Festival Provincial del Chef Patagónico en Villa Pehuenia

Pinta tu aldea y te comerás el mundo

Jueves, 3 de mayo de 2018

Apelando a la frase que se le atribuye a León Tolstoi ("pinta tu aldea y pintarás el mundo") le cambiamos el sentido y lo derivamos hacia la comida (y a la bebida por añadidura). Eso quedó demostrado en Villa Pehuenia.

Donde conviven el pehuén y la araucaria. Que son la misma cosa, una palabra en lengua mapuche, la otra el nombre en castellano de una conífera que cuenta con 19 especies en el género. Una de ellas es la Araucaria araucana, a la que también se le llama piñonero o pino de brazos.

Es nativa de la Argentina y Chile, solo desarrollada en una pequeña región a ambos lados de la cordillera. Es decir que se trata de un árbol endémico, que tiene una historia milenaria. Se sabe que sus semillas, los piñones, eran base de la alimentación de los pueblos originarios.

¿Qué tiene que ver toda esta introducción con el Festival Provincial del Chef Patagónico, llevado a cabo este último fin de semana en Villa Pehuenia? Mucho, porque el piñón de araucaria es el símbolo de esta localidad de apenas 2.500 habitantes, cifra que incluye a la vecina Moquehue, con la que comparte municipio.

La tranquilidad de esta hermosa aldea de montaña, ubicada a unos 300 kilómetros de la capital neuquina y a 120 de Zapala, se vio gratamente afectada por un Festival Gastronómico que ya lleva 14 ediciones en su haber.

Solo para demostrar con cifras la envergadura del evento, basta decir que en las dos primeras jornadas asistieron 4.000 personas cada día. Casi duplicando así a la población permanente de la villa. Y que a nivel de facturación, tomando el primer día (sábado 28 de abril) se logró alcanzar la misma cifra que en todas las jornadas del festival el año pasado.

La villa tiene menos de tres décadas de vida y hace pocos meses fue declarada por la Legislatura provincial como "Capital de la Gastronomía Neuquina". Va de suyo que el Festival es motivo más que suficiente y gravitante en esta designación.

Y uno no sale de su asombro al analizar cómo es posible que una población tan chiquita pueda organizar algo tan grande. Prevalencia de la calidad sobre la cantidad, sin dudas, aunque de aquella modesta exposición que cabía en el edificio de la biblioteca municipal, hoy se pasó a esta experiencia superlativa.

Hay que decir que el cronista ha estado en numerosas ferias aquí y en el exterior. Las vio lujosas, pretenciosas, exuberantes, extensas, apasionantes, provechosas, pero nada se compara con el Festival de Villa Pehuenia, que cautiva con su bagaje cultural, de armonía entre la población afincada allí y las comunidades mapuches (los "puel" y los "catalán"), de gente amable, donde no hay delincuencia y donde uno puede beber agua de la canilla porque es mejor que cualquier marca de las que vienen embotelladas.

El intendente Sandro Badilla, anfitrión de la muestra, recibió a numerosas autoridades, entre ellas al gobernador Omar Gutiérrez, que no hizo precisamente un "visita de médico", sino que compartió sendas jornadas con gran entusiasmo y participación.

Más allá de que el encuentro contó con la participación activa de la madrina, Dolli Irigoyen y del padrino, Christophe Krywonis (asimismo brindaron clases en el auditorio,) la novedad este año fue la presencia de cocineros que representaban a las cinco provincias patagónicas, algo difícil de lograr por cuestiones de logística y distancias, pero que finalmente se puedo plasmar en la realidad.

Y no sólo eso, ya que cada uno de ellos protagonizó una clase magistral en la que utilizaron productos que trajeron desde sus lugares de origen y en muchos casos, agregaron a las recetas el emblema de la localidad, el que le da nombre a la villa, el piñón de araucaria o pehuén.

A ellos, se sumó la presencia de los cocineros chilenos de la Agrupación Pucón Chef (no olvidemos que el límite fronterizo se halla a pocos kilómetros). De hecho, en nuestra visita al volcán Batea Mahuida y el centro de esquí (que administra la comunidad mapuche), divisábamos la pequeña población de Icalma. Pucón y Temuco (capital de la Araucanía) están a pocas horas de viaje.

Así desfilaron por el Festival los chefs Emmanuel Leiva y Ezequiel González ("La diversidad de los productos del Neuquén y técnicas modernas de cocina"; Luis Bernal ("La centolla fueguina"); Gustavo Rapretti ("Mariscos del Mar Argentino", algas y cocina con identidad"); Lalo Marchesi ("El mar rionegrino"); Mauricio Couly y el productor de quesos de oveja Eduardo Zurro (clase de cocina y elaboración); Guillermo Vergara ("Salmón del Chaltén") y el cierre a toda orquesta a cargo de Pablo Buzzo, quien acompañado de todos sus colegas, ofreció una clase sobre "Hongos, piñones y truchas de la zona".

Pero sin dudas que el centro neurálgico del Festival era el "círculo nada vicioso" en el cual se encendieron los fuegos (con sus respectivos asadores, curanto, cocción al piolín, disco de arado). Allí se ofrecían entre otras especialidades, pavita patagónica; cerdo braseado y adobado con azúcar mascabo, merken y cerveza negra (en ambos casos al piolín); pernil de novillito a la llama hidratado con licor de piñón. Todo esto servido en pan tibio de harina de trigo y de piñón, ñaco y leche de cabra.

Y más: 115 chivos de Chos Malal al asador; cazuela de pavita; chorizos de ciervos ahumado y asado con cuero de Los Radales, restaurante de Villa Pehuenia; curanto de pescados y mariscos a cargo del chef Lalo Marchesi y langostinos al fuego. También sándwich de cochinillo asado, con alioli de pera en pan de masa madre, y costillitas de cerdo con barbacoa de frambuesas y verduras al rescoldo. Sin olvidarnos del cerdo de 89 kilos traído por un productor de la localidad de Centenario.

En las carpas climatizadas, se hallaban disponibles distintas opciones: chorizo de cordero braseado en licor de piñón; barbacoa de frambuesas y vegetales encurtidos; arrollado de campo macerado en cerveza stout, untado con pasta de piñón, mostaza y ajos; strudel de cordero y hongos de pino; locro patagónico; cazuela de cordero; brochettes de cerdo con tomates secos, cebolla caramelizada y pimientos, entre otras.

En los food trucks se despachaban albóndigas de jabalí ahumado con barbacoa, sándwiches de ternera con queso ahumado, tomates confitados, y balsámico de frutos rojos, y huevos revueltos con hongos de pinos grillados.

En los stands los productos artesanales de la región, incluyendo los que se elaboran con piñones de araucaria (alfajores, pasta, licores y muchas variantes más). También cosas dulces, con mucha presencia de piñones y helados "de la montaña".

Y para beber, cervezas artesanales seleccionadas de Aluminé, Brava (Villa Pehuenia); Drumlin (Villa Pehuenia); La Moquehuina (Moquehue) y La Bruscas (Caviahue). Tragos de "Fullescabio", licuados de El Muelle, y bebidas sin alcohol, que se vendían a beneficio de establecimientos educativos del municipio.

La eficiente coordinación estuvo a cargo del chef local Sebastián Mazzuchelli, verdadero artífice de la organización. Y una sala de prensa con todo lo necesario, un lujo para trabajar gracias a la gestión de los responsables de la atención, Carlos Urquiza y Natalia Manavella

Para muestra basta un botón, dice el refrán. Aquí los lectores tienen un pantallazo del Festival, cuyos pormenores iremos desgranando en futuras notas. No se puede parar de comer en esta Villa Pehuenia que arde al compás de los asadores, el curanto, el disco de arado gigante y el piolín, así como de los chefs que pusieron todo el esfuerzo y sus ganas para dar cátedra de Cocina Patagónica.

Festivales hemos visto muchos. Como éste, realmente ninguno. 

Chos Malal aportó nada menos que 115 chivitos.

Un "chanchito" de 89 kilos llegó desde Centenario.

Gustavo Rapretti, desde Puerto Madryn, Chubut.

La centolla fueguina con el chef Luis Bernal.

Las mujeres, expertas en cuidar el fuego.

Dolli y Christophe, padrinos del Festival.

Sandro Badilla, intendente municipal (centro), visitando uno de los food trucks.

Omar Gutiérrez, gobernador de Neuquén.

Con Pablo Buzzo, neuquino, quien cerró las clases magistrales.

Natalia Manavella , Sebastián Mazzuchelli y Carlos Urquiza, los que no pararon un solo minuto.

Asado con cuero de Los Radales.

Delicias de la cocina neuquina.

Pablo Buzzo cerró las clases magistrales acompañado de todos sus colegas patagónicos.

Piñones de araucaria, ricos hasta en la sopa.

Todos los cocineros, todos.

Puchero de la cordillera para el fin de fiesta.


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