16 de marzo de 2021

Los veganos son una minoría de fanáticos que pretenden decirnos qué comer y que, ante el menor atisbo de oposición, inmediatamente te tratan como un asesino de animales. Sin embargo, muchos chefs, bodegas, empresas de alimentos, etcétera, se empeñan en complacer a esta tribu minoritaria cuyo crecimiento no es tan elevado como pretenden hacernos creer.

Las matemáticas gobiernan al mundo y, por ende, los datos estadísticos, encuestas y la simple enumeración de gente que conozcamos que sean veganos, resulta determinante.

Muchos de nosotros conocemos a un vegetariano, quizá también podamos decir que en cada familia hay al menos alguien que evita comer proteínas animales. Esto se debe a diferentes motivos, el menor de los cuales es un problema de salud.

Pero el vegetariano puede convivir sin problemas con un omnívoro. No pasa eso con los veganos, cuyo fanatismo "religioso" los lleva a considerarnos asesinos de animales, seres inmundos que no merecemos vivir, aunque la mayoría de nosotros jamás hemos matado un animal. Solo los comemos porque así es la naturaleza. Una especie se come a la otra y de esa manera se mantiene el equilibrio natural.

Esta vez no vamos a perder el tiempo tratando de que un vegano comprenda (y acepte) nuestros puntos de vista contrapuestos. Solo basta agregar que no conocemos muchos veganos, ninguno personalmente, algunos de verlos y oírlos y no pareciera que uno solo de ellos esté buscando qué comer en los volquetes de basura. 

Últimamente estamos viendo cómo muchos empresarios del rubro alimenticio les dedican más tiempo del que merecen los veganos. Pruebas al canto: el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), suele trabajar seriamente para analizar los hábitos de consumo de la población de nuestro país. Uno de esos estudios fue publicado por Fondo de Olla © hace algunos meses y los resultados fueron determinantes. Apenas un 2% de los encuestados manifestó ser vegano: https://www.fondodeolla.com/nota/16717-2-de-cada-3-se-matan-por-un-asado/

No llama la atención que Bill Gates, que de zonzo solo tiene la cara, haya llamado a los países poderosos a incentivar el consumo de carnes sintéticas. Claro, si él es uno de los principales inversores a nivel mundial en la producción de este alimento trucho, por lo que el gran negocio está en aquellas naciones con mayor capacidad de compra en la población. A los del Tercer Mundo nos deja comer carne, qué generoso.

El tema del veganismo también ha llegado a la vitivinicultura. A los veganos, su fanatismo les impide beber un vino que ha sido clarificado con huevo. Pobres las gallinas, que sufren cada vez que empollan y ponen. 

Pero si apenas el 2% es vegano, no estaría mal que al menos una etiqueta sea presentada como apta para veganos. Lo que llama la atención y sorprende es que a esta altura algunas bodegas anuncien que toda su producción está libre de ingredientes de origen animal.  

Chorizos que no son chorizos.

Por ejemplo, Durigutti Wines lo explica así: "otorgado por Liaf Control, organismo de inspección y certificación, este sello certifica la conformidad del origen de las materias primas, aditivos y coadyuvantes utilizados en la elaboración de los vinos de Durigutti Family Winemakers y verifica que los mismos no provienen de origen animal o derivados de animales".

"Para lograr esta certificación la bodega realizó un exhaustivo análisis de sus materias primas y procesos, revisando que en ningún eslabón de la elaboración se utilizaran insumos de origen animal, siendo productos apto consumo vegano desde la recepción de la materia prima hasta el despacho del producto terminado, a granel y fraccionado".

Señalan, como si fuera un pecado clarificar, que "todos nuestros vinos, desde los comienzos, han sido elaborados sin clarificar, sin filtrar y sin estabilizar. Esto nos permite hoy certificar como veganos. No hemos modificado una forma de trabajo, siguen siendo los mismos productos de siempre, elaborados de igual manera, solo que avalados por un organismo de control".

Pareciera ser que tienen otros datos estadísticos, ya que afirman que la población mundial estima contar con 5% de consumidores veganos y vegetarianos, una tendencia en alza que despuntó en los últimos 30 años y continúa ampliando un público que cambia sus hábitos de consumo". No dicen para cuándo ocurrirá eso.

Por supuesto, se basan en datos de la Unión Vegana Argentina, que inventa al decir que un "12% de la población de nuestro país es vegetariana-vegana y otros países latinoamericanos como México y Brasil acompañan la tendencia, con un 9% y 14% respectivamente". No hay datos a nivel global que puedan avalar estos porcentajes inflados. 

Y concluyen expresando que "el sello VEG ARGENTINA es un aval para el consumidor, que será incorporado a partir de ahora en todas las etiquetas de vinos y comunicaciones de la bodega". 

Un gasto inútil ya que como mínimo al 95% de los consumidores les importa un rábano si el vino es vegano o no.

Dar por el pito más de lo que el pito vale. Las bodegas ya no solo se hacen biodinámicas (una minoría también), sino que se han rendido a una moda minoritaria y absurda. Como decía Ricardo Santos, qué te importa cómo está elaborado, te gusta o te gusta.

Pero volvamos al consumo de carne vacuna, ya que el IPCVA dio a conocer la semana pasada otro estudio de mercado al respecto. Una nota que lleva la firma de Adrián Bifaretti y Eugenia Busca, ambos del Departamento de Promoción Interna del organismo, "cuando se les pregunta a los argentinos cómo reaccionan ante acciones provocadas por activistas veganos o ambientalistas, 7 de cada 10 personas creen que no derivarán en un menor consumo de carne vacuna". Así lo corrobora una encuesta realizada por el IPCVA a través de un panel online con 1.100 casos representativos de la población argentina en todo el territorio.

Los autores recuerdan que, en enero 2021, Paul McCartney le escribió una carta al Presidente de la Nación para pedirle que la Argentina se sume a la iniciativa "Meat Free Monday" (Lunes sin Carne). La pregunta es entonces: ¿surte efecto como acción activista? ¿Cuántas personas cree usted que van a dejar de comer carne porque Paul le escribe una carta al mandatario argentino sugiriendo este camino? 

El estudio agrega que "de la misma manera y para captar el humor social ante situaciones donde el activismo vegano despliega su acción en los ámbitos de la producción y comercialización de la carne, cuando se muestra a la gente dos noticias relacionadas con estas acciones, presentadas incluso de distinta manera en relación al grado de victimización y perjuicio de los distintos actores involucrados, claramente la gente no está a favor de apoyar estas acciones concretas". 

Hamburguesas que no son hamburguesas.

Solo entre el 16% y 18 % de la gente apoya el accionar vegano, mientras que la gran mayoría no lo apoya o le resulta indiferente. "El mismo activismo juega en contra de sus propios intereses que es precisamente convencer a la gente que abandone el consumo de carne", agrega.

Para el estudio no hay que olvidarse de que somos naturalmente omnívoros, estamos programados por la naturaleza para consumir tanto productos de origen vegetal como animal. "Sin embargo, culturalmente hay un cambio que se está produciendo en la sociedad y sobre todo en los más jóvenes, que hace que mucha gente se muestre mucho más permeable a abordar el tema del consumo con creencias nuevas, con valores distintos a los de nuestros padres y abuelos, y diferentes incluso a los que forman parte de nuestra propia escala de valores".

"Hasta ahí todo bien -destaca el trabajo del IPCVA-, porque en un mundo crecientemente inclusivo deberíamos festejar esta libertad de elección que todos tenemos para definir cómo se compone nuestro plato diario y cómo se consolida la dieta que permite sobrellevar nuestra humanidad y bienestar físico y social a buen puerto". 

"Ahora, en realidad esa minoría en términos poblacionales, que es solamente el 5% de los argentinos si contabilizamos veganos y vegetarianos, no actúa en forma neutra, sino que pretende imponer sus creencias y hábitos tratando de convencer y persuadir a la mayoría omnívora apelando al miedo y a la culpa".

"En tal sentido, la mayoría de los argentinos piensan que los veganos son de hecho quienes más fomentan la grieta alimentaria y quienes poseen una mentalidad menos abierta e inclusiva que los carnívoros". 

Como los vegetales también son seres vivos, ¿deberíamos comer piedras?

¿Cómo debe comportarse la carne vacuna ante este escenario hostil? ¿Debe reaccionar, salir a defenderse? ¿Conviene darle entidad a las provocaciones que muchas veces vienen en formato golpe bajo con alta carga emocional? ¿O, por el contrario, debe pensar en construir valor en las más variadas comunidades digitales, tribus urbanas y subculturas que afloran como hongos en el territorio digital? ¿Debe conectar emocionalmente con el mercado, conversando con la gente y entendiendo con mayor profundidad por dónde pasan sus verdaderos intereses, preocupaciones y aspiraciones?

"Si el campo, que es quien produce, y el mundo urbano es el mayor generador de consumo, tienen en claro que no es la carne la que genera la grieta, por qué debe la carne meterse en el barro de una discusión sin sentido común".

"Un carnívoro jamás rechazaría a un vegano si no come carne, siempre haría un lugar en la parrilla para compartir también, por qué no, verduras asadas. Esa es la filosofía que debe encarar cualquier comunicación, promoción o reflexión sectorial sobre este punto. Es el principio para dar un mensaje claro también a aquellos flexitarianos, es decir a los que aún siguen comiendo carne, pero en menor cantidad".

Decimos en Fondo de Olla © que el vegano no acepta que pongas carne en la parrilla. Van más allá, obligan a sus hijos a comer de manera deficiente. Son una especie de antivacunas de la alimentación.

Finaliza el estudio de marras, afirmando que "hoy, muchos involucrados al negocio de la carne piden que se salga a romper lanzas, a devolver las trompadas, a pelear con aquellos que están impulsando otra forma de comer, que se salga con los tapones de punta. Grave error se cometería. Porque los más jóvenes no se bancarían una campaña antivegana. Se la consideraría retrógrada, que atrasa, discriminatoria y agresiva".

"Esta solución, irreflexiva e impulsiva no tendría el efecto deseado en las preferencias del mercado, solo aceleraría el tránsito de aquellos flexitarianos hacia el veganismo como destino final".

"Vale la pena mostrar dos buenos ejemplos bien aterrizados en nuestra realidad cotidiana para encuadrar las acciones de conversación en un marco de mayor conveniencia para el sector cárnico. Una comunicación de Deniro, una de las principales hamburgueserías con fuerte llegada al segmento de centennials y millennials, señala textual en el inicio de uno de sus posteos en redes: ‘no existen costumbres, opiniones, personas, ingredientes o sabores que no puedan encontrarse".

Mientras tanto, nosotros creemos que hoy por hoy, se le da al pito (veganismo) más de lo que el pito vale.

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