50º Best LATAM: La gran fantochada

Lobby sin Fronteras

Martes, 27 de septiembre de 2016

La nueva edición de los discutidos y polémicos 50º Best de Latinoamérica no deja de asombrarnos. Busquen en el diccionario de la RAE qué significa "fantochada" y se darán cuenta de la verdad.

Está claro que no se le pueden pedir peras al olmo. Los 50º Best están en decadencia y más aún en su versión latinoamericana. Algunos cocineros de renombre como Gastón Acurio y Alex Atala, hace rato que no aportan por estas fiestas grotescas.

Por un premio que cada vez significa menos, no vale gastar pólvora en chimangos. Este año México D.F. fue una fiesta. Una de pocos y afortunados que se caracterizan en hacer lobby sin fronteras. Porque para justificar lo injustificable, los propios jurados que comen gratis y luego votan (los periodistas) y los que se votan entre ellos (los cocineros), atribuyen esos extraños resultados a los extranjeros.

Pamplinas. Acá corre eso del "tanto tenés, tanto valés". Y este año, además, los organizadores y sus fantoches que manejan los hilos desde las sombras, fueron políticamente correctos. ¿O acaso es casualidad que los principales países de la región tuvieran nueve restaurantes designados? Es lo que pasó con Perú, México (el que puso el dinero para esta entrega de premios), Brasil y la Argentina.

Va de suyo que no todos estaban contentos. A nadie le gusta que otros ocupen tu lugar porque hicieron mejor lobby. Aún recuerdo cuando en abril de 2014, con un grupo de amigos fuimos a comer a La Molina (a unos 45 minutos del centro de Lima). Allí estaba lo que era la carnicería de Renzo Garibaldi, llamada Osso (hueso en italiano). Cuando Renzo nos dijo que "estaba trabajando para entrar en los 50º Best nos reímos", pues era solo una carnicería con una mesa grande en el fondo, nunca un restaurante, ni siquiera un "puertas cerradas".

Osso entró en la lista, aunque parece que hoy la casa se agrandó y es ya todo un restaurante, donde no sabemos si siguen obligándote a comer con las manos y con repasadores en lugar de servilletas, algo que no se condice con los 150 dólares que pagamos per cápita aquella vez.

Lo único positivo de esta edición 2016, es que Central siga en el primer puesto, y que ahora el segundo sea Maido. En ambos estuvimos y si fuéramos jurados (que eso no pase nunca por Dios) los habríamos votado, sin dudas. Entre los 50 y luego de los 36 que agrupan los cuatro países ya mencionados, Chile y Colombia figuran con cuatro restaurantes, Uruguay con dos, y Paraguay, Bolivia, Panamá y Venezuela (sí, en el país donde ni siquiera se consiguen servilletas de papel) con uno.

Empecemos por casa. Respecto año pasado perdimos un lugar. Tarquino, que cerró hace menos de dos meses, estaba en la lista pero lo volaron en tiempo récord. No sabemos cómo es el reglamento en este caso, pero suena a absurdo. Tanto como el apuro en informar a Londres (o adonde sea) de que había que sacarlo, total si ya molestaba.

Además, volaron Oviedo y Restó (se ve que ya ni siquiera respetan la trayectoria de Emilio Garip). Y entraron 1884 Restaurante (y cómo no, Francisco otra vez quemando todo) y Puratierra, que había salido en su momento. Mallmann, nobleza obliga, tuvo los huevos de renunciar como jurado cuando se dio cuenta de que esto era una fantochada.

De manera que hoy la Argentina cuenta con nueve restaurantes. Tegui siendo el preferido de los lobistas sin frontera (aunque bajó del 7º al 9º lugar). Luego están El Baqueano (subió del 15º al 13º) y tercero de nuestro país, Don Julio (21º puesto). Y aquí nos detenemos. Sabemos que la parrilla de Pablo Rivero es de alto nivel. Pero hay cosas que no se comprenden. Por ejemplo, que esté arriba de Chila y Aramburu. Absurdo, inentendible.

¿Qué pasó con La Cabrera? ¿Por qué Don Julio la pasó por arriba? ¿Por qué la bajaron del 19º al 33º lugar? ¿Cómo es la cosa: Don Julio subió mucho o La Cabrera bajó demasiado? Ni una cosa, ni la otra. Acá se ve una mano turbia. Tenemos ahora que salir en defensa de Gastón Riveira, porque le hicieron lo mismo que a Tarquino el año pasado, cuando lo mandaron al pozo, casi lo que era peor que no figurar.

Aramburu quedó cuarto (26º ubicación); Elena quinto (31º), luego La Cabrera (33º), Chila (35º), 1884 Restaurante (42º) y Puratierra (50º).

Siguen brillando por su ausencia Tomo 1, Darío Gualtieri Bistró, La Brigada (si de parrillas se trata) y La Bourgogne (aunque figura la de Punta del Este). Y ahora también Oviedo fue borrado del mapa. Mishiguene, que viene de estar presente en Nueva York, tampoco está en la lista.

Es verdad que no hay lugar para todos, pero realmente y sin quitarles méritos a los que sí están, en el juego de las comparaciones todo se hace más incomprensible.

Lo de Uruguay, por caso, es rayano con lo patético. El mejor restaurante del vecino país es La Huella, que con todos sus méritos a cuestas (que nadie se los quita) no deja de ser un parador de playa. Está en 23º lugar, en tanto La Bourgogne recién aparece 46º. Increíble, de Ripley.

NUEVE RESTAURANTES ARGENTINOS FIGURAN ESTE AÑO ENTRE LOS "50 MEJORES DE LATINOAMÉRICA". NO HAGAN CASO, SOLO ES UN CONTUBERNIO DE AMIGOS QUE SE VOTAN ENTRE ELLOS.

Los 10 primeros entonces, fueron los siguientes: 1 Central, 2 Maido, 3 D.O.M., 4 Boragó, 5 Pujol, 6 Quintomil, 7 Astrid & Gastón, 8 Maní, 9 Tegui y 10 Biko. Tres mexicanos en los top ten, si es que pusieron toda la torta.

El cuarto puesto de Boragó, pese a que bajó dos puestos respecto al año pasado, resulta muy discutible. Ya haremos nuestra crítica pertinente, por cuanto estuvimos allí en mayo último. Rodolfo Guzmán no parece darle mucha importancia al premio, ya que vimos los trofeos "herrumbrados" en el laboratorio del primer piso, lejos de la vista de los clientes.

Podríamos seguir formulando cuestionamientos, por supuesto. La lista da para todo. Como que este año quisieron abrir un poco el juego y pusieron a un paraguayo (47º Tierra Colorada) y un panameño (36º Maito).Y Bolivia sigue estando presente con Gustu, además de que a Kamilla Seideler, le dieron el premio de "Mejor Chef Mujer de América Latina 2016" (otro absurdo que continúen discriminando de esa manera a las cocineras).

Podrá decirse que cuando se opta por tal o cual lugar, la cuestión pasa por la subjetividad. Pero hay casos y casos. Y cuando todo pasa al reino del absurdo no hay sino contubernio. Nada de subjetividad.

Mientras en México estaban en los preliminares de la fiesta "inolvidable", uno estaba comiendo con su familia en La Brigada. Un lunes a la noche, 200 cubiertos, lleno de turistas (serán de los que no votan seguramente) y caras de gente feliz que come carne de animales criados a pasto y no "dinosaurios" con maduración de un año. Un empresario muy grosso, dijo que no entendía cómo este lugar no está en los 50º Best. Muy fácil de explicar: el dueño es morocho, tienen pelo largo y no le gusta el marketing. Y no les chupa las medias a los periodistas y a sus colegas que votan.

A Hugo la lista no parece importarle y lo bien que hace. No la necesita porque se escapa de las cámaras y su restaurante siempre está de bote en bote. No vende humo.

Por último, un aplauso para Virgilio Martínez y para Mitsuharu "Micha" Tsumura. Dos grandes que bien merecido tienen estar arriba de todos. Son la excepción que confirma la regla: los 50 Bestº son una verdadera fantochada en donde prevalece el lobby sin fronteras.



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