Un secreto oriental entre las vías y el túnel

Obi Bar, íntimo y japonés

Martes, 9 de mayo de 2017

Lucio Farías es el alma de Obi Bar, un pequeño restó en el que da rienda suelta a su talento para interpretar recetas orientales, y japonesas en particular. Como para demostrar que no todo es sushi.

Obi Bar- Avenida Santa Fe 5259, Teléfono: 4777-8279. Abierto de lunes a sábados de 19 a 23.30; pago en efectivo.


Tipo de Cocina: Japonesa

Barrio: Palermo

Precios: $$$


En esa extraña vereda sobre la Avenida Santa Fe y Ravignani, junto al túnel que une Cabildo con Santa Fe y muy cerca de las vías del Mitre, uno podría esperar encontrarse con una verdulería, pizzería, peluquería o panadería.

Pero sorprendentemente, nos topamos con Obi Bar, un pequeño restaurante con sólo cuatro mesas adentro y tres en la vereda, con su ambientación minimalista (lucecitas rojas, espejos y cuadritos con imágenes japonesas). Un lugar ideal para una cita.

El chef propietario es Lucio Farías. De padre y hermanos con cinturón negro en karate, a él también le interesó siempre la cultura japonesa, pero lo suyo no son las patadas, sino las sartenes y los fondos de olla.

Hace seis años, después de un recorrido laboral en restaurantes de alta gama y de cerrar El Beso (su anterior restaurante, pionero en incorporar cocina asiática a Buenos Aires), este simpático personaje abrió Obi Bar, que parece una pieza de origami.

Kally, la camarera, nos trajo la carta y después Lucio en persona vino a explicarnos que las opciones que figuraban aún eran las de primavera y verano, y que por ende las estaba cambiando.

Por tanto, no había ensalada pero sí ramen, aunque este plato no estaba entre las opciones de la carta.

Precisamente, ramen (sopa japonesa) era lo que habíamos ido a probar, por lo que lo pedimos como principal, y de entrada unas gyozas de pollo y langostinos servidos con una salsita deliciosa ($80).

El ramen de cerdo ($165), hecho a base de caldo casero, fideos de arroz, vegetales, hongos, salsa de soja, jengibre, y alguna magia más del chef, nos devolvió el alma al cuerpo.

Como dice un amigo, "sentís que estás comiendo algo sano, pero que no deja de ser delicioso". Existe la opción de pedir un solo ramen para compartir, que llega a la mesa dividido en dos bowls, para probar más variedad de platos.

Cabe señalar que las preparaciones no son recetas tradicionales japonesas seguidas al pie de la letra, sino que el chef pone su impronta utilizando inclusive algunos ingredientes locales.

La cena lleva su tiempo, ya que Lucio es el único a cargo de la cocina y prepara todo en el momento, fiel al espíritu nipón. Pero la ambientación y la música hacen que la espera resulte amena.

El menú cambia según la estación, aunque hay platos que no se van nunca, como los donburi y noodles (fideos saltados) con vegetales; con panceta, cherries, pollo y champiñones; o bien con frutos de mar.

Para beber van mejor los vinos blancos y la cerveza. Vale la pena visitar este rincón escondido junto a las vías, y saborear las delicias de un chef sui generis que decidió que la intimidad, la delicadeza y los buenos precios no tenían por qué ser excluyentes.

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