Editorial

Vino con soda

Lunes, 21 de enero de 2019

Le dicen "sodeado" y es un burdo neologismo para mencionar al vino "contaminado" con soda. Una nueva estrategia de marketing ante la desesperación que provoca la caída del consumo por debajo de los 20 litros anuales. Todo bien, ¿pero hace falta que hasta los enólogos se inmiscuyan en esta moda que seguramente será efímera?

Hace tiempo que los genios del marketing y la irrupción de los sommeliers que hablan difícil, hizo que el vino se transformara en un producto sofisticado, lejos del entendimiento de la gente común y cuanto menos inaccesible en materia de precios.

Es así que una pequeña franja de consumidores adoptó dicha frivolidad y creció el consumo de vinos de valores altos mientras caían el segmento más bajo. Se perdía (y se sigue perdiendo) volumen y facturación en las bodegas.

Ahí está el quid de la cuestión. En la industria todos quedaron obnubilados con la sofisticación que irrumpió en el mundo del vino en los últimos años.Sin embargo, lo que lograron fue ahuyentar a la gente "normal", que quiere tomar vino sin que lo compliquen con aromas a regaliz, pasto recién cortado y montura de caballo transpirado.

Por otro lado, los enólogos se fueron transformando en nuevas figuras mediáticas, en analogía con lo que ha venido ocurriendo con los chefs que pasaron de ser provincianos sudorosos a figuras del jet set.

Hoy los bodegueros están desesperados y pareciera que la única manera de contraatacar es promocionando el consumo de vino con soda.

Se vuelven a equivocar y feo. Porque una cosa es que te lo quiera vender un marketinero, al que seguramente la mayor parte de los consumidores no le da bola, que los propios hacedores se metan en un pantano en el cual tienen grandes chances de ser tragados por el agua (o la soda este caso).

Haciendo un mea culpa, los periodistas hemos contribuido a desinformar y complicarle la vida a la gente. Copiamos mal, repetimos como loros lo que dicen los seudoexpertos y muchas veces, vendemos gato por liebre.

Es muy loco, pero últimamente leemos lo que escriben algunos colegas recomendando qué vinos tomar con soda. Dicen que algunos vinos están hechos para beberlos de esa manera. Qué pobreza intelectual.

Lo triste es que algunos enólogos también aceptan esta práctica horrorosa, quizá porque sus jefes les dieron orden de sumarse a esta campaña porque hay que "vender más o nos quedamos sin trabajo".

No creemos que ningún enólogo piense en sus vinos como aptos para echarle soda. Hablaría mal de ellos mismos. Y estarían subestimando al consumidor.

Todos nosotros, al menos lo de la generación de más de 50, comenzamos a descubrir el vino cuando nuestros padres le agregaban unas gotas al vaso de soda para que sintiéramos el gustito.

No nos parece mal que Toro, una marca histórica, promocione sus vinos de tetra (o de botella de calidad regular para abajo) porque quizá sea esa la única manera de beberlo con un mínimo de placer.

Pero que te inviten con un Torrontés de alta gama alejado de aquel vino rústico de antaño, es decir "domado" para que les guste a todos, fácil de beber y ligero, nos parece absolutamente innecesario.

¿Alguien en su sano juicio le echaría soda a un vino de calidad? Obvio que no. Aunque algunos lo hagan. Y cada uno hace lo que quiere con su paladar y con su plata. Pero no nos pidan que mintamos.

Lo que vemos mal es que los enólogos se sumen a esta movida ridícula. Y que nosotros los periodistas contribuyamos a desinformar, cuando nuestra misión no solo es contar lo que sucede sino también instruir a nuestros lectores.

Hace algunos años, unos cuantos, llegó a Buenos Aires uno de los más conspicuos miembros del clan Hennessy. Llegó al país traído por Chandon. El susodicho dio una larga explicación sobre los beneficios de beber el coñac con hielo.

A la hora de las preguntas, le cuestionamos esa práctica por considerarla inadecuada, a lo que respondió que se trataba de una estrategia de marketing para que aumentara el volumen de consumo. Aún hoy muchos productores de coñac siguen insistiendo con esto, aun cuando no se han registrado incrementos significativos a nivel mundial.

Hace algunas semanas, un colega la emprendió contra los sommeliers acusándolos de embaucadores. Pero los que pregonan beber vino con soda no son los sommeliers. Sí muchos bodegueros, enólogos y periodistas que se suben al tren de la moda hasta recomendando qué vino elegir cuando el deseo es "contaminarlos" con agua.

La pregunta entonces sería: ¿quién embauca a quién? Una vez más le están errando a la vizcachera. Y los cerveceros se ríen de contentos. Pareciera que estamos volviendo a las fuentes (de soda). Como cuando teníamos 8 años y nos daban un dedo de vino para completar un vaso "sodeado". Pero nos hicimos grandes y el vino nos gusta puro. Basta de tintillos, queremos tintos. 

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