En caída libre

El consumo de vino por debajo de los 20 litros

Lunes, 12 de febrero de 2018

La caída del consumo per cápita de vinos por debajo de los 20 litros anuales, ha sido motivo de debate y muchas voces le echaron la culpa a un único factor: la sofisticación del vino. Otros creen que la solución es comenzar a difundir el consumo de vino con soda y otras variantes poco ortodoxas. La reflexión de Ricardo Santos, un hombre con amplia experiencia en el negocio es muy clarificadora.

La caída en las exportaciones de vino tiene una razón de costos, especialmente de transporte, pero el aumento de precios no lo aceptan los importadores cuando Europa está dando grandes beneficios, que incluyen también reducidos o ausentes costos fiscales.

En el mercado interno, hay gran cantidad de explicaciones por la tremenda caída en los últimos años, pero estoy convencido de cuál es la principal. A fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX, hubo gran cantidad de inmigrantes europeos que venían con sus costumbres alimentarias que quisieron perdurar en su nuevo país: las dos comidas principales del día se hacían con vino como parte de esa comida. También lo compartían sus hijos, aunque rebajado con agua o soda, y esos hijos siguieron con la costumbre en sus casas.

Algunos italianos y españoles, principalmente, trajeron sus propias cepas que plantaron para seguir con esa costumbre. Las nuevas inmigraciones vienen con costumbres alimentarias muy distintas, en las que el vino no es tenido en cuenta.

En los últimos años, se han hecho campañas para mejorar el consumo de vino en general: "con vino es vida", "La bebida de los pueblos fuertes", "Vino Argentino, Bebida Nacional".

No tengo información sobre los resultados positivos o negativos de esas costosas campañas, pero sospecho que no han servido para nada. Algo parecido ocurre con publicidad en revistas y diarios y por televisión; generalmente son avisos de las grandes bodegas que pretenden recordarles la marca a los consumidores.

También ha ayudado la prohibición de beber alcohol a menores de 18 años, que llegan a esa edad sin ninguna cultura alcohólica y se lanzan a beber bebidas de alto contenido de alcohol.

La decisión entre "me gusta" y "no me gusta" se hace luego de haber probado el producto y eso se consigue haciendo reuniones donde jóvenes mayores de 18 años tengan la posibilidad de probar tres tipos de vino distintos. Habrá muchos que estarán con el "no me gusta", pero a otros tantos les quedará la curiosidad de seguir probando.

Nota de la Redacción: este texto fue publicado como "Carta de lectores" en el diario Los Andes, de Mendoza. 

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