Con la pasta como protagonista, La Piccola rinde tributo a esa pasión compartida entre italianos y argentinos. Y agrega los antipasti y algunas otras opciones de seconti piatti, que completan un menú de espíritu mediterráneo. Es la nueva marca del grupo de La Paraloccia, en un lugar "histórico" de Palermo para la tradición culinaria italiana.
La Piccola - Dirección: El Salvador 5801, Palermo. Reservas vía WhatsApp: +54 11 5829 2222. Horarios: todos los días de 12:00 a 00:00. Precio: $$$. IG: @lapiccola.ba
La pasta es, sin dudas, una pasión heredada de nuestros ancestros italianos. Está presente tanto en los restaurantes de ese origen, así como en bodegones de cocina porteña y hasta en las parrillas. No puede faltar, omitir la pasta es como tener un perro de tres patas.
En los últimos tiempos, la propuesta de "restaurante de pastas" se ha puesto de moda, si bien aún no en forma tan numerosa, pero sí con el éxito casi asegurado. Salvo un celíaco, nadie puede evitar que la pasta forme parte de su menú y, para muchos, como es nuestro caso, casi la consumimos a diario o no tendríamos problemas en hacerlo.
La Piccola, en la esquina de El Salvador y Carranza, ocupa el espacio que hasta hace algunos meses era de Il Gran Caruso. Nos cuentan que éste es el primer local de una futura cadena en expansión, respaldada por un grupo con 36 años de trayectoria en la gastronomía porteña y creador de marcas reconocidas como La Parolaccia, La Bistecca y Mare by Fran Rosat.
Como se dijo, la pasta es la gran protagonista en La Piccola. Cada día se elabora in casa, respetando las recetas tradicionales y garantizando sabores auténticos.
Al estilo italiano, para comenzar se puede elegir, entre los antipasti, como la fainá con stracciatella y prosciutto, una entrada compartible que resultó una adecuada elección. También hay otro clásico, la melanzane alla parmigiana, una oda a las berenjenas típico del sur de Italia, muy extendido entre nosotros.
Hay también burrata e pomodoro; arancini siciliani; fainá, funghi y gorgonzola; tartare de trucha; buñuelos de espinaca y milanesitas de mozzarella.
El capítulo de pastas, quedó dicho, es gran protagonista de la carta. Cuentan con 20 opciones, entre pasta larga, corta y rellena. Esto hace difícil la elección, pero también motiva para volver seguido.
Probamos los troffie con pesto y straciatella; y los agnolotti del plin, una típica receta piamontesa. Hay también cuerdas de guitarra alla bolognese; tonnarelli cacio e pepe; fusilli alla siciliana; spaghetti alla carbonara; gnocchi soufflé de espinaca; pappardelle con crema de hongos y aceite de trufa, entre otras alternativas. Los platos son abundantes, por lo que, con una entrada para dos comensales y una pasta para cada uno, está súper bien.
Las opciones de secondi son la trucha patagónica con puré cremoso de boniato; milanesa alla parmigiana con papas fritas; cotoletta di maiale (cerdo); pollo alla casseruola; risotto al funghi, y una "concesión" porteña como bife de chorizo a caballo con papas fritas.
Se finaliza con ocho opciones dolci, entre ellas tiramisú; panqueque de dulce de leche servido con helado de crema de leche Jersey (otra alternativa porteña); meringatta -una combinación de merengue italiano, helado de crema y frutillas-; y mousse de chocolate al 70%.
La carta de vinos incluye etiquetas de las bodegas más tradicionales. También ofrecen tragos clásicos. La relación precio calidad es muy buena. Una nueva marca del grupo que, desde hace décadas, se sostiene con éxito en el difícil mercado argentino.
En la esquina de Gurruchaga y Pasaje Cabrer se encuentra Carmen, un restaurante y pastificio que logra unir la tradición de la pasta, tan arraigada entre nosotros, con la creatividad de su chef, Nacho Feibelmann. Aquí el diferencial son las otras formas de cocción utilizadas: a las brasas, disco de arado, rescoldo, kamado.
Los restaurantes de clubes tienen un encanto particular. Y lo bueno es que están abiertos para socios y público en general. Salvo aquellos pertenecientes a instituciones de fútbol, donde suelen "mandar" los barras, ofrecen seguridad y una cocina simple y honesta, a precios realmente accesibles. Y, además, a veces nos deparan alguna sorpresa como la cava del Comedor GEVP (Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque).
El dicho "pum para arriba" tiene, en este caso, varias interpretaciones. Dicen que es un invento argentino, y que obedece al descorche de una botella de champán. A Winston Club le cabe también el hecho de que, para acceder al living del entrepiso, hay que subir una escalera empinada que nos transporta a vivir una experiencia gastronómica singular. Y, finalmente, a que cada vez que hemos ido a disfrutar del menú de pasos del chef Jonás Alba, la evolución ha ido in crescendo, bien para arriba.