Lástima que cruzar el charco cueste tanto como el avión a Córdoba o Mendoza. Pero vale la pena el esfuerzo. El encanto pueblerino de Colona del Sacramento, allende el río de la Plata, es una tentación para salir del bullicio de la gran ciudad. Y de paso deleitarnos con las callecitas de la Ciudad Vieja, con reminiscencias de la ocupación portuguesa. Las opciones para comer en Colonia no siempre resultarán positivas. Un chivito, parrilla uruguaya y no mucho más. Por eso recomendamos recorrer unos kilómetros por la Rambla de las Américas, camino a la zona conocida como Real de San Carlos. Por ahí cerquita, nomás, está la vetusta Plaza de Toros, abandonada, que dicen que nunca se llegó a utilizar. Siguiendo la rambla, nos topamos con el Sheraton Golf & Spa Resort. Su restaurante, Cava Real, es una de las mejores opciones de la ciudad y sus alrededores.
La cocina está a cargo de Proinsias O’Neill Landauer, chef uruguayo de origen irlandés. Proinsias sería Francisco, para nosotros. Y por eso todos le dicen “Pancho”. La propuesta consiste en platos de orientación mayormente mediterránea, con el agregado de insumos locales. Incluimos los vinos uruguayos, que vienen dando muestra de madurez en cuanto a su desarrollo. Y por qué no una cerveza Patricia. Vale destacar que los precios están destacados en dólares, de manera que un argentino que paga con tarjeta de crédito, por ejemplo, tendrá que pensar en que luego habrá un adicional del 15% en su liquidación. El chef propone pinchos de salmón marinado al limón con mix de hojas verdes; chipirones al stilo Puntaesteño (salteados en sartén a fuego fuerte, con cebolla de verdeo, ajo, vino blanco y pimentón español, con minitortilla de de papas); fiambres y quesos regionales para dos personas; linguini mediterráneos; lasaña del chef; tilapia sobre papas confitadas al tomillo, dúo de involtini de berenjena y zucchini; medallón de lomo al estilo norteño (sazonado con cinco especias, con puré rústico de arvejas y calabaza asada); ragout de cordero cocido en olla de hierro con papas quebradas.
Lo mejor de lo dulce, está expresado en la degustación regional (quindim, rogel, Ramón Novarro y zapallos en almíbar) y el Martín Fierro (tibio con queso soufflé gratinado y membrillos frescos en almíbar). Precio promedio: desde U$S 60.
Un restaurante de campo como los hay a montones en Italia. Peumayén, cuyos dueños son descendientes de alemanes del Volga, ofrece una cocina auténtica en la que se entremezclan platos autóctonos y de inmigrantes.