Editorial

Día del Periodista- Junto a la Gastronomía

Lunes, 7 de junio de 2021

El 25 de mayo de 1938, en Córdoba, durante el Primer Congreso de Periodistas, se fijó al 7 de junio como fecha celebratoria de nuestra profesión, conocida como el Cuarto Poder. A la sazón, el único que no puede ser sometido a sus caprichos y arbitrios por el Ejecutivo de turno. En una situación crítica como la que estamos viviendo, vale la pena reflexionar sobre nuestro trabajo en un rubro considerado poco relevante como la gastronomía.

El 7 de junio de 1810, con solo 500 ejemplares, Mariano Moreno -el primer periodista argentino- publicaba la edición inaugural de "La Gazeta de Buenos Aires" (así, con "z").

En reconocimiento al prócer y su legado, el Primer Congreso de Periodistas realizado en Córdoba el 25 de mayo de 1938, decidió instaurar esa fecha para reconocer la labor que realiza el periodismo en la Argentina.

En nuestro caso particular, es el primer año en el que no tenemos a ese gran maestro que nos honró con su amistad: Horacio de Dios. Fue una de las grandes pérdidas que nos dejó ese nefasto 2020.

Después de transitar el periodismo deportivo, el político en "La Vanguardia", la crítica de cine y el agropecuario, finalmente aterrizamos en otra rama que nos apasiona: la gastronomía. Y hace diez años, Fondo de Olla (c) se transformó en el primer medio propio, un espacio donde decir lo que nos viene en gana y opinar sin compromisos de ningún tipo.

Es un rubro del periodismo considerado menor, aunque si nos desprendemos de ese eufemismo llamado "buena vida" y nos vinculamos con la alimentación, la producción y, en síntesis, con el ciclo completo que va del campo a la mesa, nos encontraremos con una actividad que bien vale la pena transitar desde un lugar de mayor responsabilidad.

En tiempos como los que corren, con índices de pobreza obscenos e indignos para un país que posee recursos naturales tan ricos y variados como los de la Argentina, cuesta referirnos a lugares exclusivos, a comida abundante, a los mejores vinos, a los productos más costosos, mientras alrededor hay gente que no tiene qué comer.

Por eso mismo, tenemos un conflicto moral como periodistas. Pero no todos lo entienden así. La grieta ha hecho estragos en nuestra profesión. Y también la frivolidad y la idiotez. 

Tenemos la obligación moral de enfocar nuestra visión de la prensa gastronómica desde un punto de vista más amplio. Hoy estamos obligados a defender a los miles de trabajadores que han perdido su trabajo o que, en el mejor de los casos, lo ven peligrar. También a los empresarios gastronómicos que generan miles de fuentes de empleo, que hoy no saben cómo pagar los sueldos, cumplir con los proveedores y hacerse cargo de la voracidad fiscal del Estado.

A poco de analizar lo que está pasando con el periodismo gastronómico hoy, nos encontramos con una sorprendente falta de empatía para con el sector que nos da letra (y también de comer y de beber).

Es incomprensible, pero la mayor parte de nuestros colegas lleva consigo las banderas de populismo seudoprogresista. Por ende, les parecen bien las restricciones; la falta de apoyo a los gastronómicos; omiten la inflación que pone fuera del alcance de la gente inclusive los alimentos de primera necesidad; avalan la suspensión de las exportaciones de carne; hacen caso omiso de la corrupción y se olvidan de las promesas de campaña, como aquella de que iban a llenarnos la parrilla de carne.

El periodismo gastronómico actual es mediocre, frívolo, no tiene empatía con los que sufren y solo se dedica a opinar sobre lo "fantástico", lo "imperdible" y lo "maravilloso".

Detrás de la mesa digna de reyes con la que a veces nos agasajan, hay productores que invierten en un país sin reglas de juego claras, mucho menos racionales; empresas que le agregan valor a esa producción primaria; cocineros que sin vocación nunca podrían quemarse casi con gusto las manos en un trabajo tan duro; empresarios que generan mano de obra y que soportan como pueden la pandemia y la inflación; pero sobre todo miles de trabajadores (que, al fin de cuentas, cada uno en lo suyo, lo somos todos).

En este Día del Periodista, hagamos una fuerte autocrítica, pongámonos del lado de los que sufren y no de los que se aumentan el sueldo un 40%; de los que trabajan y no de los que roban; seamos empáticos; no tengamos miedo de decir lo que otros callan; cumplamos cabalmente con la misión que nos cabe como comunicadores.

Convirtamos a la gastronomía en una rama del periodismo tan importante como otras. Un compromiso moral que hay que asumir, dejando de lado partidismos estúpidos y creernos progresistas cuando, al mismo tiempo, estamos todo el tiempo sacándonos selfies alojados en un hotel 7 estrellas, comiendo caviar y bebiendo una botella de Cristal.

Al fin y el cabo, como siempre decía la recordada colega Fanny Polimeni, a los periodistas gastronómicos nos invitan a los lugares más costosos y después volvemos a casa en colectivo (y ahora si no somos esenciales, directamente no vamos porque no podemos pagarnos un taxi). Solo pedimos compromiso con el periodismo del que tanto alardeamos, pero no siempre respetamos.  

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