A diez años de su apertura, Cabernet se renueva incorporando como asesor al mediático chef Christophe Krywonis, que propone un menú con orientación mediterránea y francesa en particular, sin olvidarse de la parrilla argentina.
El local palermitano con un precioso patio adyacente al salón principal, le da marco a Cabernet, lugar que ha cumplido sus primeros diez años de vida, de la mano de Mario Kirchuk y Claudio Klamfer, también propietarios de Sullivan. Y para celebrarlo, han incorporado como asesor a Christophe Krywonis, chef conocido por la tele, pero que en su momento tuvo gran éxito con el restó que llevaba su nombre de pila y quien acredita una extensa trayectoria en la gastronomía. En el momento de su apertura, Cabernet ofrecía una cocina de autor más “aporteñada” y la vigente opción de parrilla que respondía –y aún responde-, a la exigencia del público extranjero que transita la zona de Plaza Serrano. Hoy el estilo ha virado hacia un estilo mediterráneo claramente identificado con lo francés, sin perder la esencia “parrillera” de origen.
La carta de “cocina” propone entradas como jambonneau (codillo de cerdo) persillé en su jalea natural, con pan de campo y pepinillos agridulces; burrata y mortadela con pistacho y aceite de oliva extravirgen; champiñones rellenos con jamón y queso provolone sobre compota de tomates asados; salmón rosado al natural sobre ensalada de endivias con huevo poché. Entre los principales, lomo Cabernet con gratin de papas lyonnais; cous cous de cordero y sus vegetales; mollejas en salsa demiglace y Oporto sobre compota de repollo; pesca blanca del día en manteca meuniere, almendras y fondue de puerros; risotto con ragú de pollo y variedad de hongos, y crêpes de ricota de cabra con tomate concassé gratinado. Los carnívoros pueden ir directamente al Gran Chorizo Cabernet (de puro cerdo marinado en vino); entraña de 350 gramos; tira de asado especial (500 gramos); vacío del fino del mismo peso; bife de chorizo y baby beef.
Cabernet festeja su década de vida con un cambio de estilo, y la incorporación del francés Chistophe Krywonis como asesor gastronómico.
Para concluir con lo dulce, las opciones son omelette surprise de maracuyá; créme brûlée de pistachos; moelleux de chocolate semiamargo; apple crumble con helado, y semifreddo de dulce de leche. Hay una completa carta de vinos, a buen precio. Además, se puede pedir copa de cualquier vino de la carta, a un tercio del valor de la botella. El servicio de mesa cuesta $ 20 y el valor promedio del cubierto, a diciembre de 2013, desde $ 300 los tres pasos.
Un restaurante de campo como los hay a montones en Italia. Peumayén, cuyos dueños son descendientes de alemanes del Volga, ofrece una cocina auténtica en la que se entremezclan platos autóctonos y de inmigrantes.