Ya que los restaurantes que practican una cocina "sin animales" están destinados a una minoría de la población, el hecho de pasar de un menú omnívoro a otro limitado, conlleva un alto grado de desafío. Es lo que han hecho en Bushi, donde a partir de ahora ofrecen una propuesta exenta de "crueldad animal" que, empero, no les impide utilizar subproductos lácteos y huevos. Para decirlo de manera más directa y clara, el noodle bar especializado en ramen se convirtió en vegetariano.
Bushi Noodle Bar - Dirección: Bonpland 1201, Villa Crespo - WhatsApp: +54 911 2894 0769. Web: https://bushiresto.com.ar/ Horarios: martes de 19:30 a 00:00; miércoles a sábados de 13:00 a 16:00 y de 19:30 a 00:00. Reservas: https://www.instagram.com/bushiresto/
Sin embargo, no podemos negar que hay una tendencia hacia el consumo de menor cantidad de proteínas animales (o directamente omitirlas en la dieta). Cada uno puede comer lo que quiera, siempre y cuando su decisión no perjudique a terceros.
Croquetas de papa.
En el ámbito de los restaurantes porteños, ha habido casos curiosos, como por ejemplo Sacro, que pasó de ser vegano a ofrecer pescados en su menú. Hay otros lugares que permanecen con su propuesta vegana, como es el caso de Mudrá.
El caso de Bushi es, a partir de ahora, bastante particular. Sus dueños son Bruno D'Andrea, que practica una dieta "sin animales", y Francisco Suárez el chef del restaurante, que es omnívoro. No obstante, ambos comparten esa filosofía que aboga por el "respeto por la vida animal", por lo que han decidido a partir de septiembre sacar de la carta todos los platos que se elaboraban con carnes.
Sí, en cambio, han decidido dejar los subproductos lácteos y los huevos, algo que en todo caso demuestra que su cambio es radical, pero que está exento de fanatismos ideológicos como suelen ser los de los veganos más radicalizados, que no aceptan que los demás coman lo que quieran.
La decisión no deja de ser audaz, y habrá que ver cómo reacciona el público ante esta nueva modalidad. Va de suyo que ambos propietarios conocen el perfil de sus clientes, por lo cual seguramente les irá bien con esta decisión que seguramente han meditado durante bastante tiempo, antes de decidirse a llevarla a cabo.
La visita a Bushi, tuvo esta vez el aditamento de la incertidumbre y la sorpresa de lo que íbamos a comer. Nadie espoileó cuáles eran los cambios en la carta, aunque para nuestro paladar lo que más llamó la atención fue un tipo de sabor menos intenso que el que les conocíamos.
Los dumplings, una especialidad de la casa, ahora se presentan en cuatro versiones: verdes (masa de espinaca, hongos, repollo, cinco especias, chilli oil y verdeo blanco); blancos, de soja texturizada, ajo, jengibre, chilli oil y verdeo): violetas con masa de remolacha, relleno de arvejas, ajo, jengibre y hoisin); naranjas con masa de zanahoria, con choclo, ajo, cebolla, morrón, akusay, gochujang, chilli oil y verdeo).
"Palos Verdes" (chauchas).
Otras opciones de "Platitos" son los baos de sésamo negro, hongos crispy, mayo nira, lechuga, pickles, cebolla blanca, chips y ajo negro; o "Palos Verdes", una interesante preparación de chauchas, sichuan, morrón en brunoise, chulpi, queso crema y cracker de morrón.
Probamos también "karokke", croquetas de papas, miso, moscato hoisin, sardo, mayo lima y sal de hierbas. También roti canai (pan a la plancha, shiitakes, pickles de pepino, mayo, levadura, pomelo, verdeo, cilantro y menta. Como se advierte, los platos denotan mucha creatividad que siempre para un chef representan mayor trabajo de elaboración en la búsqueda de nuevos sabores.
"Un curry japonés".
Otra especialidad de la casa es el ramen. En el nuevo menú, ofrecen "La nueva ola" o Shoyu Ramen, con chintan, soja, fideos frescos, melena charsiu, huevo, chilli oil, puerros confit y verdeo); "El del otro lado", presentado como kimchi ramen picante, con paitan, miso, gochujang, fideos frescos, gírgolas, akusay, huevo, morrón fermentado, gomasio negro y ciboulette; "El de la casa" o miso ramen, con paitan, fideos frescos, portobellos, miso, pack choi, edamames, huevo, aceite de ajo y verdeo.
Completan el menú "Un curry japonés" con melena crispy, curry, arroz koshihikari, melaza y ciboulette; y "No somos ñoquis", o sea garaettok (especialidad coreana, con arroz aglio e olio, ragout de hongos, ricota, gochugaru, arvejas y perejil frito.
Se finaliza con dos postres, el clásico "Sanbushito" con helado de crema, caramelo inflado, obleas y chocolate; o la "Manzana Pop", con manzana asada, tempura, cinco especias, quinua pop, mascabo y crema montada de vainilla.
La carta de vinos va en la misma dirección, es decir con escasa intervención del enólogo, algo también bastante discutido; así como algunos cócteles clásicos.
Siempre celebramos que haya nuevas opciones destinadas a todo tipo de público y para que nadie quede afuera, como suele ocurrir con las minorías, en este caso los que no consumen proteínas animales.
Bruno D' Andrea y Francisco Suárez.
No deja de ser novedoso, en todo caso, este nuevo concepto que no habíamos visto en ningún otro restaurante, es decir la limitación a insumos que provengan de "crueldad animal", lo que no incluye subproductos lácteos y huevos. Parecerá discutible, pero es otra opción para quienes tienen otra visión de alimentarse distinta a la nuestra.
Hay platos que no solo se vuelven virales: se convierten en declaración. Y eso es exactamente lo que está pasando con el Osobuco del Rey, en la Casona de Belgrano.
Villegas Restó es un emprendimiento de raíces ganaderas, que redefine la experiencia de la carne en Puerto Madero desde 2009. ¿Por qué decimos esto?: simplemente porque estamos en presencia de una parrilla que ofrece precios accesibles, sin desmedro de la calidad. Hoy, en medio de las dificultades que tiene la gente para salir a comer afuera, se busca precio y el público local está cada vez menos dispuesto a pagar $ 100.000 por un bife. Lo de Villegas es más meritorio aún, porque está ubicado en el barrio más costoso de la ciudad.
Un restaurante que combina sabores de temporada, atención impecable y una propuesta elegante y natural, donde cada plato se siente pensado para disfrutarse sin artificios.