El chef peruano Raúl Zorrilla es incansable. No para, todos lo sabemos. Y esta vez le dio un golpe de timón a uno de sus últimos "barcos", el que rinde homenaje al "Caballero de los Mares", Miguel Grau Seminario, héroe naval del Perú. Luego de una remodelación edilicia y cambios en la carta, el restaurante de Abasto volvió con todo. Y ahí estuvimos para probar los nuevos platos y cócteles.
Grau Cebichería - Dirección: Guardia Vieja 3372, Abasto. Teléfono: 011 3460 3372- Precio: $$$. Horario: martes a domingos de 12:00 a 00:00. IG: @graucebicheria
Visitamos GrauCebichería por tercera vez, desde su apertura a mediados de 2025. El restaurante forma parte del grupo liderado por el chef peruano Raúl Zorrilla, propietario también de Kamay Casa Gardel, (abierto en esta nueva sede el año pasado); de la pollería a leña Tori Chipchi y de la primera barra de noritacos de la ciudad, Kuro Neko, en el Microcentro porteño.
Grau hace honor a la cocina del Perú profundo, haciendo hincapié en uno de los tres pilares de esa rica culinaria: el mar. Los otros dos, se sabe, son la sierra y la selva (Amazonas).
El nombre de la nave del Almirante Grau se llamaba Huáscar, haciendo honor al último emperador incaico oficialmente coronado sin injerencia española, y el último que gobernó un Tahuantinsuyo unificado e independiente.vGrau, quien también fue diputado, se destacó en la Guerra del Pacífico (1879-1883), que enfrentó a Perú y Bolivia contra Chile.
Raúl comenzó su labor hace 17 años en su tierra natal, pero fue en suelo argentino donde forjó una carrera sólida en restaurantes como Sipán, Olaya (donde lo conocimos hace varios años), Komyun, La Mar y La Catedral de Pisco, entre otros.
En Grau Cebichería, cada plato narra una historia: la del Perú de los mercados, las playas, las caletas, los sabores de las abuelas y de los legados culinarios que llegaron de allende los mares (China, la cocina que se transformó en chaufa o chifa) y el Japón nikkei).
Grau es un restaurante que invita a los comensales a zarpar en un viaje donde los cebiches, causas, tiraditos, chicharrones, arroces, chupes y pescados del día, en presentaciones llamativas y abundantes, son protagonistas.
Lo nuevo es el ambiente totalmente renovado, puesto en valor y con una sintonía más cercana al de restaurante que de huarique (algo así como el bodegón para los peruanos).
Hay una imagen del "Caballero" al ingresar al salón hacia la izquierda; al fondo está la cocina a la vista, y a un costado observamos los pescados enteros para que cada uno elija según el gusto personal y el tamaño, dependiendo de la cantidad de comensales que ocupan la mesa. En esto radica lo que, en Grau, hace la diferencia.
Es así que luego, en la cocina, nos prepararán con ese mismo pescado varios platos como cebiches, tiraditos, chicharrones, sopitas y otras cosas más, dependiendo del tamaño elegido.
La barra, ahora también se ubica en ese sector, de donde salen los cócteles clásicos como el Pisco Sour y el Chilcano; otros sin pisco como el Mojito, Negroni, Caipirinha y Caipiroska. Preferimos esta vez probar uno de los tragos de autor, el Yuki Inka, que lleva pisco, chocolate blanco, licor Elder Flower, cordial de pimienta de Sichuan y jugo de durazno, muy equilibrado.
Una curiosidad es el Katakama Killer, que también se pudo como postre: pisco, almíbar, leche evaporada, lúcuma y espuma de banana split. Hay algunos mocktails y la infaltable chicha morada. Preguntar porque pueden hacerte algún Chilcano fuera de lo clásico, con ginger ale casero.
La idea era probar algunas de las novedades de la carta, para lo cual estuvimos adecuadamente asesorados por nuestro cordial y eficaz anfitrión, Luis Abreu. Da realmente mucho gusto cuando te atienden de esta manera.
Se comenzó con una tiradito de trucha (hay también este rubro otras opciones de vieiras y pulpo), y una causa con tinta de calamar y corazón de tartar de salmón. De sabor contundente, algo distinto a las causas tradicionales. Hay que probarla.
Por otra parte, resulta muy tentadora la oferta de cebichería, que cuenta con cinco opciones: clásico, carretillero, mixto, en su concha y parrillero. Y los "crujientes" son chicharrón de pesca del día, "La Royal" (jalea real), y chicharrón de rabas y chipirones.
Hay dos pescas del día enteras (con tacu tacu en salsa a lo macho, y otra versión llamada chijay kay). Recuérdese, como ya dijimos, que uno puede elegir el pescado que más le atraiga, y pedir varias preparaciones para compartir, según sea la cantidad de comensales.
También encontramos tres variedades de "Aeropuertos" (lomo, pollo o mariscos).
En tanto que entre los "Calientes" se destaca el meloso de mariscos, que fue el elegido para nuestro almuerzo; además de otras opciones como "Norteñito con trucha", "Paquete de pesca con mariscos". "Risotto en su pinta" montado con salmón, y "Seco de pescado norteño".
Y las sopas, ideales para esta época de año, son los chupes de pescado o de langostinos; parihuela; sudado de pescados, y salmón nipón.
Todo en Grau es rico y exuberante como la cocina peruana lo requiere. Además de la coctelería, hay vinos para elegir preferentemente entre blancos, rosados y Pinot Noir, o las cervezas que le van muy bien a este tipo de comida. Sobresale la "Cuzqueña", ya sea la dorada, de trigo o negra.
Para el final, nos animamos a probar un Suspiro Limeño sui generis, con matcha y un toque cítrico aportado por el limón que es más llevadero para quienes no disfrutamos tanto del exceso de dulzor de algunos postres. Se completa la carta con picarones, torta tres leches y torta de chocolate.
Quienes vayan al mediodía, se encontrarán con un increíble menú por $ 15.000, que incluye una entrada, un principal y una bebida que varían diariamente. La atención de las camareras es muy cordial y eficiente.
Lo dicho al comienzo: Grau es historia profunda del Perú, de sus luchas, tradiciones, cocina y bebidas, con el pisco, bebida nacional a la cabeza. Un lugar renovado, dirigido por un gran chef como RaúlZorrilla y una relación precio calidad que se nos antoja imbatible.
Tana es una trattoria abierta en la post pandemia, donde se rinde culto a la cocina mediterránea con particular acento en lo italiano e incluyendo, asimismo, auténtica pizza napoletana. Es obra de dos referentes con vasta trayectoria en la gastronomía, como Gonzalo Sacot y Alejandro Tarditti (ambos también son socios del recientemente inaugurado Brava, situado a la vuelta de la esquina). Cuenta con tres espacios bien diferenciados: un salón principal largo y angosto, deck en el frente y jardín al fondo, a "gusto e piacere" de los comensales. Proponen una cocina con raíces mediterráneas y particularmente italiana, a precios lógicos y accesibles.
Nos fascina la cocina francesa, aunque lamentablemente en Buenos Aires hay pocas alternativas para disfrutarla. Uno de esos lugares que nos gusta frecuentar es Le Rêve Bistró, por la autenticidad de su propuesta y la excelente relación precio calidad que lo caracteriza. Dentro de sus platos emblemáticos, esos que no salen nunca de la carta, está el lomo al estilo del Wellington. Y de paso, esta vez también probamos algunos nuevos platos incorporados por el chef Ramiro Hernández al menú invernal.
"Fare", en la lengua del Dante (Alighieri), significa "hacer". Y lo que han hecho los socios de este emprendimiento palermitano es abrir una pizzería de estilo romano, pero diferente a lo que abunda en Buenos Aires. Es decir, con pinsa romana (que ya explicaremos más adelante de qué se trata), teglia al taglio (al corte) y suplí (bocados de la comida callejera de Roma). Con especialidad en el vermú, como si estuviéramos en la Ciudad Eterna.