GRIS GRIS BAR

La cocina que encontró su lado A

Lunes, 28 de septiembre de 2026

Una experiencia donde los vinilos dejaron de ser música de fondo para convertirse en el eje, mientras platos de distintas influencias y una coctelería de autor encuentran un mismo ritmo.

Dirección: José A. Cabrera 5918, Palermo Hollywood. Horarios: martes, miércoles y domingos de 19:00 a 01:00 AM; jueves, viernes y sábados de 20:00 a 02:00 AM. Instagram: @grisgrisbar

La primavera llegó, pero hay noches en las que el aire todavía no se entera. Estos días de amplitud térmica, siguen siendo una buena excusa para elegir ciertos platos que nunca dejamos de pedir. Hace apenas unas semanas conocimos Gris Gris Bar, y aquella primera visita nos permitió descubrir una propuesta donde la gastronomía ocupa un lugar tan importante como la música y la coctelería.

Antes de entrar, ya habíamos visto el gesto que anticipaba lo que encontraríamos adentro: uno de los faroles de la calle lleva una máscara roja que replica, hacia afuera, la misma luz que domina el interior del lugar.

Gris Gris pertenece a esa nueva generación de bares de escucha que crece en Buenos Aires, espacios donde los vinilos dejaron de sonar de fondo para convertirse en el motivo real de la salida.

La propuesta recupera algo de la experiencia analógica: escuchar música en un formato donde la calidad de la grabación y la selección tienen un peso propio, en contraste con la velocidad y lo descartable de buena parte del contenido que consumimos hoy.

Bruno Albano, dueño del proyecto junto a su esposa Ángeles Zeballos -también vinculada a otros emprendimientos gastronómicos-, nos recibió con la calidez de quien invita a conocer su propia casa. En Gris Gris, su vínculo con la música atraviesa cada decisión y convierte al bar en una extensión directa de esa parte de su vida.

Después de conocer un poco más la historia detrás de Gris Gris, llegó el momento de acercarnos a su carta. Esa noche pedimos, entre otras cosas, mbejú gratinado con espinaca, un plato tradicional paraguayo que yo nunca había probado y que Facu ya conocía.

Fue una de las primeras cosas que nos llamó la atención: una preparación con identidad propia, incorporada a una carta que reúne distintas influencias sin perder la personalidad de cada una.

El curry verde de lentejas con boniato y bok choy, hierbas frescas, lima y arroz basmati, nos llevó por otro camino dentro de la carta. No somos especialmente fanáticos de los platos sin proteína animal, pero la pasta de este curry tenía la profundidad que buscamos en los sabores del Sudeste asiático, sin resignar carácter por tratarse de una opción vegetariana.

Los pimientos asados con stracciatella, pesto de albahaca, almendras y parmesano, que llegaron después acompañados de un fresco pan chato, confirmaron lo que ya intuíamos: acá la comida no es un complemento de la música, sino una protagonista más dentro de la misma propuesta.

Esa noche descubrimos que también funciona para una cena íntima, en pareja, antes de que el bar vaya tomando otro ritmo y la noche se vuelva más social.

Los postres fueron el cierre perfecto para el momento de la cena: probamos el clásico flan de dulce de leche con crema, y crème brûlée de coco y lima. Ambos tenían ese punto de dulzor justo para cerrar la etapa más íntima de la velada, sin empalagar, y abrir así la transición hacia la movida musical que ya sucedía a nuestro alrededor.

La coctelería fue otro de los puntos que fuimos descubriendo a lo largo de la velada. Pasamos por el Manhattan en las rocas, con bourbon, vermut rosso y Angostura, y por el New York Sour, que suma limón, pepino y sidra de pera al bourbon, de base.

La carta también se mueve hacia combinaciones menos clásicas, como El Santo -ron, lima, coco y avellanas- y Jamaica, que combina Irish whiskey con hibisco y Angostura.

Hay una búsqueda clara por trabajar sobre cócteles reconocibles y llevarlos hacia otros perfiles, sin perder de vista el equilibrio que exige cada combinación.

Salimos con la certeza de que ahí conviven, sin pisarse, tres dimensiones que podrían competir entre sí: una selección musical que exige atención, una cocina que tiene identidad propia y una coctelería que acompaña el recorrido de principio a fin.

Sin embargo, al final todo converge en un mismo universo, en un mismo ritmo, como si cada elemento hubiera encontrado su lugar dentro de una misma frecuencia.

Y quizás ahí esté lo más interesante de Gris Gris: descubrir una propuesta que vale la pena vivir con tiempo, dejándose llevar por todo lo que tiene para ofrecer.

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