Editorial

Rascarse para afuera

Miércoles, 16 de agosto de 2017

Nos gusta mucho usar ese dicho que dice que "el único que se rasca para afuera es el perro". Esto significa que todos los demás se rascan para adentro, porque están buscando su provecho personal. Lean este editorial y comprenderán por qué utilizamos este símbolo tan a menudo.

Muchas veces hemos pensado sobre si vale la pena continuar abonando un estilo crítico o convertirnos en una oveja más del rebaño. Definitivamente ese instante de duda desaparece cuando advertimos la cantidad creciente de lectores que avalan nuestro trabajo.

Hace unos meses, en Mendoza, un cocinero cuyo nombre no vamos a develar, nos dijo más o menos textualmente: "más allá de que a veces no nos guste lo que digas de nosotros y de los demás, es indispensable que alguien diga las cosas".

En un medio superficial y bastante chupamedias como la gastronomía, muchos se quedan con el elogio fácil y se enojan cuando uno critica, aun cuando el comentario tenga fundamento. Que es lo que en Fondo de Olla pretendemos hacer siempre.

Hoy es muy fácil ser periodista. Desde que existen Google y Wikipedia tenés medio laburo hecho (y por otros). Algo así como el Rincón del Vago llevado a su máximo esplendor. Ya nadie chequea la información, desaparecieron los correctores y la investigación queda limitada a unos pocos loquitos que se atreven a desafiar el statu quo.

Si encima el periodista se limita a reproducir gacetillas, sin siquiera revisar el texto para corroborar si existen errores gramaticales, tendremos inexorablemente un periodismo mediocre y con fines espurios.

Debería entenderse que el elogio de un periodista crítico, vale mucho más que la chupada de medias de alguien que solo sabe rascarse para adentro. Claro que todos tenemos ese costado frívolo y cholulo que nos obnubila. Nuestro ego se regocija cuando vemos nuestra foto en una revista. Seguro que luego vienen la pauta publicitaria, algún viaje de ensueño y numerosas devoluciones por los servicios prestados.

Nosotros estamos agradecidos a quienes nos apoyan independientemente de que a veces les toca ser elogiados y otras criticados. Aun así, aceptando nuestro estilo periodístico, apuntalan nuestra labor y nos dan ánimo para seguir adelante.

Pongamos el caso de varios chefs a los que valoramos mucho, a quienes consideramos amigos o al menos personas cercanas a nuestros sentimientos. Algunas veces los hemos criticado por un tema puntual. Sabemos que algunos de ellos viajan con frecuencia en delegaciones numerosas a representar al país. Y lo hacen bien, por cierto. Y que van sin cobrar un peso y ponen todo su esfuerzo por la causa.

¿Por qué entonces, criticarlos? Porque el Estado se halla en el medio aportando recursos totales o parciales, no importa. Lo penoso es que dilapidan recursos que serían útiles en otros proyectos más convenientes para la gastronomía argentina. Porque nuestros amigos chefs, no se han dado cuenta de que los están usando políticamente.

Sabemos que por  lo general ellos cargan los insumos e inclusive hasta llevaron a Lima carne fresca en sus valijas. Ridículo. O que han ido a un país como Singapur, donde la relación costo beneficio se inclina a lo primero, porque lo segundo es nulo. Esfuerzo en vano. O para darle una mano a un colega necesitado de promoción.

Lástima. No lo entendieron. Parece que les duele que digamos nuestra verdad, que tal vez no sea la única ni la valedera. Pero no lo dicen en la cara. No pierden oportunidad de aludirnos sin mencionarnos. Igual los queremos, no desvalorizamos su tarea sino todo lo contrario. A todos nos gusta viajar gratis, conocer otros lugares y hacer amistades. Por si no lo advirtieron, nuestro mensaje crítico va a dirigido hacia las autoridades de turno y no a ellos precisamente.

No esperemos tampoco que los colegas nos defiendan, ni falta que hace. Pese a que quisiéramos encontrar mayor solidaridad entre pares. Son las reglas de juego y así lo asumimos.

A esta altura carecen de importancia los gestos de desprecio, las actitudes de quienes te borran del mapa solo por pensar distinto.

Como dijo aquel chef, alguien tiene que decir las cosas. Que tenemos que pagar un precio alto por eso, ya lo sabemos. Que nos cierran la puerta en la cara también. Que se nos achica el margen de maniobra, es obvio. Que nos bajan del avión también.

Aun así, seguiremos siendo los perros de esta historia. Nos vamos a seguir rascando para afuera, porque no queremos perder el respeto de nuestros lectores y eso es prioritario. Y si quieren que ladremos, vamos a seguir ladrando cada vez más fuerte.

No se preocupen porque "perro que ladra no muerde". Pero queremos ser guardianes de la verdadera gastronomía argentina, si es que por fin algún funcionario no equivoca el camino. Por ahí, nuestros ladridos los amedrentan y se dejan de hacer desaguisados. 

Llegará el día que comprenderán que teníamos razón, que alguien tiene que rascarse para afuera como los perros. Para que no nos escriban otro diario de Yrigoyen o que un grupo de medios adictos en los que aún se le rinde pleitesía a la ex "reina".

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