Editorial

¿Alimentos sanos?

Lunes, 13 de marzo de 2017

La discusión sobre si los alimentos artesanales (incluyendo a los orgánicos) son en todos los casos mejores que los industriales, no es nueva ni tiene reglas fijas. El tema lo puso sobre el tapete el diario La Nación este sábado, pero Fondo de Olla ya se refirió a esta cuestión en reiteradas oportunidades.

Es importante que un medio masivo de se ocupe de un tema candente como lo es el de los productos artesanales. Es que existe un mito que señala que siempre los alimentos no industriales son mejores que los que se elaboran a nivel masivo.

El colega Sebastián Ríos, en el suplemento Sábado del diario de los Mitre y los Saguier alude ya en el título de la nota en cuestión, que existen "dilemas de una moda global".

La moda a la que se refiere el colega es la exacerbación del consumo de productos orgánicos, naturales y/o artesanales frente a lo industrial, que no es puro, porque tiene química incorporada.

La pregunta es, en todo caso, si vale la pena comer un queso de cabra hecho por un productor artesanal sin ningún tipo de control bromatológico (por más rico que sea), cuando estamos poniendo en riesgo nuestra salud. Por el contario, un queso industrial que proviene de una fábrica en la que hay controles permanentes del SENASA y que tiene garantía de ausencia de enfermedades en los animales que proveen la leche, podría no ser tan rico pero te asegurás de que no vas a correr ningún tipo de riesgos.

Ya sabemos que los quesos no pasteurizados (de leche cruda) son mucho más sabrosos y ofrecen mayor cantidad de aromas que los que sí lo están. Pero la legislación argentina no los autoriza, salvo el caso de los que han sido madurados por más de 60 días.

Hace dos años, vino al país el científico español José Miguel Mulet, autor de "Medicina sin engaños" y profesor de la Universidad de Valencia, todo un estudioso en el tema.

En su momento, Fondo de Olla se refirió a las polémicas declaraciones de Mulet, que vale la pena refrescar para que no queden dudas. Antes, vale recordar también que el doctor Raúl Murray, expresidente de la Sociedad Argentina de Nutrición y actual coordinador del Grupo de Trabajo de esta institución, señaló que "la tendencia de volver a la comida natural no es más que un capricho de quienes tienen la heladera llena".

Y agregó que "hay un exceso de miedo a lo tecnológico, y se le miente a la gente dándole productos que son tan artificiales como los otros, pero cambiándoles el formato o el mensaje". Mónica Katz, conocida especialista en Nutrición, manifestó por su parte que "si no contáramos con los avances tecnológicos, no sería posible alimentar al mundo". Ahora sí vayamos al grano. Mulet afirmó durante su visita al país que "gracias a los conservantes, tenemos a raya a enfermedades como la salmonella, el botulismo y la brucelosis". Es decir que los conservantes se usan para producir alimentos más seguros, al prevenir la acción nociva de microorganismos cuando éstos se deterioran. Respecto a los transgénicos, el científico español sostuvo que "no hay ningún argumento científico, social ni económico que nos pueda hacer estar en contra", y que "los estudios sobre los presuntos peligros del glifosato rozan lo patético". 

Fondo de Olla ha encarado muchas veces el tema de los productos orgánicos, los biodinámicos y la supuesta aunque nunca demostrada peligrosidad de los organismos genéticamente modificados. Hemos observado también cómo, con cierta liviandad, algunos chefs (e inclusive periodistas) que jamás pisaron un campo sembrado con soja, vociferan contra los transgénicos al tiempo que utilizan brotes de la oleaginosa en sus ensaladas, como si fuera posible encontrar soja orgánica entre nosotros.

Cualquier aseveración que hagamos, está avalada por argumentos científicos, mientras los fundamentalistas ecológicos solo contribuyen alegremente a que la gente esté mal informada.

Hay en la tele mediáticos como el chef Pablito Martín y escritores que crean confusión en la gente con una catarata de comentarios que solo demuestran su fanatismo alimentario. Sería bueno saber si alimentan a sus hijos pequeños solo con verduritas y leche de almendras. Mulet también es autor del libro "Comer sin miedo", en el cual desmitifica a quienes señalan que los alimentos orgánicos son más sanos que los industriales.

Desde la Sociedad Argentina de Nutrición, señalan que "gracias a la implementación de los alimentos transgénicos, se ha aumentado inmensamente el rendimiento de muchos cultivos como la soja, el maíz y el trigo". Corregimos: el trigo no es aún transgénico a escala industrial; sí hay que recordar que Norman Bourlag, el padre de la Revolución Verde, ganó el Premio Nobel de la Paz por haber creado una variedad híbrida (no tránsgenica) de trigo mucho más productiva que la común.

Otra definición de la SAN, destaca que "tanto los cultivos a gran escala como las huertas familiares, usan las mismas semillas y los mismos pesticidas, razón por la cual hacer la diferenciación de un producto natural y otro industrial, no tendría diferencias significativas y resulta más un negocio de determinados grupos que demonizan a la industrialización alimentaria". La ciencia está por encima de todo. Fuera de ella, encontramos barrabasadas como las que dice el chef ya mencionado, quien abreva en el esoterismo del exniño prodigio Claudio María Domínguez: "bienvenida la moda que ayuda a alimentarse mejor".

Pero las modas suelen ser estúpidas. Está bien comer productos orgánicos y artesanales, si uno tiene el bolsillo lleno y si existen garantías sobre la inocuidad de esos alimentos.

Lo que no se admite es cualquier tipo de fanatismo alimentario. Y hay que prestar atención, porque no todo lo que reluce es oro y a veces nos podemos llevar una sorpresa desagradable que pagará con creces nuestro propio organismo.



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