Bao Kitchen - Dirección: Bonpland 1679, Palermo Hollywood; Av. Pueyrredón 1790, Recoleta. Teléfono: 4821-8289. WhatsApp: +54 911 3703 3931. Horarios: lunes a sábados de 12:00 a 16:00 y de 18:00 a 23:00. IG: @baokitchenargentina
Fuimos tres a Bao Kitchen y no precisamente a ver qué onda. Fuimos a confirmar algo. Cuando un restaurante se define como taiwanés en Buenos Aires, la vara sube sola. No es lo mismo diluirse en el rótulo "chino" que plantarse desde un origen específico. Esa decisión, de entrada, ya marca posición.
El espacio acompaña esa claridad. No hay exceso, no hay teatralidad. Nos sentamos, miramos la carta con calma y empezamos por donde había que empezar.
El primer plato fue el Gua Bao Taiwanés: pancitos al vapor con panceta de cerdo braseada en salsa de soja, acompañados de kimchi, lechuga, maní tostado y cilantro. Los abrimos, los miramos, los probamos. Pan liviano, casi etéreo; panceta tierna, sabor equilibrado; todo en sintonía sin necesidad de espectáculo.
Después llegaron los Hong You Chao Shou: 6 dumplings 100% artesanales, cocidos al vapor, rellenos de cerdo y hojas verdes, servidos en una salsa de aceite rojo casero con maní y sésamo tostado. Cada bocado mostraba cuidado en la textura y en la temperatura; nada exagerado, todo meditado.
Seguimos con el Dan Dan Mian de cerdo. Su origen es Sichuan, pero la interpretación aquí busca balance antes que impacto: fideos caseros que sostienen el plato con carácter propio y especias medidas.
El Curry Jade llegó después, un curry amarillo thai con espinaca fresca, boniato y salmón blanco, servido con arroz, que aportó delicadeza aromática apenas se asomó a la mesa y un contraste que amplió la paleta sin romper la coherencia. Muy reconfortante en todos los sentidos.
Los postres concluyeron la comida con claridad. Probamos el dulce de papaya casero con leche de coco, nueces y helado de coco, y también el Choco-Coco-Cake, un budín de chocolate acompañado de helado de crema americana. Para acompañar la experiencia elegimos el Uva Spritz, un cocktail refrescante, sin alcohol, que se integró a la mesa y aportó un guiño moderno sin alterar la tradición taiwanesa, donde las comidas raramente incluyen bebidas alcohólicas.
Detrás de todo esto está Meilin Klemann. Y no es un dato menor. Hay formación, hay tradición familiar, hay cocina transmitida con rigor. Bao Kitchen abrió en Recoleta en 2016 y hoy, casi una década después, sigue sosteniendo la misma identidad.
En Palermo, además, la experiencia se amplifica porque la cocina está a la vista. Un gran ventanal deja ver un espacio amplio, activo, perfectamente organizado. Observamos ritmo, concentración, método. No es un recurso decorativo. Es transparencia. Si vas a trabajar con precisión, podés mostrarlo.
La propuesta dialoga con una tradición china anterior al comunismo, con valores que en Taiwán siguen vigentes. Falun Dafa forma parte del trasfondo cultural del proyecto, aunque no se anuncie en la mesa. Se percibe en la consistencia y en la manera de sostener principios, sin necesidad de convertirlos en discurso.
Llama la atención que un restaurante con casi una década de trayectoria y este nivel de ejecución, tenga escasa presencia en celebraciones oficiales vinculadas a la cultura china en la ciudad.
La ausencia no responde a criterios gastronómicos. Responde a una identidad espiritual que no coincide con el régimen comunista chino actual, bajo el cual esta práctica ha sido perseguida. No condiciona la experiencia en sala, pero sí explica por qué aquí la coherencia no es estrategia: es convicción.
Bao Kitchen no intenta gustarles a todos. Tiene un origen definido y construye desde ahí. Y cuando una cocina sabe exactamente quién es, la experiencia se siente sólida.
El mito que nació el 24 de marzo de 1935 en Medellín, con la absurda muerte del Zorzal Criollo, dice que "Gardel cada día canta mejor". A la cortada que lleva el nombre del cantante más popular de nuestro país, llegó un peruano que "cada día cocina mejor". Raúl Zorrilla Porta, de solo 35 años, se ha convertido no solo en referente de la culinaria peruana en Buenos Aires, sino también en una "máquina de crear". Llegó a estas tierras de muy joven para estudiar Comercio Exterior, pero una casualidad lo llevó a dedicarse a su gran pasión: la cocina. Aquí su historia. Y la vuelta de Kamay al barrio que lo vio nacer.
Conocemos a Fernanda Tabares desde hace muchos años. Con intermitencias, hemos asistido a la vieja casona del barrio de Saavedra, donde desarrolla una cocina que ahonda en la infancia, en la cocina casera, en la emoción del recuerdo de lo que nos hacían nuestras abuelas y madres, por qué no también abuelos y padres. Raíces no es un bodegón más, es "el bodegón", donde conviven los platos que ya no son tan habituales o que la chef ha reinterpretado. A continuación, van nuestro comentario y también el de Carla, que pertenece a otra generación como periodista acreditando, además, su identidad peruana. Dos versiones para un mismo lugar.
Casi dos años más tarde, volvimos a Somos Asado. No es una parrilla tradicional ni lo quiere ser: sí un restaurante de carnes con las propias interpretaciones de Gustavo Portela. Por otra parte, la estructura edilicia permitió armar distintos espacios dentro de lo que fuera en su momento una fábrica de camisas del abuelo de Verónica Krichmar, maître del restaurante y esposa del chef.