A cada uno la felicidad le pasa por un lado distinto. La del chef cordobés radicado en la ciudad de Santa Fe, esa noche estaba ahí: en el río que curó, en los vinos Flâneur que acompañaron cada paso y en la larga charla que quedó de sobremesa. Una velada de otoño, con platos para recordar.
"Convidar a alguien, es hacerse cargo de su felicidad todo el tiempo que ese alguien permanece bajo nuestro techo" - Jean Anthelme Brillat-Savarin.
Lucio Marini salió de su cocina a saludarnos, con esa cercanía que desarma cualquier formalidad desde el primer minuto. Había alegría y la seguridad de alguien que disfruta profundamente lo que hace, pero sobre todo de quien se emociona de verdad de recibir gente en su mesa.
La noche se desarrolló en Siete Ríos, el restaurante de cocina española y vinos ubicado en la Avenida Belgrano, en el centro de Buenos Aires, que acondicionó el salón y su espíritu para recibir esta mesa de prensa organizada en torno a la figura de Marini.
Un espacio con cava propia, carta construida desde el Mediterráneo y el Atlántico, y una hospitalidad que se alineó perfectamente con la del chef invitado.
El maridaje estuvo a cargo de Wine Marchands, representados esa noche por Hernán Bal y Silvina Muscarello, una dupla cuya dinámica se sintió natural desde la primera presentación.
Antes de servir, compartieron la historia detrás del nombre Flâneur: la figura del París del siglo XIX que caminaba la ciudad sin prisa, observando y dejándose llevar por el recorrido, concepto que terminó dando identidad a este proyecto de producción independiente Los Flâneurs.
Tuvimos la oportunidad de catar algunos de sus vinos, experiencia que fue creciendo junto con los platos y acompañando el ritmo de la cena.
El primer paso fue el que más nos quedó, a nivel personal, en la memoria: surubí curado con limón encurtido, berenjenas e hinojo. El Flâneur Orange Barrancas, lo acompañó con la acidez justa para que el curado brillara solo. Marini vive al lado del río en Santa Fe y lleva décadas sosteniendo que la cocina argentina le da la espalda al río mientras aclama el mar, así que esta entrada fue el guiño más claro de esa convicción.
Lo siguió un huevo a baja temperatura con papa, hongos y crocante - profundidad y abrigo sin volverse pesado- con el Flâneur Sauv Blanc Reserve como compañía.
El principal fue un cordero con papa, ajo y pera, con mucho sabor y carácter, al que el Flâneur Syrah Barrancas le dio el marco perfecto. Ninguno de los tres fue un plato de degustación, en el sentido de la pequeñez o la sugerencia: todos tenían desarrollo, fondo, la generosidad de quien cocina para que la gente coma bien y se vaya satisfecha.
El postre llegó como despedida, no como conclusión: chocolate, oliva y piña junto al Elisabeth Blanc de Blancs, liviano y preciso, sin competir con nada de lo anterior.
Al final de la noche, Marini volvió a salir de la cocina para sentarse con nosotros y quedarse conversando largo y tendido.
Nos contó que no fue gracias a la pasión por la cocina, sino a su formación en hotelería donde encontró lo que realmente lo mueve: el disfrute de recibir gente, cocinarles y hacer que la experiencia valga la pena.
Recordaba que eso lo traía desde la infancia, en los domingos de familia numerosa en Cruz Alta, Córdoba, viendo a su abuela levantarse a las 4 de la mañana para preparar canelones que la mesa devoraba en cinco minutos.
El registro de esas cocciones largas, de esos guisos dominicales, de ese campo vecino y del río Carcarañá cercano que luego, por trabajo y por amor, lo acercó en 2003 a Santa Fe Capital, es lo que hoy aparece en sus platos con una identidad que no se fuerza.
La charla fue derivando también hacia los años compartidos dentro del circuito gastronómico, los nombres que se repiten entre cocinas, proyectos y generaciones que llevan décadas cruzándose en este universo.
Había algo muy sereno en su manera de hablar sobre el presente. Sin necesidad de exagerar discursos ni construir personaje, transmitía la sensación de alguien cómodo con el lugar que ocupa hoy dentro de la gastronomía. Y eso se sintió en cada uno de sus platos.
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