El INTA las salva de la extinción

La gallina de los huevos de colores

Jueves, 8 de febrero de 2018

Nativa de la zona de precordillera, la gallina araucana seguía el ritmo de vida nómade de las comunidades tehuelches y mapuches de la Patagonia. A partir de conservar algunos ejemplares dispersos, el INTA inició su reproducción y entregó más de 10.000 pollos bebé a comunidades originarias de Cushamen, Villa Pehuenia y Roca Choroy.

El trabajo de reproducción de la especie lleva más de una década. Hoy se da por recuperada. Hasta entonces, la gallina araucana, conocida como la de los huevos entre azules y verdes, aparecía en la memoria de algunos ancianos lugareños que la recordaban de sus antepasados o de relatos precordilleranos. Pero la daban por perdida.

Sólo con la posibilidad de que hubiera algunos ejemplares dispersos, el INTA emprendió la búsqueda de material genético vivo de esta especie que sirviera para apuntalar planteles. Los centros de multiplicación de aves de las agencias de extensión del instituto en Comodoro Rivadavia -Chubut- y Zapala -Neuquén- tomaron ese material conservado y comenzaron a reproducirlo. Pudieron entregar más de 10.000 pollos bebé a comunidades originarias de las zonas de Cushamen, Villa Pehuenia y Roca Choroy.

"En la zona de precordillera, las gallinas araucanas crecían a campo y eran criadas por las comunidades tehuelches que emigraban permanentemente de un lugar a otro junto con sus animales", describió José Luis Cepeda, técnico del INTA Comodoro Rivadavia.

En 2006, el Instituto lanzó un proyecto nacional de recuperación de especies animales y algunas unidades -como Pergamino, Mendoza, Zapala y Comodoro Rivadavia- decidieron impulsar el rescate de la gallina araucana. Los primeros pasos apuntaron a conseguir ejemplares con más del 90% de pureza, que luego utilizaron como reproductores.

El avance de otras razas y el paso del tiempo llevaron a que la población de gallinas araucanas disminuyera, al punto de peligrar la extinción, y quedara atesorada en la memoria pagana. Los ejemplares seleccionados para conservación provinieron de comunidades originarias, que los criaban y tenían algunos pocos.

Esta ave, muy rústica para desarrollarse en regiones áridas con clima muy frío, de nieve y ventoso, se destaca, porque pone huevos de color entre verdes y azules.

Para Luciano Rivera, técnico del INTA Zapala, el trabajo de rescate permite conservar "la genética como recurso propio del lugar". "No apuntamos a difundirla hacia otros rumbos, sino a conservarla en los lugares de origen para que los productores puedan multiplicarla, mantenerla y darle valor para evitar la pérdida de especies", detalló.

"En los pueblos donde la gallina araucana es originaria, tiene un valor cultural que trasciende lo productivo y es un aspecto que quisimos preservar", aclaró Rivera. Incluso, destacó que algunas comunidades utilizan los huevos para preparados medicinales.

Asimismo, en la zona de Zapala, impulsan la conservación de otros recursos genéticos locales como gallinas criollas -de huevos verdes o castaños-, aquellas que los pequeños crianceros reproducen en el campo.

Desde 2007 a la fecha, desde la agencia Comodoro Rivadavia se entregaron más de 10 mil ejemplares a comunidades aborígenes que viven en la zona precordillerana, cerca de las localidades de Chalia, Cushamen, Vuelta del Río, Lagunita Salada y Paso del Sapo.

"Ellos no tenían gallinas, pero algunos más ancianos habían llegado a conocerlas o las conocían por antepasados", comentó Cepeda, quien recordaba la visita a una casa en Cushamen cuando halló la tercera especie que les faltaba. "Fuimos a dar una charla para la entrega de pollitos y el dueño de casa, que hablaba muy poco, terminó cambiándonos dos hembras y un macho colloncas que nos permitió iniciar la reproducción", relató.

Las comunidades daban a las gallinas por perdidas, las consideraban algo anecdótico y no creían verlas más, excepto casos puntuales como esta familia que tenía muy pocos ejemplares.

La producción de pollos bebé se realiza en el centro de multiplicación de aves del INTA, a través del componente granja del programa ProHuerta que conducen el Instituto y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Actualmente hay 70 gallinas en postura que esperan aumentar para ampliar la capacidad reproductiva.

Aunque los trabajos del INTA Zapala para la recuperación de especies animales y vegetales con instituciones locales y productores de la zona de Villa Pehuenia y Ruca Choroy comenzaron en 2010, la genética de la gallina araucana es conservada desde antes en el centro de multiplicación avícola del instituto.

En la zona de Villa Pehuenia, se trabajó con 12 familias entre las que se entregaron 110 pollitas bebé, 12 hembras adultas y tres machos adultos. En Ruca Choroy, participaron 55 personas en los diferentes encuentros y se entregaron 170 pollitos bebé a 40 familias

Una vez satisfecho el consumo doméstico, los productores comercializan el excedente de huevos de color y castaños en ferias locales. En general, tanto el INTA como la mayoría de los crianceros, tratan de conservar la genética local en su hábitat de origen y no la ofrecen en forma comercial. Para conseguir algún ejemplar de araucana, recomiendan visitar la "Feria de intercambio de semillas, plantines, aves, saberes y sabores", donde los productores suelen llevar animales para canje por otros.

Dentro de la especie, las gallinas araucanas tienen distinto plumaje -negras tornasoladas, coloradas y barradas- y pueden encontrarse tres tipos: copetonas, caracterizadas por un copete; colloncas, de rabo redondeado, y quetro, con plumas en forma de aretes a cada lado de la cabeza. Se cree que las colloncas perdieron la cola en una mutación genética que respondió a evitar que los zorros las atraparan.

Al igual que otras gallinas, las araucanas comen granos, restos de la huerta y de comida. En su caso particular, prefieren la libertad del campo abierto y dormir arriba de los árboles. No obstante, tienen buena adaptación a la vida en cautiverio.

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