Editorial

Buchones de la Ley Seca

Jueves, 6 de agosto de 2020

La cuarentena eterna y las prohibiciones que se van sumando, como la última de no permitir las reuniones familiares, son una especie de ley seca como la que derivó en un enorme fracaso en los Estados Unidos en los años '20 y '30 del siglo pasado. Solo que aquí se hacen mediante un simple trámite administrativo llamado DNU y allá por enmienda constitucional. Hay quienes dicen que algunos restaurantes estarían funcionando como una especie de speakeasies de aquellos tiempos. La verdad es que no nos consta y aun así, si lo supiéramos, no diríamos nada. Porque no somos buchones y porque además hay una cuestión de sobrevivencia detrás.

Hay que sobrevivir como se pueda. Y quienes no se sienten vencidos ni aún vencidos, como decía Pedro B. Palacios (Almafuerte), merecen todo nuestro respeto. Porque están tratando de salvar el fruto de años de trabajo, inversión y capacitación, que les ha valido ser para ser merecedores de la fidelidad de una clientela que sabe valorar su profesionalismo.

Hablamos puntualmente de la gastronomía, de los restaurateurs y chefs que están haciendo enormes esfuerzos apelando al máximo a la imaginación para tratar de sobrevivir a una cuarentena que no tiene parangón en ninguna otra parte del planeta y que, hoy con los datos estadísticos a la vista, comprobamos que no ha servido de mucho.

Sorprende que dentro de esa coyuntura dramática, existan quienes denuncian que ciertos cocineros están atendiendo a puertas cerradas, como si fueran speakeasies del Chicago de los años de fuego y la ley seca.

Encima lo hacen sin pruebas y no habiendo chequeado la información tres veces, como nos enseñaron nuestros maestros. Y como lo dice el manual básico del periodista. 

Por desgracia, la prensa especializada (y algunos colegas que se ponen a escribir de lo que no saben, también), a veces se transforman en buchones de la ley seca.

Nos preguntábamos si en lo personal, qué actitud hubiéramos tenido de haber vivido en la época de la llamada "Ley "Seca", que se instaló en los Estados Unidos el 17 de enero de 1920 y se derogó el 6 de diciembre de 1933, en ambos casos por enmienda a la Constitución (números XVIII y XXI, respectivamente).

Seguramente, de haber sido periodistas especializados en gastronomía en aquellos tiempos, en lugar de buchonear dónde estaban sirviendo alcohol en forma clandestina, habríamos sido asiduos concurrentes a los speakeasies.

Más aún, como ocurre en nuestro país, donde todo se hace a decretazo. El DNU es un simple trámite administrativo, que solo requiere la firma del Presidente que además, cuando el Congreso lo trate, o bien ya no estará en vigencia o en el peor de los casos, será refrendado por los parlamentarios levanta manos de siempre.

Vamos al grano. La realidad es que no sabemos si alguien está atendiendo a escondidas a clientes, amigos, parientes, periodistas, o quienes fueren. No nos consta, tampoco nos importa. Si lo hacen, será porque la necesidad tiene cara de hereje.

¿Esto puede molestar? Quizá. Uno, por ser de riesgo, no sale a participar de estas supuestas reuniones que ni siquiera tenemos conocimiento de que existan. Otros, en su afán de fanfarronear, tal vez haya ido a comer a algún lado y no tienen prurito alguno en mandar al frente a quien sea, solo para demostrar provocativamente que hacen lo que se les antoja y les importa un bledo lo diga el DNU de turno.

La prensa tiene una función que cumplir en estos tiempos en que, pandemia mediante, nos están cambiando la vida a todos. Pero a algunos colegas les queda grande el sayo, si hasta son capaces de transformarse en alcahuetes de lo que imaginan que existe, porque más allá de ser buchones hay que tener elementos de juicio para serlo y no hacer papelones y quedar como ridículos comunicadores.

Peor aun cuando hay gastronómicos que se ponen en ese triste papel de mandar al frente a sus propios colegas. Eso resulta aún más patético. A ésos les decimos que no escupan para arriba, porque quizá alguna vez tengan que arrepentirse de haberlo hecho.

En Fondo de Olla © acostumbramos a dar nombres cuando hacemos alguna denuncia. Pero hoy no tenemos nada que denunciar. Las pocas veces que podemos habernos equivocado, supimos pedir disculpas. Pero mandar al frente a alguien, vaya a saber por qué cuestión espuria, no forma parte de nuestro manual de estilo periodístico.

Una cosa más. Si se extendiera esta absurda cuarentena (y no somos anticuarentena sino que nos cuidamos solos), es probable que muchos gastronómicos tendrán la necesidad con cara de hereje de abrir a escondidas.

Y si eso ocurriera, considerando que el lugar funcionara como un speakeasy en el que se toman todos los recaudos sanitarios recomendados, por supuesto que nos transformaríamos en asiduos concurrentes de esos lugares.

Mientras tanto, en este sitio de gastronomía que es nada complaciente, pero sí crítico y veraz, podemos ser cualquier cosa menos buchones. Al que le queda el sayo que se lo ponga.

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