¿Cocina honesta o berreta?

Los "Antigourmets" muestran la hilacha

Jueves, 12 de abril de 2018

Esa cofradía "Antigourmet", integrada por habitués de bodegones, comederos de clubes de barrio y cuanto lugar "honesto" (eso dicen ellos) encuentre a su paso, abrieron un lugar indefinible en una esquina de Palermo. Allí queda en evidencia que su propósito finalmente era lucrar y no disfrutar de la comida.

¿Irías a un lugar que se define "Antigourmet"? Tal vez sí, a jugar al metegol o al sapo, pero no a comer. Al menos, no nos tienta molestarnos en acudir a un lugar para comer una picada, una milanga kilométrica onda La Farola (en este caso hacia arriba y no en forma horizontal), una tortilla o unos buñuelos hechos de apuro.

El lugar se llama "La Esquina del Antigourmet" y tiene pocas semanas de vida. Al parecer convoca mucha gente joven, quizá la misma que va a las cervecerías, se sienta en la vereda y hace eso de la salida una previa antes del boliche, sin prestar mucha atención a lo que comen y beben.

Pero detrás de esta esquina hay una historia (corta y poco rica en valores) que contar. Una historia de todos modos, aunque pequeñita. Se trata de los inventores de la "Guía Antigourmet", comedores de tortillas, milanesas fritas con aceite a veces pasable, a veces rancio, o guisos en los que no se puede determinar qué hay adentro. Es como que si no le ves la cabeza al animal, en determinados lugares no vas a saber qué carne te están sirviendo.

El grupo tuvo sus cinco minutos de fama, si hasta inclusive un seudoperiodista de ego exacerbado y pocas ideas se cansó de elogiarlos. Al principio caían simpáticos, pero... siempre hay un pero.

Para colmo de males, el pasado domingo en el diario Clarín, el periodista Hernán Firpo, un experto en escribir "notitontas", los recuperó para el mediatismo imbécil. La volanta dice: La Esquina Antigourmet. "Queremos ser la resistencia contra la gilada". Y el título más patético aún: "The Palermo Manifiesto: "Basta de hamburguesas".

Son tipos raros estos "antigourmets". Reniegan de las hamburguesas, que son precisamente el emblema de lo "antigourmet". Ellos solo son adoradores de papas fritas a caballo, milangas de cinco pisos y tortillas pasaditas de cocción.

Es curioso porque dicen en la "notinonta" que vieron a la tatuadísima hija de Tinelli en "un coso que se llama Up Town o algo así" (sic). Parece que en su ignorancia no se enteraron aún de que allí la cocina está a cargo de Dante Liporace. Bien, por las dudas les decimos que no es aquel viejo actor de la tele, sino un gran exponente de la renovación gastronómica de este país.

Contradicción 2: A Firpo le preguntan si quiere una "pinta". No es el lenguaje de un "antigourmet" que debería decir "birra" o simplemente "dame una cervecita". Ocurre que luego aclaran que las pintas artesanales las elabora uno de los cinco miembros del clan. Los "antigourmets" son excéntricos pero no comen vidrio (ni hamburguesas) y beben cerveza del socio.

Hemos perdido preciosos minutos entre partido y partido de fútbol domingueros, para seguir leyendo la "notitonta". Y vaya sorpresa, ahí enseguida aparece la Contradicción 3. Dicen los chochamus que "Palermo es "nada más que un terreno de desdichas culinarias; Palermo no existe". Pero entonces, ¿dónde está la esquina de Ravignani y Soler, en el Barrio Chino acaso? También aseguran que jamás fueron a un restó. Qué pobreza intelectual.

Hay varios "clubes berretas", como el de la Milanesa, el del Revuelto Gramajo y el de los Antigourmets. Pero éste es hasta se diría peligroso, si es que llegan a hacer escuela para que la gente coma mal solo porque es barato.

¿Cada loco con su tema no? Si quieren comer fritangas, que lo hagan. Si quieren beber pintas de cerveza artesanal, vaya a saber uno si con controles sanitarios incluidos, que las beban. Pero nos parece que gente que denosta a la "otra" cocina, la que crean los chefs con experiencia y trayectoria, la de los productos de elevada calidad, aun la de restaurantes que no están en la cresta de la ola pero que son muy buenos, conlleva un alto grado de ignorancia. De ellos y de quienes difunden sus burdas contradicciones.

Estos pibes, dice el inefable colega Firpo, "vienen de Junín". Lincoln es una ciudad que está muy cerca, Lincoln además es un gran restaurante que está a 20ó 30 cuadras de la Esquina Antigormet en otra parte del Palermo que, según ellos "no existe". Quizá les vendría bien a estos muchachos rumbear para el pago vecino en el noroeste bonaerense, a ver si abren los ojos y se dan cuenta de la verdad de la milanesa o al Alto Palermo donde hacen Alta Cocina.

O por ahí sucede que todo fue un show armado para tener marketing gratis de su comedero. Es que al final, los "antigourmets" mostraron la hilacha. Precisamente ellos, que hablan de "cocina honesta".

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