LA CARNICERÍA DE TITO

Un sello argento en el corazón de Lima

Domingo, 21 de diciembre de 2025

Entre cortes, parrilla y charcutería artesanal, un legado argentino sigue vivo en Miraflores, trasladando la técnica y nuestros sabores a cada mesa.

 La Carnicería de Tito - Dirección: Av. 28 de Julio 1286, Miraflores, Lima, Perú. IG: @lacarniceriadetito

Cuando se piensa en un viaje que combina familia, recorrido gastronómico e historia, pocas experiencias se sienten tan intensas como la que vivimos en La Carnicería de Tito, en Miraflores.

Apenas cruzamos la puerta, hubo algo que nos devolvió inmediatamente a casa: una impronta 100% argenta en medio de una ciudad distinta, un lugar que, sin decirlo, lleva la identidad de la parrilla argentina por donde se mire.

La historia empieza con Luis Héctor "Tito" Milozzi, un argentino formado entre fiambrerías y mostradores, donde cada corte se aprende mirando y haciendo. A los 17 años viajó a Nueva York, llevando consigo ese oficio y estilo argento que encontrarían espacio para crecer y consolidarse.

Años después decidió instalarse en Lima y abrir su propia carnicería, respetando el producto, la técnica y la línea que había perfeccionado. Con el tiempo, su nombre se volvió un punto de referencia entre parrilleros, cocineros y amantes de los buenos cortes.

Hoy Aldo Milozzi, su hijo, continúa ese camino con convicción y compromiso, quien nos recibió con un abrazo y una mesa lista, transmitiendo de inmediato la sensación de estar en un lugar donde todo se hace con respeto por el oficio y la tradición.

Empezamos con unas empanadas de carne, crocantes por fuera y jugosas por dentro, seguidas del clásico matrimonio (chorizo y morcilla), con ese sello argento que solo se logra con años de experiencia y dominio del producto.

Luego se sumaron unas mollejas doradas y tiernas, trabajadas con una precisión que refleja esa mezcla de herencia argentina y la mano propia que Aldo fue afinando con los años.

Se nota en cómo trata el producto, en los tiempos y en el punto, logrando que algo tan simple en apariencia salga con una profundidad distinta. Ese balance entre lo aprendido y lo que él mismo construyó a su manera, se siente en cada bocado.

Más adelante llegaron las carnes, entre ellos una marucha impecable que sí o sí tenía que mencionarse en esta experiencia, ya que es una pieza que exige técnica y paciencia para que luzca y se presente como corresponde.

No puedo evitar mencionar que llegamos a este lugar gracias a José Luis Castro, referente de cortes y ahumados en el Perú y gran amigo de la casa. Su presencia completó la experiencia, sumando contexto, historias y una mirada técnica que transformó el almuerzo en algo más profundo.

Todo acompañado por vinos argentinos, que crearon un puente entre nuestra vida en Buenos Aires y esta mesa limeña.

No nos podíamos ir sin probar parte de su charcutería artesanal, elaborada con una prolijidad que sostiene el prestigio que este apellido tiene desde hace años.

El cierre llegó con tres postres memorables: un flan con dulce de leche, una carrot cake de la casa y una reinterpretación del "vigilante" (batata y membrillo) servida de una forma poco convencional, vistosa y, sobre todo, exquisita.

La Carnicería de Tito no es una parrilla argentina más en Lima. Es una mesa que celebra dos culturas, un legado familiar y la pasión por el producto, que sigue creciendo con la misma honestidad con la que empezó.

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