"COCINA TRADICIONAL", RICA Y ABUNDANTE

Gregorini, en el nombre de Villa Rosa

Viernes, 2 de octubre de 2026

Rumbo a la localidad de Villa Rosa, partido de Pilar, hay que salir de la Ruta 8 por la 25 en dirección hacia Escobar. A pocas cuadras, nos encontramos con una curva pronunciada y, ahí mismo, al frente está un llamativa casona construida de cero al estilo de una villa toscana. La carta conjuga lo mejor de la cocina tradicional italiana, con clásicos porteños.

Gregorini - Dirección: Quinquela Martín 1320 Villa Rosa (partido de Pilar). Reservas por WhatsApp: 54 911 7393 3764. Precio: $$$. Horarios: lunes de 12:30 a 16:00; miércoles, jueves y domingos de 12:30 a 16:00 y de 19:30 a 23:30; viernes y sábados de 12:30 a 16:00 y de 19:30 a 00:00. IG: @gregorini.pilar - E-Mail: www.gregorini.com.ar

Un grupo de amigos amantes de la gastronomía deciden emprender, no exentos de audacia, un proyecto en la zona de Villa Rosa, lugar de barrios y countries, a corta distancia del Ramal a Pilar y sobre la Ruta 25, en dirección a Escobar.

Acuden con buen criterio a gente con trayectoria y conocimiento (un equipo liderado por Sebastián Barchetta), para comenzar de cero la obra en una vieja e imponente casona, que se construyó de cero cual villa toscana. Cuentan con dos pisos, estacionamiento propio y otras dependencias.

Para hacerse cargo de la brigada de cocina, llegó el chef Emiliano Cafiso, a quien conocimos hace más de una década en Bengal y con presencia posterior en esta zona en hoteles y barrios cerrados. Su propuesta está impregnada en los platos tradicionales italianos, que son protagonistas de la carta, junto a clásicos porteños que la gente siempre pide.

Fondo de Olla © concurrió a pocos días de la apertura, prácticamente una marcha blanca. Fue un mediodía de sábado anticipando la primavera, la estación en la cual los restaurantes que tienen espacios al aire libre y pueden aprovechar todas sus comodidades.

Adentro, hay un salón amplio en la planta baja, con mesas amplias y buena separación; así como asientos cómodos que invitan a la sobremesa. Ahí nos ubicamos con la idea de probar la mayor cantidad de platos posibles, casi un test para delinear lo que vendrá.

Antes que nada, la idea fue compartir una de las tres opciones de pizzas que figuran en la carta: fugazza con cebolla blanca macerada al aceite de oliva, queso Gorgonzola, orégano y tapenade. Con base crocante, una versión propia del chef que más cercana a la romana que a la napolitana.

La selección de entradas elegidas incluyó la burrata con vegetales a la plancha; buñuelos de espinaca con emulsión de alioli y ajo asado, y provoleta "Gregorini" con tomates secos, aceitunas y ajo asado.

Para completar este mix ítalo porteño, están las "albóndigas de la nona", que el chef prepara con carne de ternera y de cerdo, en salsa de tomate y bechamel, más queso parmesano y albahaca fresca. Hay también una tabla de quesos y chacinados; frito mixto de mar, sopa del día y bocados de mozzarella crocante apanados. Y un par de ensaladas, de gravlax y verdes, y una Caesar clásica.

Sigue luego la lista de "pastas frescas del día", con tentadoras opciones. Si tuviéramos que elegir un plato altamente recomendable, ése sería la "lasaña a la Emiliana", con masa al huevo, ragú de ossobuco braseado, salsa de bechamel y parmesano gratinado al horno. Un capo lavoro.

Pero además se pudieron probar los sorrentinos presentados como "pasta del día", trufados; así como otra especialidad, risotto alla milanese con el toque personal del chef, una "corona" de tiras de entraña. Y como broche final, faltaba aún la pesca del día a la plancha, con arroz basmati aromático, espinacas salteadas y gajos de limón.

La carta propone también milanesas (como la de ternera con fettuccine a la manteca, siguiendo la nueva moda local de juntar carne y pasta), o la opción a la parmesana; ojo de bife con papas bastón; salmón rosado con rúcula, tomates cherry y mix de semillas.

Los postres van por lo tradicional: volcán de chocolate; tiramisú; panqueque de dulce de leche; mousse de chocolate semiamargo, y helados de Volta.

Hay buena coctelería, vermuts, destilados y agua Eco de los Andes, por suerte nada de la filtrada de otros restaurantes. También nos gustó la selección de etiquetas de la carta de vinos, muy equilibrada. Se pidió el Pinot Grigio de Piedras Negras Alta Colección. 

Gregorini está llamado a llenar un espacio en el que todo está hecho con criterio y a satisfacción del público de la zona, a partir de ese mix entre la culinaria italiana que nos han legado nuestros antepasados, y los clásicos de la cocina porteña que conocemos desde la infancia.

Habrá que seguir la evolución del restaurante. Todo huele a nuevo y, por ende, tienen mucho para crecer. Sabemos que están en el buen camino.

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