La propuesta es triple. Abajo el bar, cócteles y música fuerte, luz muy tenue. En el primer piso, un restaurante de cocina elaborada y ambiente elegante y más relajado. Arriba, finalmente, un omakase diferente, porque no te sentás en la barra, sino que hay mesas y sillas como en cualquier restaurante. Ya habíamos visitado dos de las propuestas de Anasagasti, pero faltaba "el jamón del sándwich" en el primer piso. Aquí se los contamos.
Anasagasti Restaurante - Dirección: Pasaje Anasagasti 2067, Palermo. Horarios: todos los días, desde las 19:00. Precio: $$$$. IG: @anasagasti_ba
Anasagasti tiene el doble encanto de su ubicación en una cortada de apenas 100 metros, a pasos del Alto Palermo y la Avenida Santa Fe. Y segundo, su casona de estilo Tudor, adaptada para albergar un triple propósito: bar, restaurante y omakase.
En la planta baja, funciona una barra con boiserie de pinotea y cobre, provista de exponentes importados donde los tragos de autor y la coctelería clásica son protagonistas.
En el primer piso, está el restaurante al que se accede por una escalera o ascensor con vista a la cava. Allí, se despliegan varias opciones de salas privadas, según la preferencia de los clientes.
Al llegar al segundo piso, nos encontramos con una onda más despojada y allí ofrecen una propuesta de omakase de 8 pasos.
Si bien se puede hacer una de las tres opciones, la mejor experiencia es combinar dos en el orden deseado (primero bar y luego restaurante u omakase, o viceversa).
Ya habíamos pasado por la planta baja y el segundo piso, pero nos quedaba pendiente la opción más gourmet ya que se trata de un espacio elegante con una propuesta gastronómica más elaborada.
El restaurante tiene una estética similar al bar, aunque la música suena menos potente y la luz más adecuada para este caso, ya que la parte visual es parte significativa de la experiencia.
Hay una carta corta muy tentadora, que hace difícil decidirse al momento de pedir. Sin embargo, haciendo caso a las recomendaciones recibidas, se eligieron las gírgolas al ajillo con papas españolas, camembert asado con espinacas y miel de almendras, y las mollejas al kamado sobre crema de puerros. Recomendamos compartir estos dos platos si los comensales son dos, quizás también tres.
Como principal, era una fija el magret de pato con terrina de mandioca y salsa de vermut rosso casero, que salió impecable en su punto de cocción, bien jugoso. Es un plato muy adecuado al estilo del restaurante, y lo recomendamos.
El lomo con membrillo. queso feta y papines al tomillo fue la otra opción elegida, que salió también en su punto pedido.
Para otra cena fresquita, nos quedó pendiente la sopa de cebollas con focaccia y brandy evaporado. Y, entre los principales, los fagotini de conejo con crema de hinojo y espumante rosé, y el salmón envuelto en papel de arroz con crema de espinaca, chauchas, zanahorias asadas y sabayón de tahini.
La carta es corta, pero contiene las opciones necesarias para satisfacer todos los gustos de los comensales. Y el tamaño es importante, se aclara esto porque en los restaurantes con este tipo de propuesta, suelen prevalecer los platos poco exuberantes.
En materia de postres, hay tres opciones: flan de leche condensada con dulce de leche y crema de naranjas; volcán de pistachos y chocolate blanco con helado de mandarina: peras al champagne con mousse de mascarpone y crumble de quinua (este último fue el que probamos).
La atención resultó muy correcta y discreta, al tiempo que la carta de vinos cuenta con etiquetas de bodegas tradicionales y otras menos conocidas. Tanto al llegar como al terminar la comida, sugerimos pedir alguno de los cócteles del bar de la planta baja, sobre todo los más elaborados y con la impronta personal de los bartenders. Quien desee hacerlo al final, también puede hacerlo en la planta baja.
La relación precio calidad es muy adecuada. Vale la pena vivir la experiencia de Anasagasti, con su triple propósito muy bien pensado y ejecutado.
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