Editorial

Ni yuyo malo ni oro verde

Lunes, 30 de octubre de 2017

La soja ha sido en nuestro país una especie de ministro de Economía virtual. Por ella, se desató la segunda revolución agraria después del Grito de Alcorta. Y también por el "yuyo verde" hay una grieta tan profunda como la política que divide al país.

La soja, esa leguminosa acusada de todos los males y de la destrucción del suelo por unos, o bien de ser la panacea universal para otros, no es ni una cosa ni la otra. Apenas es un cultivo cuya siembra se ha exacerbado en nuestro país, de una forma casi irracional.

Basta observar que algo anda mal, cuando en la época veraniega nuestros paisajes rurales se transforman en un manto verde de norte a sur y de este a oeste, con ciertas limitaciones que imponen el clima y las condiciones del suelo (menos mal que ello ocurre).

En marzo de 2008, Resolución 125 mediante, con Martín Lousteau como ministro de Economía, y el supersecretario Guillermo Moreno decidiendo a capa y espada (más a espada en realidad) los destinos del comercio interior y exterior, se produjo un acontecimiento que quedará en los anales de la historia argentina.

Fue un segundo Grito de Alcorta, que sin embargo con el tiempo nos dejó esa ingrata sensación de que no era una pelea por la dignidad del productor sino por el dinero. Y dirigentes que antes se jactaban de que sus hijos los acompañaban a cortar rutas, después ensalzaban a la expresidenta luego de que ésta, ya viuda, obtuviera el 54% de los votos. Chuparle las medias, dicho en criollo.

La influencia de la soja en la política ha sido gravitante en los últimos años, sin dudas. Es que como fuente principal de ingresos a la economía del país, con un valor internacional por encima de los 600 dólares la tonelada (casi el doble que hoy), se transformó en ama y señora de los fértiles campos del territorio nacional (y de los menos fértiles también, cabe decir).

La soja es poco consumida localmente, por lo cual nunca hubo mayor problema en obtener los permisos de exportación. Y desde que aparecieron las semillas transgénicas (fue Felipe Solá como secretario de Agricultura quien autorizó el primer evento OGM) aumentaron los rindes y bajaron los costos, ya que la siembra y la cosecha demandan mucho menos mano de obra que otros cultivos. Negocio redondo, a costa del deterioro de los suelos.

A esta altura, los lectores se preguntarán por qué nos referimos a la soja en este sitio de gastronomía. Si pareciera que estamos volviendo a las fuentes, como cuando periodistas agropecuarios nos ocupábamos todo el tiempo del "yuyo malo" (por si alguien no lo recuerda fue Cristina la encargada de bautizar a la soja con este nombre, aunque éste le diera de comer a su gobierno con un precio internacional por las nubes y una renta extraordinaria a los productores).

En realidad, motiva esta nota un editorial publicado en el diario Clarín del último sábado, que merece nuestra atención por la exageración con la cuase evalúa al cultivo.

Dice el editorialista de Clarín Rural, que "mientras Brasil y los Estados Unidos siguen expandiendo la producción, combinando el aumento de la superficie y de los rendimientos, aquí estamos estancados". Y agrega que "es probable, casi seguro, que en la próxima campaña habrá un achique considerable: quizás unas tres millones de toneladas, fruto de una caída de la superficie de alrededor de un millón de hectáreas".

Poco le importa al editorialista que esta baja de la superficie destinada a la soja sea causa de un aumento del maíz y el trigo, algo que se debe a la eliminación de las retenciones a la exportación establecida por el actual gobierno a poco de asumir en diciembre de 2015. Lo plantea como un paso atrás, lo que no sorprende por cuanto en esas mismas páginas se presenta a la feed lot como la otra panacea universal, en este caso de la ganadería vacuna.

No seamos tan necios de negar la importancia de la biotecnología a la hora de optimizar la agricultura y generar alimentos para el planeta. Los subproductos de la soja son muy demandados, sobre todo desde China, aun cuando este país es el cuarto productor mundial después de Brasil, los Estados Unidos y la Argentina. Se la utiliza primordialmente como alimento para los animales. Y nosotros debemos aprovechar esa coyuntura.

La economía nacional toma aire cada vez que se hacen los números y se observa que la soja es el cultivo que genera más recursos genuinos. Pero tampoco podemos ser fundamentalistas al revés. Es bueno que baje la superficie sembrada con soja, si es que conlleva una mayor rotación de cultivos. Salvo que uno piense solo en los ingresos de los semilleros y las exportadoras, no podemos sino alegrarnos de que exista mayor equilibrio entre los principales cultivos de la agricultura extensiva.

La soja no es un "yuyo malo" ni el "oro verde". Unos la califican así por ignorancia; otros por intereses particulares y en cierta forma, espurios. En el medio está la verdad de la milanesa, la de soja en este caso.

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