Editorial

Al Maestro con Cariño

Martes, 5 de enero de 2021

Cada llamado, cada mensaje de Julián, nos ponía en alerta. Esperábamos la noticia que nunca hubiéramos querido recibir. Hasta que hoy sucedió y no hay consuelo. Aquel periodista de Canal 13 al que admirábamos por su capacidad intelectual, su voz que transmitía serenidad, se nos ha ido. Con Horacio de Dios, se va de este mundo un enorme periodista, una gran persona, una mente privilegiada y, para mí en particular, un amigo que me regaló la vida.

Apenas se acaba de ir un año de mierda, y el que recién empieza ya nos pegó el primer golpazo. Imposible no escribir esta nota en primera persona. No es lo que nos gusta, ni tampoco lo que le gustaba al maestro Horacio. Pero vale la excepción porque se trata de un mensaje muy personal.

Ya de muy chico quise ser periodista y los 23 años que me separaban de Horacio, hacían que lo tomara como un referente en la que finalmente sería mi profesión. Admiraba su calidad intelectual, su preparación, sus formas y sus contenidos. Me transmitía serenidad, aun en el fárrago de informaciones diarias y muchas veces trágicas.

Nunca pensé que tendría alguna vez el privilegio de conocerlo en persona, mucho menos gozar de su amistad. Pero así fue, porque en un encuentro en el Hotel Alvear en el que estábamos mezclados los periodistas especializados en Turismo y en Gastronomía, lo vi a Horacio.

No sé cómo, pero el deseo de charlar con él hizo que me las ingeniara para sentarme a su lado. Me presenté y le conté lo que hacía. Se interesó tanto que alguna vez hasta me regaló una mención elogiando mi labor en el diario La Prensa, sobre todo porque decía que era el único periodista de gastronomía con formación agronómica.

Cuento esto porque la situación refleja la generosidad del periodista consagrado, para con alguien al que recién conocía. Fue el comienzo de una gran amistad, de visitarnos, de compartir eventos familiares, de almuerzos y cenas en los restaurantes.

La amistad se trasladó luego a su familia, a su hijo Julián que es otro de Dios amigo de fierro, a su nuera la Tana, a su nieta Julia y a su mujer, María Sofía. Alguien que, vaya causalidad, transmite tanta serenidad como la que tenía Horacio.

El tiempo quiso también que se fueran generando cosas compartidas, como la Guía 500 Restaurantes, Barras y Comida al Paso de Buenos Aires, que fue la primera vez que la editorial publicó una obra que no tuviera la firma de Horacio y de Julián. Un gran honor.

En aquellas reuniones de la cofradía, la palabra de Horacio era infaltable. Todos nos callábamos para escuchar su sabiduría.

Quizá los jóvenes no tengan la cabal idea de la envergadura del Horacio periodista. El de los viajes y las coberturas más insólitas. El que transmitió para aquella tele de ratings monumentales, la llegada del hombre a la Luna en el año 1969. El que tuvo que apelar a su amistad con Giovanni Agnelli, para poder salir vivo de Libia con el resto de los colegas.

Cada charla con Horacio era una lección, de vida y de periodismo. A sus 90 años, el año de la pandemia lo castigó con una cruel enfermedad. Según nos contaba Julián en estos últimos días, estaba más Horacio que nunca. Con sus ironías tan particulares frente a sus enfermeras. Con sus historias. Con su agradecimiento a la vida, pese a ciertos acontecimientos que debió afrontar como nos pasa a todos. 

Se fue en paz. En el 2020 fue imposible compartir algún momento. Así quedó trunca aquella cena en el restaurante japonés Sashimiya, que tanto le gustaba. Justo ahora recuerdo aquella vez que estábamos almorzando en El Imparcial con Julián y Horacio, a quien uno de los comensales confundió con Félix Luna, lo que provocó nuestras risas.

O aquella vez que caminábamos por la Avenida Córdoba, y aun pese al paso del tiempo mucha gente mayor lo saludaba recordando su trabajo en la televisión.

Hoy es un día de mucha tristeza, de lágrimas incontenidas. El periodismo argentino está de luto. Fondo de Olla © ha perdido a uno de sus más calificados críticos. Al hombre que nos alentaba a seguir en la senda de este periodismo inconformista.

En lo personal, hemos perdido a un gran amigo. Esta nota que nunca hubiéramos querido escribir está dedicada "al Maestro, con cariño". A Horacio, que le gustaba ver una película cada noche, seguramente le habría encantado este título que fue el de una película de 1967 con Sidney Poitier, en la que representaba a un ingeniero que, a falta de trabajo en su profesión, terminaba de maestro en una escuela.

Horacio de Dios fue un maestro en el periodismo y en la vida. Gracias por haber alegrado mi vida con tu amistad. Gracias por trasladar esa amistad a tu familia. Gracias por enseñarnos tanto. Jamás te olvidaremos. 

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