Es indiscutible que al vino lo han hecho difícil, complicado, inentendible para el común de los consumidores. Estamos hartos del verso, la charlatanería, de los que venden humo, de la biodinamia y de los descriptores que solo aparecen en la imaginación de los sommeliers. La culpa de la caída en el consumo de vino, la tenemos todos: periodistas, enólogos, ingenieros agrónomos, vinotequeros y, sobre todo los sommeliers. Por eso uno trata de leer poco, salvo que aparezca un señor llamado Marcelo Sola, echando luz cuando todo está en tinieblas.
Recuerdo una anécdota ocurrida hace muchos años, cuando uno empezaba a desandar el camino del periodismo enogastronómico. Una presentación del Malbec de Ricardo Santos, deparó una pregunta de Miguel Brascó: "¿este vino tiene sangría?". Y Don Ricardo, que supo tener amistad con Brascó, pero que por entonces estaban algo distanciados, respondió: "qué te importa si tiene sangría o no, ¿te gusta no te gusta mi vino?".
El verso y la guitarreada no son nuevos en el mundo del vino. Claro que, con el paso de los años, la cosa se ha exacerbado y tanta mentira también ha sido causante de la caída del consumo de esta noble bebida, además de los vaivenes económicos de este país.
Las redes sociales también hicieron lo suyo. Uno tiene que leer tanta pavada que, a veces, dan ganas de tirar el celular por la ventana o romper la PC o la notebook. Pero, afortunadamente, no todo está perdido en la viña del señor.
No conozco a Marcelo Sola, más que por sus atinadas y enriquecedoras publicaciones en Facebook e Instagram (sobre todo en la primera). Su perfil dice que es ingeniero químico, sommelier y técnico en perfumería. Y que define sus opiniones como "un punto de vista original sobre el vino, basado en ciencia sin charlatanería".
No solo eso, para enriquecer aún más sus posteos, quienes habitualmente lo siguen y comparten ideas, son nada menos que personas a las que uno valora por su seriedad y riqueza conceptual.
Por ejemplo, un prócer de la enología argentina como Ángel Antonio Mendoza; conocedores como nuestro colega Diego Bigongiari; o Adrián Vilaplana y Juan Prota, entre otros.
Frente a tanta charlatanería; intereses comprados; precios incomprensibles; menciones al esoterismo de Rudolf Steiner y la agricultura de los cuernos de vacas y las piedras de las minas de Wanda; vinos al borde del defecto o definitivamente defectuosos; soberbios que pontifican cuando nadie se los pide y se mandan gárgaras en una reunión social, resulta gratificante que haya gente a la que uno pueda leer y aprender de ellos.
Las definiciones de Marcelo Sola, denotan un profundo conocimiento técnico, a la vez que complementa sus opiniones con referencias científicas, que lo que hacen es tirar por la borda tanta frivolidad.
Por lo tanto, recomendamos seguir a Marcelo en sus cuentas de Facebook e Instagram (@sola.marcelo). Y quien pueda, también participar de sus clases y catas. Nosotros lo hacemos, y seguimos aprendiendo de los que saben y no están contaminados por tanta estupidez.
Llegamos a Olé Bar en una de nuestras noches limeñas, con una idea clara del lugar y de lo que íbamos a encontrar. Fuimos de la mano de nuestro gran amigo Pepe Moquillaza, referente indiscutido del pisco en el Perú y profundo conocedor de la historia de la coctelería local, quien nos señaló este bar como una parada obligada.
Alvear Grill estrenó su barra de cócteles, un nuevo punto de encuentro para huéspedes y el público local. Llegar, elegir tu trago favorito y dejar que la noche comience de a poco, mejor aún si continuás con la cena en el restaurante.
Como cada verano vuelve Spalter, el ícono de Manush, la cervecería artesanal más emblemática de la Patagonia. Esta lager checa, regresa para la temporada estival 2026 con una nueva versión limitada, renovada, pero fiel a la esencia que la convirtió en inolvidable.