Phubbing: Perdón, número equivocado

Sábado, 31 de agosto de 2013
Insufrible costumbre de los tiempos modernos, el celular debiera ser apenas un medio de comunicación pero se ha transformado en un vicio intolerable. Y si estamos comiendo en un restaurante mientras el otro se la pasa mirando el aparatito, mucho peor. Se llama Phubbing.


En una reciente nota de FDO, titulada “Insufribles Gourmet”, nos referíamos a ciertas costumbres insanas que debemos soportar los que queremos una gastronomía limpia de vicios. Y uno de los peores vicios de estos tiempos es sin dudas el uso inadecuado del maldito celular. Más aún desde que éste es multiuso: para ver mails, contestar esos mismos mails, mirar cómo va tu equipo favorito en un partido amistoso, mandar sms, recibir sms, fijarte cuántos goles hizo Messi, hablar con tu jermu o novia, buscar un teléfono, y miles y miles de funciones más.

¿Resultado? El tipo o la mujer que te acompañan, no te dicen una palabra en toda la comida, o directamente cuando intentás mantener una conversación te cortan a cada momento porque han recibido un llamado, un mensaje, un mail o un whats app (que no sé qué es pero escucho mencionarlo a cada instante). La ilación no existe, la charla es una especie de coitus interruptus telefónico.

En mi familia tipo de cuatro miembros, soy el único que anda con su viejo aparato, cuyas funciones más complejas aún son un enigma para mí. Apenas puedo mandar y recibir llamados, y escribo un sms con la velocidad inversamente proporcional a la que tengo cuando escribo en el teclado de la computadora. Lo tengo para casos urgentes o para salir al aire por la radio.

Una imagen vale más que mil palabras. La foto fue tomada en el desaparecido Experiencia del Fin del Mundo, donde dos parejas de brasileños no dejaron el celular ni para tomar la bebida. Phubbing a pleno.

Por lo que sé, Tomo I es el único restaurante que ha puesto en su carta el pedido a los clientes de que apaguen el celular, o al menos lo tengan en vibrador. Una excelente idea, teniendo en cuenta que muchas veces la gente tiene no sólo el aparato encendido, sino también con el máximo tono de llamada posible, que se escucha de un lado al otro del salón. En otros casos, donde por ejemplo hay subsuelo, cava o lugares con paredes muy anchas, por ahí tenés la suerte de que no haya señal.

En fin, el placer de una buena comida no es sólo lo que nos mandamos para adentro. También es importante compartir una cena romántica con tu pareja, disfrutar plenamente de una charla entre amigos (la de la Cofradía del Cálculo, por ejemplo, donde casi no suena ningún aparato), aún conversar sobre negocios, o lo que fuere. Pero el teléfono portátil es un mal necesario de estos tiempos; el problema no es el aparato en sí mismo sino el modo en que cierta gente lo usa.

Por desgracia, en nuestro gremio periodístico abundan estas costumbres malsanas y nocivas. Alguna vez le hemos escondido el celular de un colega para que dejara de hablar, hablar y hablar. A los tipos les agarra la desesperación si no se los devolvés rápido, tienen una inmediata abstinencia móvildependiente. Y las tablets también son una plaga, con la excusa de que las utilizan para “trabajar” no dejan de teclear y mirar la pantalla. Eso no es disfrutar de una comida sino arruinar la comida, la propia y la de los demás. Por eso, desde FDO proponemos que los restaurantes hagan un descuento a quienes dejen su celular en el ingreso o al menos se comprometan a tenerlo apagado, o en todo caso en vibrador y que se utilice solamente en caso de emergencia. Basta de Phubbing. Que así sea.

 

 
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