Anticinéfilos

Pochocleros insufribles

Domingo, 12 de noviembre de 2017

La exótica moda de comer pochoclos, otra infiltración que viene del norte, es una tragedia para los cinéfilos. Enormes cajas de cartón repletas de palomitas de maíz tardan una película entera y consumirse. Si el vecino de butaca te mastica al lado, seguro que tus nervios te impedirán disfrutar de la peli. Que para eso vamos al cine.

Qué época aquella en que los viejos cines de barrio te permitían ver por el mismo precio nada menos que tres películas en continuado. Y a la sumo, el señor con la bandeja te vendía alguna bebida y un maní con chocolate, que se consumía rápidamente.

Hoy las cosas han cambiado (y para mal). Más allá de que la tecnología nos permite acceder a nuevas formas de ver una película, al mismo tiempo los cambios han traído una costumbre poco feliz para quienes van al cine a disfrutar del séptimo arte y no a comer a mandíbula batiente.

Dejemos de lado la frustrada tendencia a dar de comer dentro de la sala como si estuviéramos en un restaurante, que en su momento tuvo a dos eximios referentes de la cocina como Martín Molteni en el DOT y Pablo del Río en el Village Maipú, de Mendoza.

Vayamos a algo más simple que eso. A los pochoclos, con sus enormes cajas de cartón (sólo la mediana contiene 200 gramos), que son ingresadas a las salas por adolescentes impúberes, jóvenes modernos y hasta por algún viejito que se quiere hacer el pendex acompañado por la rubia de turno, representaban un pingüe negocio. Y encima hay otras cajitas "infelices" de 375 y de 450 gramos para compartir.

¿Se imaginan si estuviéramos viendo una película de Ingmar Bergman, el genial cineasta sueco, mientras el de al lado le da a los pochoclos sin parar? Imposible soportarlo.

Encima algunos dicen que los pochoclos, palomitas de maíz, pororó o pop corn, como quieran llamarlo, no contienen demasiadas calorías. Pero no es así. Según un estudio realizado por la Fundación Daat (Inteligencia en el Tratamiento de la Obesidad y la Diabetes) que publicó hace algunos años el periódico Perfil, un envase mediano de pop corn aporta nada menos que 797 calorías y equivale a tres platos de fideos, casi una docena de medialunas y diez cucharadas de azúcar.

El trabajo se titula "Qué consumimos al comer pochoclo", y revela que sólo el envase mediano de 200 gramos, si se lo termina, representa el 40% de las calorías que requiere diariamente un adulto. La Fundación Daat señala con énfasis que "los pochoclos son un alimento altamente nocivo para la salud".

¿De dónde surgió esta costumbre de comer pochoclo en el cine? Según leemos en el sitio "Los Por Qué", el origen de esta costumbre se remonta a finales de los años '20 del siglo pasado, más específicamente al período histórico denominado como "La Gran Depresión".

Ante la necesidad de satisfacer la demanda del público que asistía a los cines, se buscaba un alimento "barato, rico y accesible". Dice el sitio especializado en responder interrogantes, que "en un principio, el consumo de maní surgió como una alternativa, pero dejaba demasiados residuos en las salas de cine, mientras que los caramelos no ofrecían grandes beneficios económicos para los fabricantes. Así es como la fórmula de cine + pochoclos comenzó a tomar fuerza y a asentarse hasta nuestros días".

Y luego se pregunta quién instaló este hábito: "se atribuye esta idea a Julia Braden, una mujer oriunda de la ciudad de Kansas (EEUU), quien vio una posibilidad de negocio e ideó el plan perfecto para tener contento al público a un bajo costo: colocó por primera vez un puesto ambulante de conos con palomitas de maíz en el hall del cine". Julia te odiamos.

Los pochoclos se hacen con maíz pisingallo. La Argentina es el principal exportador mundial de esta variedad. Es originario de México y también se lo conoce como reventón o rosetero. Tiene un valor de mercado más alto que el tradicional.

Pues bien, como los tiempos cambian, no descarten que en el futuro los pochocleros expandan sus gustos personales con tal de molestar a los que realmente van al cine a disfrutar del arte. Y así llevarán a la sala:

Un paquete de tostis

Papas fritas de paquete

Una manzana

Una mandarina (en este caso no por el ruido sino por el olor)

Cantucci italianos o bay biscuits

Galletas marineras

Turrón de almendras

Galletas de arroz

Y de última, también podés llevar al cine una bolsa de Doggie, total la comida de perros es apta para el consumo del ser humano.

Dicen que si en los complejos cinematográficos no se vendiera pochoclo, las entradas costarían un 50% más. No sería mala idea entonces poner salas exclusivas para no pochocleros. Al menos nosotros estaríamos dispuestos a pagar la diferencia para ver la película en paz.

Foto: Municipalidad de General Madariaga

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