Desde que visitamos por primera vez Atrium, el restaurante de Mansión Mihura (durante la marcha blanca), venimos comprobando la evolución permanente de esta lujosa brasserie porteña. No hay secretos: es una "brigada de los sueños" la que logró armar Ernesto Lanusse. El resultado ha sido desarrollar una cocina de excelencia, en un espacio cómodo y elegante, sumado a una atención más eficaz que cargosa (esto último abunda bastante). La relación precio calidad resulta prácticamente imbatible.
Atrium (Mansión Mihura) - Avenida Las Heras 1725 Recoleta. Teléfono: 15 3366 6464. Precio: $$$. Horarios: todos los días, 06:30 a 23:00. IG: @mansionmihura
La palabra Atrium, en latín, que deriva en el idioma castellano en "Atrio", y puede significar "vestíbulo", o también "patio central". Una acepción muy usada en los casamientos, porque es donde "saludan los novios".
Aquí, en cambio, "saludan" el chef Maximiliano Matsumoto; la souschef Antonella Ferreri; el responsable de A&B, Federico Fialayre; toda la brigada de cocina (Matías Mazo, jefe de Banquetes) y también quienes manejan con eficacia y discreción el servicio como Christian Bravo, que nos atendió durante la cena. Esa noche estaba Belén Tavernini para cocinarnos, también parte de la brigada. Lanusse bien podría decir: "qué lujo me estoy dando". En este caso, harto justificado.
Mientras esperamos la pronta apertura de Dining, el restaurante de alta cocina que funcionará en el primer piso, también se puede conocer los dos espacios en la misma planta: The Parlor Bar y The Serpent Club con la head bartender Guillerma Usqueda al mando.
En este caso, Atrium está ubicado en el patio central de la antigua mansión, con techos altísimos solo que tienen parangón con los de Bravado, el restaurante de la Corporación América en Vicente López. Esto evita ruidos estruendosos y molestos, a lo que se suma al techo vidriado que aporta luminosidad durante el día. A la noche, hay una lámpara en cada mesa, para "ver lo que se come" y fotografiar los platos.
Algo que es poco común de encontrar, salvo en aquellos restaurantes a lo que vamos con frecuencia, es que al llegar te saluden con tu apellido. Ya es un gesto que denota interés del meitre en saber quién es uno, cuando se trata de comensales que saben que están por recibir.
Antes de ir al grano o mejor dicho a la comida, hay que decir que la Mansión fue construida en 1922 por Francisco Mihura y proyectada por el arquitecto Eduardo Lanús.
La residencia es una pieza singular de la arquitectura porteña, de inspiración francesa. Concebida bajo la tipología de petit hôtel, fue distinguida a su inauguración con el 2º Premio Municipal de Arquitectura y, desde 2007, cuenta con protección patrimonial oficial, consolidando su relevancia dentro del barrio de Recoleta. Pertenece al Recoleta Grand Hotel, con el cual está comunicada internamente.
Atrium se define como una "brasserie porteña", es decir una nueva manera de dimensionar al bodegón porteño, con una cocina más elaborada y creativa, ambientación cuidada, y servicio calificado.
A modo de degustación y con algunos de los platos en tamaño reducido, pudimos probar las ostras de Los Pocitos (una natural, casi sin ningún agregado) y la otra con ponzu de nabo ahumado, limón y aceite de chili), para continuar con la sopa de cebollas, en la versión de Matsumoto, con espuma de queso de cabra y crutones, original y deliciosa.
La tercera entrada fue el tartar de lomo de impecable factura, acompañado por papas paille que le otorgaban la parte crocante a la preparación. Y siempre vale la pena repetir los langostinos "que quieren ser langostas", por su exuberante tamaño. Y porque salen gratinados al horno a leña al estilo "Termidor", el clásico francés acá reversionado por el chef.
Para otra visita quedaron el paté de ave con pickles, chutneys de estación y brioche; la burrata con caqui y salsa harisa, y el exótico cebiche de membrillos con leche de tigre vegetal, apio, cebolla, tajín y hierbas.
Para quienes desean algo liviano, también hay tres ensaladas, como la que acompañó nuestro principal: endivias, radicchio, nueces y vinagreta de anchoas. Un must que ya habíamos probado, pero que uno no se cansa de pedir, es el chuletón de cerdo con salsa charcutiere clásica por encima. Un plato para compartir (foto portada).
No obstante, la carta abunda en opciones, como el lomo a la pimienta con papa fritas; trucha patagónica con repollo asado; arroz jazmín con base de ajíes tatemados, crema de langostinos, vieiras selladas y pulpo grillado; lasaña boloñesa; confit de pato; anolini de coliflor asado; dos versiones de hamburguesas y otras tantas de milanesas.
También ofrecen un ojo de bife de 400 gramos con chimichurri, y pesca entera de día al carbón con provenzal.
Para el final y luego de semejante "gran comilona", nada mejor que los helados y sorbetes de la casa, que se pueden pedir en dos o cinco 5 sabores (los de menta, sabayón y durazno con espumante se llevaron las palmas).
Pero asimismo hay otras opciones como flan clásico; alfajor helado de dulce de leche; espiral de merengue, yogur, frutos rojos y helado de sandía; milhojas de manzana con helado de queso fior di latte.
También merece la pena aprovechar los excelentes cócteles clásicos o de autor; una carta de vinos con precios muy lógicos y accesibles, así como una vasta oferta de destilados y licores.
Por el lado del agua, si bien cuentan con la filtrada que ya es habitual en los restaurantes locales, está la opción de S.Pellegrino y Aqua Panna a un precio muy razonable.
Bienvenido sea Atrium, que nos ofrece todas las virtudes de un restaurante de hotel, una relación calidad excepcional y un servicio de mesa que quisieras llevarte a tu casa.
Todo es obra de un súper equipo, un seleccionado que reúne a muchos de los mejores profesionales que hoy podemos encontrar en la gastronomía local. Un gran éxito de Ernesto Lanusse.
Entre clásicos reinterpretados y combinaciones que siguen el ritmo de las estaciones, Casa Zarautz explora nuevos caminos en su cocina de mar sin perder de vista el producto ni el equilibrio entre creatividad y sabor.
Los hermanos Waisman convierten en "oro" todo lo que tocan. Como empresarios gastronómicos, siguen sumando éxitos en base a relación precio calidad e innovación pura. Parece mentira que, hasta ahora, nadie se había dado cuenta de que no había en Buenos Aires un restaurante dedicado a la cocina del Este del Mediterráneo. Y con Allenby lo han logrado.
La nueva pizzería de Sebastián "Coco" Carreño en Las Cañitas, queda definida por esta frase: "unimos lo mejor de dos mundos, la experiencia de la historia napolitana con sus largas fermentaciones y lo crocante del piso de la pizza a la piedra". La técnica y el producto, junto a la capacitación que el chef realizó en Nápoles, sumado a algunos detalles que se acercan al gusto local, le dan forma a una propuesta sui generis y muy valorable.