Editorial

La novela de los limones

Domingo, 5 de febrero de 2017

El elevado precio de los limones no constituye ninguna novedad en esta época del año. Sin embargo, chefs que se ufanan de utilizar solo productos estacionales (y el limón se cosecha en otoño e invierno), esta vez le echaron la culpa a Donald Trump (justo una vez en que no tenía nada que ver).

La cuestión es que los limones argentinos por fin iban a ingresar al mercado de los Estados Unidos, tras años de gestiones realizadas por los sucesivos gobiernos argentinos.

La administración de Obama había resuelto dejar sin efecto la medida proteccionista que sobrevino, por razones fitosanitarias desde el año 2001 a la fecha.

El diario Página 12, siguiendo su ruta del relato Kirchnerista, en un artículo absolutamente tendencioso, dio a entender que el gobierno actual echó por tierra el esfuerzo realizado por CFK en favor de las exportaciones argentinas. Justo ella que puso trabas a través de Guillermo Moreno a la exportación de alimentos, bajo el pretexto de proteger "la mesa de los argentinos". Los resultados demostraron que no se exportó y los precios se fueron a las nubes de todas maneras.

Las gestiones contra el lobby californiano comenzaron mucho antes de que CFK estuviera al mando del gobierno nacional. Y la visita de Obama al país el año pasado, aceleró la autorización para exportar a USA.

EL PRECIO DE LOS LIMONES SUELE SER ELEVADO EN ESTA ÉPOCA DEL AÑO, EN QUE NO HAY PRODUCCIÓN. DE MANERA QUE NADA TIENE QUE VER LA MEDIDA DE DONALD TRUMP DE SUSPENDER LA LIBERACIÓN DEL MERCADO DE LOS EE.UU. A LOS LIMONES TUCUMANOS. 

Antes y ahora, los limones tuvieron precios que durante el verano se elevan considerablemente por encontrarnos fuera de la estacionalidad del producto, que como todos los cítricos se registra en otoño e invierno.

Si a ello le agregamos eventuales problemas climáticos en la principal zona de producción (Tucumán posee el 84% de los limones argentinos), o aun los valores de exportación son favorables, tendremos una mayor incidencia en el alza de los precios durante los meses de verano.

El limón tucumano que se consigue mayormente en esta época, es de baja y mediana calidad, por lo que es un detalle que consumidores, cocineros y dueños de restaurantes no debieran desconocer.

Un salvavidas de plomo parece ser la importación temporal del producto, desde Chile y España (en este caso proveniente de España, a valores muy superiores por los costos de flete, impuestos, etcétera).

Lo real y concreto es que este año hemos visto en los súper y las verdulerías minoristas precios obscenos, cercanos a los 100 pesos el kilo, que luego fueron bajando pero no por debajo de los 60 pesos.

A fin de la semana pasada, en el Mercado Central de Buenos Aires, el precio del limón en cajones osciló en los 36 pesos, por lo que no debe sorprender que al público el producto costara aproximadamente el doble.

El limón chileno (CENCOSUD es responsable de estas operaciones con el vecino país) salía del Mercado a un valor parecido, mientras que los Eureka españoles (importados en cantidades poco significativas) trepaban a los 65 pesos. En este caso, no hay manera de que el kilo cueste menos de 100 pesos al consumidor.

Los datos estadísticos señalan que la Argentina es el primer productor y segundo exportador mundial de limones. En este marco, Tucumán aporta el 84% de los limones del país, cultivados en una superficie de 35.000 hectáreas.

La Unión Europea recibe el 76% de las exportaciones de limones tucumanos, seguida por Europa del Este, que compra el 19%.

Siendo el principal productor mundial, la Argentina no debiera tener problemas en abastecer el consumo interno y a su vez contar con un significativo saldo exportable.

Pues bien, dentro de esta situación de precios elevados, muy común en la frutihorticultura en la que mandan la oferta y la demanda, no podemos echarle la culpa a Donald Trump. El flamante presidente de USA decidió suspender por 60 días la autorización de los limones argentinos a su territorio. Y esto es algo habitual en los gobiernos que asumen en el país del Norte. No solo con la Argentina y no únicamente con los limones.

Lo que preocupa a los que conocen el mundillo del comercio internacional no es esta medida en sí misma, sino lo que pueda pasar más adelante cuando las medidas proteccionistas del gobierno de Trump se intensifiquen.

Mientras tanto, algunos chefs locales se quejaron del precio del limón y dijeron que "ahora que no vamos a vender más en los Estados Unidos, el precio debería bajar".

Esto constituye una falacia absoluta. En primer lugar, porque desde 2001 que no ingresa un solo limón a ese país. Y segundo, porque estamos en la época del año en que no hay limones y lo poco que se ofrece en el mercado es de baja calidad.

Sabemos con la nueva onda de comida sana y natural que pregonan ciertos tipos de lugares de comidas (aunque no siempre es tan así, se suele promocionar el consumo de limonadas. Y ahora, con estos precios, éstas han dejado de ser convenientes para el negocio.

Es por ello que los cocineros y dueños de restaurantes que se ufanan de utilizar solo productos de estación, deberían saber que estamos en tiempos de frutas de carozo, berries, melones y sandías, y no de cítricos que se cosechan durante cuatro y cinco meses recién a partir de abril.

O sea que a no quejarse y a falta de limones, usar más la imaginación y ofrecer otras bebidas con frutas de estación. Tan simple como eso. 

Más de Editorial
Pretenciosa Nueva Cocina Argentina
Editorial

Pretenciosa Nueva Cocina Argentina

Días atrás, se realizó en Tucumán el Primer Congreso de la Nueva Cocina Argentina, convocado por el chef Álvaro Arismendi y que contó con la participación de un grupo numeroso de profesionales gastronómicos de todo el país. Hasta ahí parece todo "normal". Sin embargo, la pomposa "Declaración de la Independencia Gastronómica Nacional" nos suena pretenciosa y exagerada.
El vino no se mancha
Editorial

El vino no se mancha

Aunque lo parezca, la frase no es atribuible a Diego Maradona, sino que simbólicamente la trasladamos a los actores de la producción vitícola, que están que trinan por el ingreso de vino a granel desde Chile y que se fracciona de este lado de la cordillera.

Del yuyo malo a las papas transgénicas
Editorial

Del yuyo malo a las papas transgénicas

Poco se supo del tema en aquella instancia, pero el colega Matías Longoni recordó en el sitio "Bichos de Campo" un episodio tragicómico y grotesco. A Cristina le "inventaron" una papa transgénica para "demostrar los enormes avances tecnológicos" de su gobierno. Pensar que en algún momento calificó a la soja como un "yuyo malo".