¿Qué gusto tiene la sal?

Lunes, 28 de febrero de 2011

La sanata no es patrimonio argentino. Como no bastaba con los sommeliers a secas, ahora llega el que te habla de la ¡sal! Fundieron bielas, definitivamente


Días atrás, el colega G.P. nos comentaba que ahora tenemos sommeliers de té. Y decía también que “imaginate ir a un restó y te atiende el sommelier de vinos, después aparece el de aguas minerales y por qué no, uno de gaseosas para los chicos”. Con los postres habrá un sommelier de café y otro de té. Una locura total. El arte de comer deja así de ser placentero y se transforma en una sofisticación abrumadora e inservible.


Pero bien, el amigo G.P. se ha quedado corto. Porque de acuerdo a un artículo aparecido en el diario inglés The Guardian, en algunos restaurantes del continente americano se informa a los comensales sobre el tipo de sal que les conviene utilizar a los clientes. Señores, han aparecido “selmelliers”, que en su equivalencia de traducción con los “sommeliers”, o expertos en vinos, se especializan en los secretos de la sal. Según señala la nota en cuestión, en una isla de Gales, un personaje muy particular recoge en un recipiente de acero, relucientes copos blancos que inspecciona minuciosamente. De él se escuchan estas palabras: “siempre es algo dificultoso tratar de obtener un producto estándar a partir de un recurso natural como es el mar. El agua cambia casi todos los días aunque conserva valores que son permanentes como nitidez y pureza, y de ella se obtienen unos copos blancos que reúnen las condiciones necesarias para ser utilizada en las comidas. Nos referimos a la sal”.


Hubo épocas en la historia en los que la sal ha llegado a tener el precio del oro. Basta con recordar que a los soldados romanos se les pagaba un “salario”, es decir con sal o con el equivalente que les permitía comprarla, de allí el origen de la palabra salario. Se han librado guerras por la sal y este producto ha intervenido en hechos históricos como la Revolución Francesa o la marcha de Mahatma Gandhi por el monopolio de la sal que desembocó en la Independencia de la India. La sal es un ingrediente esencial para la vida y, literalmente, el hombre no puede vivir sin ella porque el sodio es un componente fundamental del cuerpo humano que mantiene el organismo sano y ayuda a que las células absorban nutrientes.


Destaca The Guardian que en el campo de la gastronomía, también se está experimentando un cambio. Hasta hace muy poco el manejo corriente era con tablas saladas, venta de sal artesanal y sal marina. Ahora surgió la idea de incorporar en algunos restaurantes de América los “selmelliers”, que orientan a sus clientes sobre las cualidades y características de la sal que contienen los alimentos. La comparación que realizan quienes han sugerido y llevado a la práctica esta modalidad de información a los consumidores, es que con la sal sucede algo similar que con el vino. A la persona que disfruta con esta bebida pero se ha propuesto disminuir su ingesta se le recomienda que priorice la calidad. Para quienes desean estar seguros de que no incorporarán a su organismo más que la sal necesaria, se les ofrece alimentos menos elaborados y cristales de sal con una elaboración más controlada y con gustos diferentes. Entonces, habrá que tener en cuenta que cuando pida su comida, antes pasará por su mesa el especialista en sales, quien le dará cháchara por media hora y le recomendará lo que es mejor para su salud. Así es, el arte de comer dejará pronto de ser placentero para transformarse en una especie de castigo divino.


Video: Carlitos Balá, el primer "selmellier" del mundo



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