La Valpolicella es la tierra del Amarone, uno de los grandes vinos italianos, único en su estilo y que tiene a la Bodega Masi como un emblema indiscutido
A pocos kilómetros de Verona, la ciudad de Romeo y Julieta, se encuentra Valpolicella, donde Masi es sinónimo de Amarone, el gran vino italiano conocido en todo el mundo. Pero también hay que considerar sus atributos geográficos, que entremezclan las bellezas de las laderas montañosas prealpinas con las aguas del lago di Garda, el más grande del país, que aúna tres regiones de la península: Véneto, Lombardía y Trentino Alto Adige. Masi Agrícola, cuyo presidente, Sandro Boscaini, tuvo la amabilidad de recibirnos, junto al enólogo Andrea Dal Cin, tiene una férrea vocación para recuperar variedades que se creían perdidas. Es el caso de la Oseleta (originaria de la época del Imperio Romano), que se utiliza en la elaboración de Toar, un blend que también recibe los aportes de la Corvina y Rondinella para conformar un vino de culto. Precisamente, estas dos últimas cepas son las que se emplean, junto con la Molinara, en la composición final del Amarone, que dicho en buen lenguaje es un genérico de tres variedades (nunca decir trivarietal).
La familia Boscaini, propietaria de Masi, ha buscado siempre que su bodega sea un emblema de la vitivinicultura italiana. Para ello, siguen invirtiendo en la búsqueda de nuevos vinos, en la concreción de proyectos como el de Tupungato, en nuestra provincia de Mendoza, donde se elaboran el Passo Doble, Passo Blanco y Corbec; en la Toscana y el Trentino. Llegar a la comuna de Gargagnago di Valpolicella, no demandará ningún inconveniente al visitante que descienda del tren que ha partido de Milán con varios destinos, entre los cuales se halla Venecia. Desde la estación Verona Porta Nuova, un taxi nos conducirá hasta esta pequeña localidad en apenas media hora. Unico desde todo punto de vista, el Amarone debe su tipicidad a una forma diferente de elaboración, que desafía a todo lo conocido.
Como quedó dicho, la zona de producción es Valpolicella, en un radio de 19 comunas de la provincia de Verona. Su composición es variable según la añada, pero lo común es que se utilice entre un 40 a 70 por ciento de Corvina, 20 al 40 por ciento de Rondinella, y 5 a 25 por ciento de Molinara, y hasta se acepta un 5 por ciento de otras cepas como Rossignola, Negrar, Trentina, Barbera y Sangiovese. El Amarone Classico, inclusive exige que se empleen solamente uvas de las comunas de Negrar, Marano, Fumane, S. Ambrogio y San Pietro in Cariano. Se trata de un vino de color rubí oscuro, con aromas especiados, sabor pleno, aterciopelado. Su graduación alcohólica no debe ser inferior a los 14º. Pero hay dos conceptos que definen el concepto del Amarone. Uno de ellos es la doble fermentación, que como el propio Sandro Boscaini, presidente de Masi nos contaba, es la única “innovación revolucionaria” del último siglo en la Valpolicella.
La otra cuestión es el appassimento, palabra que en castellano no tiene un sinónimo, pero que significa deshidratar (uvas pasas) por un método que consiste en colocar la fruta en gabelas de madera de bambú de la laguna de Venecia. El proceso lleva varias semanas, y se realiza bajo techo en la propia bodega. Este método explica la alta graduación del Amarone, que contra lo que se pueda pensar no es un vino dulce como el Recioto, la otra creación de esta zona prestigiosa zona vitivinícola. Hasta los años ’70, el Amarone era considerado apenas una variante “seca” del Recioto. Recién en 1983, Masi sacó al mercado un vino en el que se utilizó una levadura llamada Saccaromices Bayanus, altamente alcohólica y que permitió obtener un producto muy concentrado, aunque al mismo frutado y fresco. Era el Amarone Masi, heredero del Campofiorin cosecha 1964, presentado en sociedad dos años más tarde. Así había nacido el primer vino con doble fermentación y el método ripasso. Una especie más refinada del noble Valpolicella Classico, vino para todos los días que se llamó Campofiorin, en homenaje a aquél de los ‘60. En la década del ’90, Masi se convence de la validez de un sistema enológico original e innovador: el appassimento de la uva. La idea era evitar la rusticidad y el exceso de acidez del vino que se elaboraba hasta ese momento. La solución encontrada consistió en sobremadurar la uva, con lo cual aparece la armonía y el equilibrio entre los distintos componentes de la fruta. Se trata de un proceso costoso pero al mismo tiempo de excelente performance.
El Amarone, en síntesis, es un vino de alta graduación alcohólica pero no dulce, que responde con claridad al terruño donde se produce, donde el principal descriptor primario que encontramos es la cereza, que se cultiva mayormente en la zona.
Masi logró afianzar una alianza con Serego Alighieri, con quienes tienen emprendimientos en común en la Toscana. Vecino a la bodega en Gargagnago di Valpolicella, se encuentra la Foresteria ubicada en un predio de 16 hectáreas, que comprende viñedos, parques y jardines. Con los frutos de la finca se elaboran vinos (en Masi), y mermeladas, miel, grapa, aceite de oliva, aceto balsámico y arroz. La propiedad fue adquirida en el año 1353 por Pietro, uno de los hijos de Dante Alighieri. Actualmente, allí reside Pieralvise, último descendiente directo del autor de la Divina Comedia, quien tiene dos hijas que llevan como segundo apellido el de su antepasado famoso. Pertenecen a la que se dice que es la familia más antigua de la península. Para arribar a la Foresteria, se toma la autopista A22 en dirección Verona Nord y unos 12 kilómetros más adelante se encuentra la salida de Valpolicella, donde se toma la dirección de S. Ambrosio, en total dos kilómetros más. Desde el centro de Verona, se habrán recorrido unos 25 kilómetros.
FDO pudo compartir una degustación dirigida, en compañía de un grupo de empresarios norteamericanos interesados en conocer las virtudes del Amarone. En paralelo, también se encontraban de visita varios funcionarios canadienses (país que tiene monopolio estatal en la comercialización de vinos y otras bebidas alcohólicas). Esos dos mercados son vitales no sólo para los vinos de Valpolicella, sino también para los de Mendoza. Tras los vinos, la hospitalidad de los Boscaini y su gente, las bellezas campestres de la Volpolicella, como si fuera poco, sólo nos quedó visitar la Arena (el Coliseo de Verona), en la piazza Bra, con sus restaurantes; el balcón y la tumba de Julieta, il castello, el río Adige y demás bellezas de esta ciudad encantadora. Una experiencia inolvidable.