Intolerantes a la crítica Lunes, 24 de agosto de 2026En Fondo de Olla © nos identificamos con muy pocos medios vinculados con la gastronomía y el vino; ya que lo que más abunda son los colegas que abusan del elogio y la adjetivación exagerada. Pero siempre hay excepciones que confirman la regla: una de ellas corresponde a nuestro colega Federico Lancia, quien en sus columnas del sitio MDZ Online suele regalarnos críticas sobre el vino y el desarrollo de nuestra actividad periodística.
En este caso, Fede Lancia reflexiona sobre nuestra actividad periodística vinculada con la enograstronomía, y la falta de voces que expresen la realidad y no un cúmulo de súper elogios muchas veces sostenidos por intereses espurios.
Dice al respecto en el artículo publicado en MDZ Online, con el título "Puntos y Estrellas: la intolerancia a la crítica en el mundo del vino y la gastronomía" que "hay un fenómeno curioso y cada vez más agudo en los universos de la gastronomía y el vino: la defensa a ultranza de la susceptibilidad. Hoy, emitir un juicio técnico, calificar con 90 y pico de puntos una etiqueta o retacear estrellas en una reseña gastronómica, se ha vuelto un deporte de riesgo".
Y agrega que "la crítica especializada, esa que históricamente funcionó como brújula, curaduría y estímulo para la mejora continua, parece incomodar en una época donde el aplauso unánime es el único estándar aceptado".
Esto es tan cierto como que Fondo de Olla © nació en 2010 ante la necesidad de expresar lo que otros callaban, o directamente calificaban cualquier cosa con adjetivos como "maravilloso" o "imperdible". Pasaron ya 16 años y logramos mantener la independencia de criterio y ser libres de decir lo que pensamos, duela a quien le doliere nuestra crítica siempre fundamentada.
Esto nos ha costado "crear enemigos", ser discriminados, borrados de las listas de invitados (como nos pasó alguna vez con una empresa de café en el desaparecido Restaurante Tegui); de quedarnos con la valija herrumbrada en algún placard, mientras otros viajan placenteramente a las galas de entregas de premios y estrellas, a bodegas y a visitar restaurantes de 3 Estrellas Michelin.
No importa, porque la verdad es más importante que estas prebendas que avergüenzan nuestra dignidad y atentan contra la libertad de expresión.
El colega señala que "el malestar no es casual. Vivimos tiempos de intolerancia a la discrepancia, exacerbados por un ecosistema digital que transformó el escenario público".
Fede Lancia recuerda la advertencia del gran semiólogo italiano Umberto Eco, quien dijo que "Internet elevó al ‘tonto del pueblo' a la categoría de portador de la verdad. En este ecosistema, la descalificación instantánea a un crítico de vinos o a un periodista gastronómico, se disfraza de ‘democratización', cuando en realidad muchas veces es solo la incapacidad de procesar un criterio que desafíe el gusto propio o el interés comercial".
"Sin embargo -continúa diciendo Lancia-, frente al griterío algorítmico y la falsa alarma sobre el poder absoluto de las redes, vale la pena recordar las lecciones de la sociología de la comunicación. La teoría de los efectos limitados, propuesta en la década de 1940 por Paul Lazarsfeld, demostró que los medios masivos -y por extensión hoy las plataformas digitales-, no tienen un poder inagotable para cambiar de manera directa la mente o la conducta de la gente".
Porque Lazarsfeld comprobó que "el público no es una masa pasiva e indefensa, sino que filtra los mensajes a través de sus propios valores, su pertenencia a grupos sociales y la mediación de sus líderes de opinión
¿Qué significa esto para el debate actual? Que ni el peor agravio en X (ex Twitter) destruye la trayectoria de un gran enólogo, ni un puntaje perfecto garantiza por sí solo una verdad absoluta".
Y agrega que "la audiencia sigue filtrando, discutiendo y apoyándose en referentes de confianza. El problema no es que la gente opine -bienvenida sea la pluralidad-, sino la exigencia de que el periodismo especializado se subordine al humor del algoritmo y al dogma del elogio perpetuo".
El cierre de la nota resulta lapidario: "Cuando la crítica se repliega por miedo a la cancelación o al boicot comercial, pierde la industria y pierde el consumidor. Los puntos y las estrellas no son medallas de participación; son herramientas de análisis. Reivindicar el disenso, la fundamentación técnica y la independencia de criterio es, hoy más que nunca, un acto de supervivencia para el periodismo que respeta a su lector".
Claro, según nuestra experiencia, son pocos los que aceptan una crítica, por más leve que sea. Hay mucho ego, envidia, mediocridad, tanto en los personajes sobre los que solemos opinar como en nuestros propios colegas, por lo que cada día nuestro trabajo se vuelve más ingrato y menos reconocido.
Y encima, éramos pocos y parió mi abuela. Llegaron los influencers, sanateros que hacen periodismo solamente con un teléfono en la mano y cero conocimientos de lo que opinan.
Seguiremos adelante, pese a todo y aunque seamos muy pocos.
En Fondo de Olla © nos identificamos con muy pocos medios vinculados con la gastronomía y el vino; ya que lo que más abunda son los colegas que abusan del elogio y la adjetivación exagerada. Pero siempre hay excepciones que confirman la regla: una de ellas corresponde a nuestro colega Federico Lancia, quien en sus columnas del sitio MDZ Online suele regalarnos críticas sobre el vino y el desarrollo de nuestra actividad periodística.
En este caso, Fede Lancia reflexiona sobre nuestra actividad periodística vinculada con la enograstronomía, y la falta de voces que expresen la realidad y no un cúmulo de súper elogios muchas veces sostenidos por intereses espurios.
Dice al respecto en el artículo publicado en MDZ Online, con el título "Puntos y Estrellas: la intolerancia a la crítica en el mundo del vino y la gastronomía" que "hay un fenómeno curioso y cada vez más agudo en los universos de la gastronomía y el vino: la defensa a ultranza de la susceptibilidad. Hoy, emitir un juicio técnico, calificar con 90 y pico de puntos una etiqueta o retacear estrellas en una reseña gastronómica, se ha vuelto un deporte de riesgo".
Y agrega que "la crítica especializada, esa que históricamente funcionó como brújula, curaduría y estímulo para la mejora continua, parece incomodar en una época donde el aplauso unánime es el único estándar aceptado".
Esto es tan cierto como que Fondo de Olla © nació en 2010 ante la necesidad de expresar lo que otros callaban, o directamente calificaban cualquier cosa con adjetivos como "maravilloso" o "imperdible". Pasaron ya 16 años y logramos mantener la independencia de criterio y ser libres de decir lo que pensamos, duela a quien le doliere nuestra crítica siempre fundamentada.
Esto nos ha costado "crear enemigos", ser discriminados, borrados de las listas de invitados (como nos pasó alguna vez con una empresa de café en el desaparecido Restaurante Tegui); de quedarnos con la valija herrumbrada en algún placard, mientras otros viajan placenteramente a las galas de entregas de premios y estrellas, a bodegas y a visitar restaurantes de 3 Estrellas Michelin.
No importa, porque la verdad es más importante que estas prebendas que avergüenzan nuestra dignidad y atentan contra la libertad de expresión.
El colega señala que "el malestar no es casual. Vivimos tiempos de intolerancia a la discrepancia, exacerbados por un ecosistema digital que transformó el escenario público".
Fede Lancia recuerda la advertencia del gran semiólogo italiano Umberto Eco, quien dijo que "Internet elevó al ‘tonto del pueblo' a la categoría de portador de la verdad. En este ecosistema, la descalificación instantánea a un crítico de vinos o a un periodista gastronómico, se disfraza de ‘democratización', cuando en realidad muchas veces es solo la incapacidad de procesar un criterio que desafíe el gusto propio o el interés comercial".
"Sin embargo -continúa diciendo Lancia-, frente al griterío algorítmico y la falsa alarma sobre el poder absoluto de las redes, vale la pena recordar las lecciones de la sociología de la comunicación. La teoría de los efectos limitados, propuesta en la década de 1940 por Paul Lazarsfeld, demostró que los medios masivos -y por extensión hoy las plataformas digitales-, no tienen un poder inagotable para cambiar de manera directa la mente o la conducta de la gente".
Porque Lazarsfeld comprobó que "el público no es una masa pasiva e indefensa, sino que filtra los mensajes a través de sus propios valores, su pertenencia a grupos sociales y la mediación de sus líderes de opinión
¿Qué significa esto para el debate actual? Que ni el peor agravio en X (ex Twitter) destruye la trayectoria de un gran enólogo, ni un puntaje perfecto garantiza por sí solo una verdad absoluta".
Y agrega que "la audiencia sigue filtrando, discutiendo y apoyándose en referentes de confianza. El problema no es que la gente opine -bienvenida sea la pluralidad-, sino la exigencia de que el periodismo especializado se subordine al humor del algoritmo y al dogma del elogio perpetuo".
El cierre de la nota resulta lapidario: "Cuando la crítica se repliega por miedo a la cancelación o al boicot comercial, pierde la industria y pierde el consumidor. Los puntos y las estrellas no son medallas de participación; son herramientas de análisis. Reivindicar el disenso, la fundamentación técnica y la independencia de criterio es, hoy más que nunca, un acto de supervivencia para el periodismo que respeta a su lector".
Claro, según nuestra experiencia, son pocos los que aceptan una crítica, por más leve que sea. Hay mucho ego, envidia, mediocridad, tanto en los personajes sobre los que solemos opinar como en nuestros propios colegas, por lo que cada día nuestro trabajo se vuelve más ingrato y menos reconocido.
Y encima, éramos pocos y parió mi abuela. Llegaron los influencers, sanateros que hacen periodismo solamente con un teléfono en la mano y cero conocimientos de lo que opinan.
Seguiremos adelante, pese a todo y aunque seamos muy pocos.


