Grata sorpresa en San Rafael

Los antojos del cocinero

Lunes, 5 de diciembre de 2016

Al Antojo del Cocinero es el restaurante que manejan criteriosamente el chef Mariano "Nano" Guiu y su esposa Agustina Almonacid, quien tiene a su cargo el salón. Una opción diferente y de elevado nivel en el centro de la ciudad de San Rafael.

Al Antojo del Cocinero- Avenida Ballofet 173, San Rafael. Teléfono: 261 15333 7364. Abierto de martes a domingos por la noche. Principales tarjetas.

Tipo de Cocina: Regional Mendocina, De Autor

Lugar: San Rafael

Precio: $$$

Es una verdad de Perogrullo que para conocer las mejores opciones (en este caso para comer), lo más conveniente es contar con el aporte de los que viven en el lugar. La visita a San Rafael, de la mano de Oscar Mazzitelli, de Finca Isis, nos deparó una agradable sorpresa, quizás inesperada.

Así es que fuimos hacia un chalet que, honestamente y desde afuera, mucho no dice. Hay un dibujo en una puerta tipo garaje, con el nombre del restaurante y la figura de dos hongos. Luego comprobaríamos que, al igual que en Boragó (Santiago de Chile) se trata de un producto que identifica al lugar. Los hay silvestres cuando es temporada, y también gírgolas que se cultivan en invernaderos, en la zona de Salto de las Rosas, Cañada Seca, cerca de San Rafael.

Los antojos del cocinero son, en efecto, estacionales. El matrimonio que conforman Mariano Guiu (a quien todos conocen como "Nano") y Agustina Almonacid, se conoció trabajando en 1884, el restaurante de la Bodega Escorihuela Gascón, en Godoy Cruz.

Como ocurre a menudo, la experiencia recogida en diferentes lugares (incluido el exterior) terminan por consolidar el estilo del cocinero. Guiu lo consiguió en sus viajes a Inglaterra, España e Italia.

Por tratarse de una casa tipo chalet, adaptada como comedor, hay varios espacios pequeños, con pocas mesas. También es posible aprovechar las noches templadas de primavera y verano en el patio ubicado en el fondo de la propiedad.

En el caso de Al Antojo del Cocinero nunca mejor dicho que es atendido por sus propios dueños. Y la cocina, estacional, como se dijo también abreva en la generosidad de la tierra mendocina. El resto lo hace el chef con su sapiencia y creatividad. La verdad sea dicha, la experiencia superó largamente las expectativas.

El menú es corto: cuatro entradas, cinco principales y cuatro postres. La visita tuvo lugar en los primeros días de noviembre, época de alcauciles, espárragos, los primeros ajos, frutas de carozo y el famoso chivito malargüino.

Las opciones de entradas eran una ensalada de alcauciles, jamón serrano y queso parmesano con chips de ajo; puntas de espárragos quemados con panceta y queso brie; gratén de hongos y zester de limón con crocante de papas; o la sartén de langostinos gratinados con crema y parmesano.

Se probaron el chivo al limón con hojas verdes, en porción generosa y simpleza en los ingredientes, lo cual hace prevalecer el sabor de la carne de estos caprinos alimentados con pastos naturales (no olvidar que en la zona también se hace la "veranada", una especie de trashumancia a la alta montaña). El salmón con ratatouille y tártara fue otro de los platos pedidos. 

Y el risotto con langostinos y azafrán, de impecable factura, mostraba el arroz bien al dente (como se debe), con la técnica italiana muy bien desarrollada. Y aclaramos esto, porque es infrecuente encontrar risotti hechos de esta manera, aún en Buenos Aires.

Quedaron para otro momento los pappardelle con crema de camarones, y el ojo de bife con rostí de papas y panceta.

Los postres estuvieron a la altura. Las opciones eran torta tibia de almendras con helado; mousse de limón con chocolate; brownie de chocolate con frutos rojos; y vaso de frutillas con crema de limón y praliné de almendras.

La carta de vinos incluye variadas opciones de bodegas del sur mendocino, como Jean Rivier, Marco Zunino, Iaccarini y Bianchi, entre otras. Además, puede pedirse la Jarrita Al Antojo.

Lo cierto es que aquí se come muy bien y el chef tendrá muchos antojos a la hora de cocinar, pero uno como comensal con el único antojo que se va es para volver lo más pronto posible. Lo mejor de San Rafael y aledaños, sin dudas.

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