La cocina basura o “fast food”, si se quiere ser un poco menos agresivamente, es tan poderosa que ya han sucumbido hasta los intransigentes franceses. Las nuevas generaciones tiraron la toalla y consumen cada vez más hamburguesas.
Podríamos llamarlo como la “maldición” de José Bové. Para aquellos que no lo recuerdan, esta productor francés, líder sindical de una fuerza increíble, fue protagonista décadas atrás de una saga “anti Mac Donald’s”. Fue capaz de atacar y destruir un local de la cadena estadounidense en su país, todo un símbolo de la intransigencia francesa a aceptar la hamburguesa. Nada menos que Francia, donde se hace un culto de la buena mesa, la cuna de la sofisticación y la elegancia hechas comidas. Pero es así, a “cada chancho le llega su San Martín”, y los datos de 2013 resultan harto elocuentes. En el país galo se consumieron nada menos que 970 millones de hamburguesas. “Le burguer” le ha ganado terreno a los sándwiches, de manera que la próxima vez que cocine bajo la sombra de la Torre Eiffel, Francisco M. deberá asar una hamburguesa y no calentar jamón y queso para colocar entre dos tapas de baguette (como lo hiciera en un programa de ElGourmet). La cuenta es simple: por cada sánguche ingerido por los franchutes, se comieron dos hamburguesas. Increíble pero real.
“Le burguer” va ganando terreno en la otrora incorruptible gastronomía francesa. En 2013, se vendieron en el país galo nada menos que 970 millones de hamburguesas.
¿Qué dirá José Bové? Recordamos que no sólo fue una adalid de la lucha contra los Mac Donald’s, sino también un líder antiglobalización. Un enérgico y fanático defensor de los subsidios de la Unión Europea a los productores de su país, el hombre que mandaba colocar tractores en las rutas y no dejaba pasar los camiones españoles, a los que consideraba competencia desleal. En definitiva, un talibán de la “multifuncionalidad”. ¿Qué esto? Nada más y nada menos que una excusa que encontraron los franceses para justificar los millonarios subsidios a los productores, precisamente para que no produzcan, para que se queden en el campo sin trabajar. Y también para que los “animales no sufran”, aunque seguramente mientras pregonaba una cosa se comía un buen pedazo de foie gras.
Curiosidad de las estadísticas
Hacia el año 2000, sólo se vendía en Francia una hamburguesa cada nueve sánguches. Y en 2007, una cada siete. El 75% de los restaurantes del país, al menos tiene una hamburguesa en su carta. Y en este rubro, crecieron las ventas un 40%. Dicen que la culpa la tiene la juventud, que adoptó las costumbres yanquis, en desmedro de las preparaciones que han hecho de Francia un paraíso gourmet. Mientras tanto, créase o no, en los Estados Unidos los tacos mexicanos les van sacando terreno a las hamburguesas. En casa de herrero cuchillo de palo, le dicen.