Primero la comida y después el trabajo

La Cocina del Comisario Montalbano

Jueves, 5 de julio de 2018

El escritor italiano Andrea Camilleri creó su personaje del Comisario Montalbano basándose en las novelas del español Manuel Vázquez Montalbán, el creador de Pepe Carvalho. Ambos se regodean con la comida y nosotros los envidiamos.

Porto Empedocle es un pequeño pueblo costero siciliano de la provincia de Agrigento. Se recuesta sobre la parte sur de la isla. Como curiosidad, el pueblo cambió de nombre tres veces. Empezó siendo Molo di Girgenti pero en 1863 pasó a ser Empédocles en honor del filósofo griego nacido en Agrigento. En el año 2003 volvió a cambiar agregándosele Vigata.

Vigata es asimismo una ciudad costera de la provincia de Montelusa. En Vigata hay un balneario llamado Marinella en la cual se destaca una bonita casa junto al mar, casa que sería inhabitable debido al desorden infinito de su arrendatario, sino fuera por la ayuda de la señora Adelina Cirrinciò famosa por su hosquedad y por tener un hijo delincuente que es continuamente arrestado por el dueño de la casa de la playa donde ella trabaja.

Hay que decir que la señora Adelina tiene entre sus atributos ser una de las mejores cocineras de la región, dejándole toda las noches al arrendatario alguna especialidad siciliana -sobre todo la pasta 'ncasciata- para que el solitario hombre cene en paz. Durante los mediodías en cambio, el arrendatario almuerza en el restaurante San Calogero, famoso por sus típicos platos de pescado, el producto favorito de nuestro comensal. Si todo esto llegara a fallar, en casa de nuestro héroe nunca falta passuluna (aceitunas negras) ni Caciocavallo.

La otra mujer en la vida de nuestro protagonista es su novia. Se llama Livia Burlando, y vive a mil quinientos kilómetros, en el barrio de Boccadasse, Genova. Las dos mujeres no se soportan.

Salvo que sepan exactamente de qué estoy hablando -en cuyo caso estarán asomando una sonrisa en su cara- después de los párrafos anteriores tengo confianza en haberlos sumido, lectores, en un profundo desconcierto.

El primer párrafo es estrictamente honesto: Porto Empedocle existe, está ubicado en la costa sur de Sicilia y cambió su nombre tres veces.

El segundo párrafo también es cierto, pero su bonita certidumbre pertenece al terreno de la fantasía. Vigata no existe salvo en la frondosa imaginación del escritor Andrea Camilleri. Y ese mundo paralelo en el que nos sumerge como lectores, es el universo de Salvo Montalbano, comisario de policía de Vigata, nacido en Catania, Sicilia, el 6 de septiembre de 1950 y de título abogado.

Montalbano es un policía sui generis en el sentido en que su metodología es un balance entre los hechos y las intuiciones. Prefiere conducir sus investigaciones en solitario y aunque tiene colaboradores, estos huyen los días en que el comisario se levanta de mal humor, en general como consecuencia de que el comisario es meteopático y sufre con el mal tiempo.

¿Por qué escribo sobre el comisario Montalbano? Porque leer las novelas de Camilleri es nada más y nada menos que un viaje por la cocina siciliana. Camilleri, usando a Montalbano como voz, describe con pasión los platos de su amada región. La señora Adelina siempre le deja para cenar al inspector sardinas a la siciliana, caponata de melanzane, falsomagro, pasta con anchoas, arancini y toda una variedad de platos regionales.

Enzo, el propietario de la trattoria, le vocea el menú del día y es raro que Montalbano no pruebe unos spaghetti marinara, pesce spada al forno, bogavante o pasta alla Norma. Y de postre nunca falta un buccellato. Y si bien su compromiso ético con la justicia es absoluto, el mismo Montalbano dice a menudo que es capaz de asesinar por un plato de triglie fritte (trillas fritas).

Los platos mencionados en las novelas parecen nunca terminar: caballas en escabeche, risotto con tinta de calamar, merluza con salsa de anchoas, bonito con salsa agridulce, pastel de trillas, entremeses marineros (almejas, mejillones, calamares, camarones, pulpo) cocinados cada uno por su lado y aliñados con limón, aceite, aceitunas negras y sal, pasta aglio e olio o con broccoli, ragú de carne, berenjenas fritas, pecorino con huevo duro y albahaca, avatuna con olio, pepe nero e cacio pecorino, Petrafèrnula, Sauro imperiale con la cipollata, panelle, tinnirume, y otro plato especial del comisario: la simple y pobre pappanozza cuya receta dejamos a continuación:

Pappanozza

3 papas

3 cebollas

3 cucharadas de vinagre

3 cucharadas de aceite

1 cucharadita de sal

Hervir las cebollas con las papas hasta que se deshagan. Colar. Pisar con tenedor de estaño. Comer con pan.

En suma, hay lectura y lecturas y las de Camilleri nos abren el apetito conduciéndonos por los áridos paisajes sicilianos. Es lectura obligada para todos los amantes de Italia, futuros viajeros, enamorados de la comida y del buen vivir, como el mítico y no por eso menos real, inspector Salvo Montalbano.

Nota de la Redacción: además de las novelas, las series "El Comisario Montalbano" y "El Joven Montalbano" se pueden ver en el Canal Europa Europa los domingos a las 11 y a las 18, respectivamente. Como solo se filman cuatro capítulos unitarios por año, se ve cómo el paso del tiempo hace mella en el físico de los protagonistas. Sobre todo en el caso del comisario más viejo, al que se le nota el paso del tiempo. Y otra cosa: no intenten comprender cuando los protagonistas hablan en dialecto. Los apellidos siempre se apocopan (así Montalbano es Montalbá, y Catarella, el atolondrado telefonista de la comisaría es Cataré)

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