Winston Club es uno de los restaurantes que más veces hemos visitado este año. Va de suyo que esto es así, porque uno solo vuelve a los lugares que más le gustan. Y pudimos disfrutar tanto de los menús degustación del living escaleras arriba, como de la carta del bar ubicado en la planta baja. Pero siempre las cosas cambian, porque dar un golpe de timón a tiempo implica escuchar a los clientes y darles lo que ellos quieren. Sin bajar la calidad, obviamente. Por eso, se inició una nueva etapa con un Winston en onda relax y el nivel habitual.
Winston Club - Dirección: Guido 1962 Recoleta.WhatsApp: 11 2654-0588. Horario: lunes a sábados de 19:00 a 00:30 AM. Reservas: IG: @winston.club - Web: www.winston-club.com
Seguramente ese estadista británico llamado Winston Churchill, debe haber cambiado muchas veces de opinión y modificado sus costumbres en medio de tantos avatares que le tocó sobrellevar, sobre todo en tiempos de guerra.
Haciendo honor a esa conducta, el restaurante y bar que lleva su nombre de pila en Recoleta, ha implementado cambios sustanciales en su propuesta. Ya les contamos.
Conocimos el lugar hace ya como un año y medio. Solo basta ver cuántas notas hemos publicado desde aquella primera visita, para comprender que nos volvimos un poco adictos a su gastronomía, a la coctelería, a ese ambiente muy british repleto de antigüedades y al trato cordial de sus dueños, que nos hacen sentir como en casa. En esto mucho tiene que ver Catalina Saravia, responsable operativa del lugar y el chef Jonás Alba.
La novedad es que Winston Club inició una nueva etapa, en la que el menú degustación que se servía exclusivamente en el living de la planta alta se ofrecerá solo en ocasiones especiales en con motivo de algún pop up.
Esto significa que, a partir de ahora habrá un solo menú, que podrá disfrutarse tanto escaleras arriba como en la planta baja, como parte de una especie de last dance de Jonás.
En ocasión de nuestra reciente visita, pudimos probar algunos de los nuevos platos del menú y también otros clásicos que perduran desde hace tiempo porque los clientes siempre los piden.
Qué mejor que comenzar la experiencia con un cóctel, como el Old Fashioned que generalmente nos acompaña. La barra, ubicada en la planta baja, al fondo del saloncito, es otro de los "fuertes" de la casa.
"El preferido de Churchill" no podía faltar. Se trata de un plato de jamón crudo (de "Las Dinas") en este caso, con higos en conserva, gremolata y aceite de oliva. Nos sorprendió también gratamente el vitel toné en versión "Alba", hecho con peceto, salsa tonnata, tapenade, furikake (el condimento japonés incorporado por el chef fuera de la receta tradicional), y alcaparras.
Las empanadas de roast beef braseado nunca deben omitirse en Winston Club; salen por tres unidades acompañadas por salsa yasgua y lima. Y otra novedad fueron las croquetas de jamón crudo con bechamel y queso sardo Abascay, coronadas con alioli de perejil y lima. Nos llegaron de yapa, fuera de carta, unos langostinos con rabanitos y una salsa agridulce.
El rubro de entradas se completa con "Quesos y Miel", con variedades de El Abascay (de Brandsen), zapallo en almíbar, pepinillos y miel de panal; fainá con hongos, alioli de ajos confitados, gírgolas, repollitos de Bruselas salteados y chimichurri; y papas fritas con queso sardo, ralladura de lima, perejil y kétchup casero.
Hay cinco platos principales. Se probaron los cavatelli con variedad de hongos, cremosos de hongos de pino, pangrattato y polvo cítrico. También nos llegó a la mesa la soup a l'oignon, un clásico francés de cebollas caramelizadas, pan de campo Atelier y queso Gouda gratinado. Nuestra sopa preferida.
Otras alternativas son el vacío en cocción lenta, con salsa demiglace (qué bueno que se la esté recuperando en los menús), que el chef le pone su impronta con mirin, más puré de coliflor y humita; la trucha nare grillada, con manteca de alcaparras, salvia y limón, pak choi marinado y tabule frío de quinua roja. En este último, el chef se anima a jugar con ingredientes y preparaciones de culinarias diversas.
Y, por último, tratándose de Winston, está el británico "Fish & Chips", de pesca blanca, y que el chef reversiona sirviéndolo en tempura crocante, y que sale con papas fritas, lima y salsa tártara.
Para el final, cuentan con tres postres: "Naranjo en Flor" que ya habíamos probado en un menú degustación anterior, con crema inglesa de naranja, helado ídem y crocante de cacao (nos impactó); affogato allo zabaione (helado de sabayón, café espresso y crumble especiado), y el clásico tiramisú.
Hay una buena elección de etiquetas en la carta de vinos, no te dan agua filtrada, la música acompaña como más nos gusta (sin estridencia innecesarias) y la ambientación sobresale por su originalidad. La atención responde con eficacia.
En Winston Club todo confluye para disfrutar de su gastronomía sui generis, que por su relación precio calidad lo hace como un lugar más que digno de recomendar.
Entre clásicos reinterpretados y combinaciones que siguen el ritmo de las estaciones, Casa Zarautz explora nuevos caminos en su cocina de mar sin perder de vista el producto ni el equilibrio entre creatividad y sabor.
Los hermanos Waisman convierten en "oro" todo lo que tocan. Como empresarios gastronómicos, siguen sumando éxitos en base a relación precio calidad e innovación pura. Parece mentira que, hasta ahora, nadie se había dado cuenta de que no había en Buenos Aires un restaurante dedicado a la cocina del Este del Mediterráneo. Y con Allenby lo han logrado.
La nueva pizzería de Sebastián "Coco" Carreño en Las Cañitas, queda definida por esta frase: "unimos lo mejor de dos mundos, la experiencia de la historia napolitana con sus largas fermentaciones y lo crocante del piso de la pizza a la piedra". La técnica y el producto, junto a la capacitación que el chef realizó en Nápoles, sumado a algunos detalles que se acercan al gusto local, le dan forma a una propuesta sui generis y muy valorable.