Ardiente City Bell

Que no se apague el fuego

Viernes, 9 de noviembre de 2018

"...Volver a empezar; Que no se apague el fuego; Queda mucho por andar; Y que mañana será un día nuevo bajo el sol...". Así dice la canción de Alejandro Lerner, que bien podría transformarse en una expresión de deseos respecto al Restaurante Los Fuegos, de City Bell.

Los Fuegos- Calle 471 Nº 236 City Bell- Teléfono: 0221-480 0727. Abierto de lunes a sábados noche, domingos al mediodía. Principales tarjetas.

Tipo de Cocina: De Autor

Lugar: City Bell

Precios: $$$$

Y volvimos a City Bell para repetir la experiencia en Los Fuegos. Cuestiones que no entienden los que no son capaces de recorrer 50 kilómetros solo para ir a disfrutar de una buena experiencia gastronómica.

En esta localidad de casas bajas, tranquilidad pueblerina y espíritu hospitalario, la gastronomía ha ido tomando un relieve impensado hace algunos años. Si la vecina capital bonaerense se asocia con la cerveza y la comida rápida, está claro que basta recorrer un corto camino para encontrar en City Bell un polo gastronómico alejado de las ferias mediáticas y la cocina de escaso vuelo que lamentablemente abundan.

Ésta es tierra de chefs reconocidos que pretenden (y lo logran) brindar una propuesta diferente, basada en primer lugar en los insumos locales, sobre todo aquellos productos que llegan desde el cercano cinturón verde de La Plata. Y como si esto fuera poco, poseen huerta propia.

Uno de estos cocineros es Cristian Iglesias Lamadrid, que volvió al país luego de varias experiencias en Cataluña (Girona, sobre todo) y también en Noma, Copenhague.

Lo respalda un equipo comandado por Julián Ríos, el jefe de cocina, reproduce las preparaciones que abrevan tanto en la elegancia francesa como en el modernismo catalán, y que tiene en la materia prima el toque local. A esta altura, la brigada toma vuelo propio y Cristian seguirá vinculado como coach.

Basta echar un vistazo a la carta para comprender el estilo que se ha buscado. Por un lado un clásico steak tartar con papa bouchon y brioche; por el otro una ensalada cap i pota catalana de alcauciles (un ícono de las quintas platenses) y langostinos; y finalmente la molleja a la chapa con espuma de maíz y chimichurri de espíritu bien argentino. La creatividad es la cuarta expresión de la carta.

Otros dos platos de las entradas, reflejan la misma tendencia: consomé doble con chauchas, anco, escama de repollitos, zanahoria y zucchini (el producto local), y el magnum de parfait con dados de manzana, queso feta, gajos de naranja y gel de whisky.

Ya entre los principales hay un clásico, que es el cochinillo ahora presentado con membrillos, agar y gel de mandarinas, y helado de manzana. Una justa manera de casar la acidez con el dulzor que se complementan a la perfección.

Por el lado de las carnes, hay crud de hierbas y setas; y ojo de bife con parmentier de eucaliptus con huevo apanado, gratín de papas, cebolla morada y coulis de salvia.

Más mediterráneos son el meloso de remolacha en texturas; el risotto con setas a la provenzal y queso azul; o los fagottini de panceta con salsa de Martini y croutons.

Y no falta el cordero en dos cocciones, topinambur, tarteleta de brie y setas, y mousseline de salmón.

Los postres van más en dirección a lo francés, como la delicada tarte tatin, la Ópera y la creème brûlée de vainilla.

Para completar la propuesta, hay que hablar de la ambientación, intimista, de luces tenues y cocina a la vista, y del servicio que en todo momento se mostró eficiente y discreto.

Solo queda por agregar que valió la pena el viaje, con creces.

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