Editorial

Tanto tenés, tanto valés

Martes, 21 de agosto de 2018

Expertos en marketing y relaciones públicas orinan fuera del tarro, cuando diferencian el trato con los periodistas según sea el medio en el que trabajan. Así es que a unos les dan todo y a otros las migajas, quizá a veces ni siquiera eso.

Quienes son apasionados por la gastronomía y leen los escasos medios de prensa que permanecen vigentes, se preguntarán qué secretos hay detrás de una nota periodística, de un viaje de prensa, de la relación entre empresas (sobre todo restaurantes y bodegas) y periodistas.

Hay de todo en la viña del señor, pero lo peor es cuando hacen diferencia entre colegas de medios masivos y colegas kelpers, como somos los que no trabajamos en los grandes diarios y revistas donde la gastronomía es poco valorada por los editores.

Si dejamos de lado el amiguismo, que también prevalece a menudo, nos encontramos con un trato diferenciado que no pone colorado a quienes son beneficiarios de ciertas prebendas que el resto de los mortales (periodistas) ven pasar de largo.

Los privilegiados si hasta reciben cursos de capacitación para que no escriban huevadas, cuando piden botellas (nótese que lo decimos en plural porque no es una botella sino varias) de los vinos más costosos les dan y si no piden también, los eligen para los viajes más importantes y ocupan las sillas en los eventos exclusivos reservados para unos pocos privilegiados. A los demás, si piden pan no les dan.

Quien esto escribe, tuvo la suerte de que su primer y único gerente que lo designó como jefe de Prensa de una importante empresa, le diera precisas instrucciones sobre cómo manejarse con los periodistas. Y una de las cosas que resaltó es que no hay que hace diferencia según el medio en el que el periodista trabaja.

Pero esto es algo que no ocurre con asiduidad. A uno, como profesional, le importa más que lo valoren por su trabajo que por su lugar de trabajo. Pero por lo general, esto no es así.

Las razones de nuestro jefe eran muy claras: quien hoy está en un medio chico y por eso lo subestiman, mañana puede estar en un diario de tirada nacional o en la televisión y te va a tratar mejor si vos lo valoraste cuando no era menos conocido.

De todas maneras, la masividad en gastronomía es muy relativa. Porque se da el caso de que una nota en una sección determinada de los diarios de distribución nacional puede ser leída por menos lectores que en medios no masivos pero sí específicos. Así, un artículo en un medio digital como Fondo de Olla © puede llegar al público interesado y no a muchos que pasan de largo la página porque el tema directamente no les interesa.

Esto debieran saberlo los marketineros, así como las agencias de prensa y/o los responsables de relaciones públicas y prensa de las propias empresas.

Para colmo de males, hoy tenemos la competencia de los influencers, que por ahí ponen recetas de sánguches y con eso los ponen como cara visible de un banco (aunque los tipos no sepan escribir ni dos palabras juntas). O peor aún, una selfie vale mucho más que una nota de opinión sobre todo si quien postea es una agraciada señorita muy ligera de ropas.

Contra eso el periodista, viejo, pelado y panzón, no puede competir. Y menos todavía si no escribe en Clarín o La Nación.

Esta nota podrá parecer muy de nuestra profesión para adentro (y es verdad). Pero no se crean que estas situaciones no se trasladan luego al texto de una nota periodística. Solo basta leer entrelíneas y los lectores se darán cuenta de que algunos contenidos son "comprados". Y no ya los de Content Lab, que todo el mundo sabe que son notas pagas.

En nuestra larga trayectoria como periodistas nos ha pasado de todo, y la verdad sea dicha, la rama gastronómica ha sido la más jodida de todas. No existe la solidaridad entre colegas, hay mucha envidia y recibimos con frecuencia tratos diferenciados de acuerdo al medio que representamos.

En el caso personal que nos atañe, ha sucedido que alguien que lleva las relaciones públicas de una bodega no te salude (nada más que por una cuestión de buena educación), que nos haya desclasado otra por tener un pensamiento político diferente, y hasta a veces por razones que nunca entenderemos (ni lo sabremos jamás).

En estos casos, lo mejor es mantenerse lo más alejado posible de los amiguismos y de los excesos de confianza. Lo importante es que nos respeten por lo que hacemos y no por dónde lo hacemos.

El tiempo decanta todo. A la larga, lo que vale es la trayectoria y la ética, ésa misma que les falta a los que tratan diferente a los periodistas según les sirvan más o menos. Es simple: tanto tenés, tanto valés. Claro que quienes ejercen este criterio, son verdaderamente injustos e ingratos. 

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