En la Semana Nacional del Bonarda, Bodega Dante Robino celebra una cepa que pasó de integrar cortes a convertirse en protagonista. Una historia que la bodega acompaña desde hace dos décadas, y que hoy se refleja en dos vinos con perfiles bien definidos: Gran Dante Bonarda y Dante Bonarda.
Durante años, la cepa Bonarda ocupó un lugar secundario en la vitivinicultura argentina. Aunque era una de las variedades más plantadas del país, su destino estaba casi siempre ligado a los vinos de corte.
Hoy, con más de 17.000 hectáreas implantadas, es el segundo varietal tinto más cultivado de la Argentina, detrás del Malbec, y cada vez gana mayor reconocimiento por parte de consumidores y especialistas.
Ese cambio de paradigma es el que celebra, cada mes de agosto, la Semana Nacional del Bonarda. Impulsada por "Plan Bonarda", junto a bodegas, productores e instituciones del sector, esta celebración nació para poner en valor una cepa que durante mucho tiempo había quedado a la sombra de otras variedades emblemáticas.
Del 1° al 9 de agosto, degustaciones, actividades culturales y experiencias enoturísticas en distintos puntos del país buscan acercar a la cepa a nuevos consumidores y seguir consolidando su lugar dentro de la vitivinicultura argentina.
Mucho antes de que la uva Bonarda comenzara a ganar protagonismo como varietal, Dante Robino ya había decidido apostar por su potencial. En 2009, la bodega presentó la primera cosecha de Gran Dante Bonarda, una etiqueta que nació con la convicción de demostrar que esta variedad podía dar origen a vinos de gran complejidad, elegancia y capacidad de guarda.
Más de 15 años después, esa visión sigue vigente y hoy convive con una expresión más "joven" de la cepa: Dante Bonarda, un vino pensado para mostrar su perfil más fresco, frutado y versátil.
"Hace tiempo que en Dante Robino elegimos al Bonarda como uno de nuestros varietales más representativos. Empezamos trabajando con viñedos del este mendocino y, con los años, encontramos en Agrelo un perfil que nos permite elaborar vinos con equilibrio, madurez y carácter. Tanto en la línea Dante como en Gran Dante Bonarda se refleja ese recorrido: vinos con identidad, frescura, expresión frutal y una marcada personalidad", explica Gonzalo Funes, enólogo de la bodega.
Originaria de Europa e introducida en la Argentina hacia fines del Siglo XIX, la cepa Bonarda encontró en Mendoza condiciones ideales para su desarrollo.
"Su perfil de fruta roja, taninos amables, buena acidez y versatilidad gastronómica lo convierten en una de las cepas con mayor potencial de crecimiento y en una alternativa cada vez más elegida por quienes buscan explorar nuevas expresiones de los vinos argentinos".
Gran Dante Bonarda 2022
Origen: Alto Agrelo - Luján de Cuyo.
Es el vino ícono de la variedad dentro de la bodega. Elaborado a partir de cosecha manual con selección de racimos y granos, realiza una maceración prefermentativa en frío, fermentación en pequeñas vasijas y una crianza de doce meses en roble francés de primer uso.
"En nariz predominan las frutas rojas, como frambuesas y frutillas, acompañadas por notas de eucalipto y delicados aportes de la madera. En boca es amplio, equilibrado y de taninos maduros, reflejando el potencial de guarda y la complejidad que puede alcanzar el Bonarda".
Precio sugerido: $ 45.000.
Dante Bonarda 2025
Origen: Perdriel, Agrelo y Luján de Cuyo.
La expresión más fresca y cotidiana del Bonarda. Elaborado en acero inoxidable para preservar la expresión varietal, "presenta aromas de frutos rojos, taninos suaves y un final amable. Un vino versátil, pensado para acompañar la gastronomía diaria y mostrar el perfil más frutado y accesible de la cepa".
Precio sugerido: $10.000.
Para más información sobre los vinos y las experiencias de la bodega, ingresar a www.bodegadanterobino.com y @bodegadanterobino.
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