Por la vuelta de la sidra

Zedryc es una Lady

Lunes, 29 de enero de 2018

El bodeguero Francisco Pannocchia elabora una sidra premium que se suma a las escasas ofertas que tiene el mercado, fuera del circuito industrial. Una bebida bastardeada que, gracias al empuje de unos pocos productores va recuperando prestigio.

La sidra supo gozar de las preferencias de los consumidores mucho tiempo antes de que el champagne (hoy ya no puede llamárselo de esa manera) pasara de ser una bebida para el brindis de Navidad y Fin de Año y se transformara en habitué en las mesas argentinas.

Fue entonces que la sidra se transformó en una especie de pariente pobre, bastardeada, subestimada y mal vista. Quien bebiera sidra sería un mediocre bebedor. Y así lo piensan muchos todavía.

Por suerte las cosas están cambiando. Primero llegó Sagardi, el restaurante vasco que revolucionó la culinaria hispana al ser el único ciento por ciento regional entre tantas opciones españolas que nos brinda la ciudad. Ahí conocimos la sidra escanciada, sin carbónico agregado, que se sirve en pequeñas cantidades y desde la altura, para que al caer sobre la copa o el vaso se generen las burbujas.

A muchos les pareció demasiado ácida, pero a poco que uno iba acostumbrándose le tomaba el gustito. Por desgracia, durante el ostracismo de la "década ganada", nos cerramos al mundo y tan noble sidra vasca dejó de llegar a estas tierras.

Está claro que algunas de las grandes sidrerías locales, se vieron en la necesidad de elaborar un producto de mayor calidad que el tradicional. Así aparecieron en el mercado la 1888 -Saénz Briones- del Grupo CCU, y luego 1930, de Sidra del Valle. Más allá de la escasa originalidad en bautizar al producto (¿o acaso los nombres con años no confunden al consumidor, genios del marketing?), estos dos productos le dieron un toque de calidad al mediocre mercado de las sidras argentinas.

Mientras tanto, también prosperaba otro emprendimiento, en este caso una PyME, en Villa Regina, con la marca Pülku.

Desconocíamos que había en el mercado otro producto de alta calidad que vapuleó el mercado. Ahora sí dan ganas de tomar sidra. Quiso la casualidad que hace algunos meses, cuando estábamos viajando a Córdoba, que en medio de una cola larguísima en Aeroparque, de esas que provocan la necesidad de charlar con los vecinos, conociéramos a Francisco Pannocchia. Pasó un tiempo en el que conversábamos de bueyes perdidos, hasta que surgió lo imprevisto: el periodista estaba charlando con un bodeguero. ¿Casualidad o causalidad? 

Francisco es cuarta generación de bodegueros. Descendiente de Don Francisco Esteller, conocido como Don Quico, tonelero de oficio y oriundo de Valencia. En Mendoza, allá por 1925, Don Quico elaboró su propio vino: El Inmigrante.

Unos años después, en 1938, construye su primera bodega y en 1942, la segunda. Don Quico contaba con la ayuda de sus hijos, entre ellos Paco, quien sucede a su padre al frente del emprendimiento y logra renovar la bodega. Pero Paco fallece repentinamente dejando una herencia de bodegas que no pudo ser continuada por sus hijos. 

Francisco Pannocchia, nieto de Paco y cuarta generación de bodegueros, es quien hereda su pasión por el vino. Aquí ya se mezclaba lo español con lo italiano, como sucede con tantas familias argentinas.

Francisco se cría entre las viñas y la bodega, y luego de sus estudios trabaja varios años en la industria vitivinícola. Finalmente, en el año 2008, decide emprender su propio proyecto: Cuarto Surco. La empresa elabora sus vinos con las marcas Latente, Finca El Reparo y Pleno, y también un aceite de oliva (un blend que lleva el nombre y apellido del propietario).

Pero volvamos a la sidra, que es el más reciente emprendimiento. La idea nació en el año 2013, junto a Pablo Bicego, con quien Francisco había desarrollado otros proyectos. El primer paso fue lanzar al mercado Lady Premium y más tarde Zedryc, sobre la base de las características de las sidras españolas, secas y casi sin azúcar. 

Es una bebida con contenido de alcohol y menos azúcar que Lady. Para tener en cuenta, la sidra común tiene entre 3° y 4° grados de alcohol, Lady cuenta con 5° y Zedryc con 6,5°.

Volviendo al principio, cuando hablábamos de la sidra que antes se bebía con frecuencia y que luego se dejó de hacerlo por no haber un producto de calidad, tanto Zedric como Lady, apuntan precisamente a esos consumidores mayores de 50 años que añoran aquella época y aún a jóvenes que tengan ganas de probar nuevas experiencias.

Un gran desafío, por cuanto hay que superar esa mala imagen que injustamente tiene la sidra desde hace muchos años, debido a la mala calidad de lo que se venía ofreciendo hasta ahora. De hecho, la intención es fraccionar la sidra en barriles para llevarla a los locales donde se pueda ofrecerla tirada, ya sean restaurantes españoles como lugares con onda de cervecería.

Lady está elaborada 100% con manzanas rojas, mientras que Zedric posee también un porcentaje de manzana verde, lo cual le aporta mayor acidez. Ambos productos están a la venta en Buenos Aires, en lugares especializados en bebidas premium como Vinoteca Armesto, Amparo y Cavas del Pozo.

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